El Valle de La Ripera con raquetas, una escapada diferente

Arrancamos el año con un original plan y calzados con raquetas de nieve. Es una escapada de aventura, apta para los más osados, y para los que buscan lugares desconocidos. Es un sensacional recorrido por el majestuoso valle oscense de La Ripera, donde la naturaleza se muestra salvaje, en su estado más puro y natural. Así que, nos ajustamos las raquetas de nieve, y ascendemos a un lugar especial, ¿Te las calzas? 

Irene González
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No existe un entorno más espectacular que el del valle de La Ripera, para afrontar de forma diferente la primera escapada del año. Este increíble paraje de Huesca, resulta el territorio ideal para estrenar el invierno, a más de 2.000 metros de altura, rodeados de naturaleza en estado puro. Es una escapada diferente, con un accesorio poco usual, las raquetas de nieve. Este complemento para caminar sobre la tierra nevada, que se acopla con facilidad a las botas, facilita es desplazamiento, con comodidad, y rapidez, sobre territorios nevados.

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Es un accesorio desconocido para la mayoría, pero muy práctico para realizar senderismo en invierno. Gracias a que el peso del caminante se distribuye sobre una superficie más grande, el pie no se hunde, y permite desplazarse con relativa facilidad. Así que, las raquetas de nieve piden a gritos, tras estas últimas nevadas, acompañar a tus pies. Facilitan agradables paseos por paisajes de baja y media montaña, que sin duda, ganan belleza cuando están nevados. 

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Son imprescindibles sobre todo en nieves frías, en polvo, y secas. Así que nos las calzamos para recorrer La Ripera y los Lagos de Panticosa, una increíble ruta donde recrearse de unos paisajes espléndidos. Es una escapada gratificante y diferente donde descubrir los ibones pirenaicos, esos desconocidos lagos de montaña de origen glaciar, que en muchos casos son el nacimiento de bastantes ríos. Sólo en el Pirineo Aragonés existen más de doscientos increíbles y desconocidos ibones, que en esta época del año están cubiertos de hielo y nieve.

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De ellos, en el área de La Ripera se esconden 70, donde los de Ordicuso, Arnales, Azules, Respumoso y Arriel, son un regalo de la naturaleza. La experiencia comienza en el aparcamiento de la estación de Panticosa, perfectamente señalizado, en dirección al valle de la Ripera. Así que solo hay que estar algo en forma, y calzarse las inusuales raquetas de nieve. El inicio es la parte mas sencilla de la ruta, porque la pista asciende sin desniveles hacia la sierra de Tendeñera. 

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La muralla de Tendeñera se alza imponente, y las vistas desde este punto son espectaculares, y se alcanza a divisar el macizo Argualas –Gamo Negro, y los Infiernos. En la ascensión se va ganando altura, hasta llegar a la senda que se dirige al collado de Sabocos, la parte más elevada de la ruta con casi 2.100 metros. Muy cerca están el Ibón de los Sabocos, el de los Asnos. Y una vez aquí, los más montañeros, no pueden perderse las rutas a los ibones de Catiera, y Mallaruego.

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Una vez en el destino, imprescindible acercarse hasta el Rincón Verde, al Dedo de Yenefrito, y al mirador de O Bubalar. Y antes de finalizar la jornada, disfrutar de un café en el Balneario de Panticosa, callejear por el pueblo de Panticosa, y disfrutar de los muchos rincones con encanto del Pueyo de Jaca. Solo hay que tener claro el itinerario, mirar la previsión del tiempo, controlar las horas de luz, y por supuesto, calzarse las raquetas de nieve.

Ibones de Bachimaña y de Sabocos

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El Ibón de Bachimaña resulta espectacular cuajado de bloques de hielo, sin duda es lo más parecido a un paisaje de la Antártida. Rodeado de enormes cumbres de más de 3.000 metros y enormes neveros, ofrece uno de los paisajes invernales más fascinantes de nuestro país. El ibón de Sabocos es un lago de origen glaciar a 1.900 metros, y con imponentes paredes calcáreas en donde anidan los magníficos quebrantahuesos.

Balneario de Panticosa

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El balneario de Panticosa, Conjunto de Interés Turístico Nacional, está rodeado de grandes rocas graníticas por donde discurre varios saltos de agua. Estos bajan al ibón de Baños, un maravilloso enclave donde poder disfrutar de la naturaleza a 1.636 metros de altura. Sus aguas termales proceden de la propia estructura volcánica del enorme macizo granítico de Cauterets-Panticosa, un auténtico fósil geológico del Carbonífero. Ya conocidas por los romanos, empezaron a explotarse con fines terapéuticos en el siglo XVII, aunque su fama llegó en el XIX.

Panticosa

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En pleno valle de Tena, se encuentra, junto a la confluencia de los ríos Caldarés y el Bolatica, la bella Panticosa, de la que ya se tiene constancia en el siglo XIII. Imprescindible el Puente de Caldarés, construido en 1556 por Beltrán de Betbedé, así como las puertas y dinteles de las casas Berdón, Lucas, De la Peña y Matea. La Iglesia de la Asunción, del siglo XVI, Bien de Interés Cultural, y la antigua parroquia de San Salvador, son unas auténticas joyas montañesas.

Pueyo de Jaca

Lospirineos.info

El Pueyo de Jaca se ubica donde concluye el valle del río Caldarés, que aporta sus aguas al Gállego en el embalse de Búbal. El entorno que lo envuelve es mágico, con agua fluyendo por cada rincón, y compactos bosques cubiertos de blanco. Merecen una parada la iglesia de San Miguel del siglo XVI, las Casas del Valle del XVII, y el Palacio de la Viñaza del XIX.  También hay que caminar sobre el puente del Concellar, levantado en 1550 sobre el Caldarés, que servía de paso del histórico Camino Real.