Siéntete la persona más afortunada del mundo en el Valle del Oro de Asturias

Cogemos nuestras bateas y probamos suerte

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Jesus Barroso / ISTOCK

Existe un lugar en Asturias donde se dice popularmente que «es oro todo lo que reluce». Un chascarrillo que nos habla de un pasado donde el preciado metal fue santo y seña de los habitantes de estos parajes del interior de la región. Aunque quién sabe si, tal vez, esos tiempos pretéritos aún se puedan vivir en la actualidad y todavía podamos tener la fortuna de encontrar alguna pepita...

El concejo de Tineo nos invita a explorar el apasionante mundo de los buscadores de oro y nos permite revivir un oficio que creíamos algo lejano pero que, sin embargo, podemos experimentar más cerca de lo que creemos.

Bienvenidos al Valle del Oro    

En el sector occidental asturiano, en un enclave interior situado bajo la influencia del río Narcea, se encuentra el concejo de Tineo, el segundo más extenso del Principado. Un concejo donde la baja densidad de población no trasluce la gran riqueza que esconden las entrañas de la tierra que pisamos.

Tineo | Jeanne Emmel / ISTOCK

Los muchos peregrinos que atraviesan este territorio a través de la Ruta Jacobea Primitiva, que une Oviedo con Santiago de Compostela, no pueden ni sospechar lo que ocultan estos paisajes marcados por un verdor apabullante y la omnipresencia del agua en ríos, arroyos o embalses.

Ruta Jacobea Primitiva | AL-Travelpicture / ISTOCK

Ya desde muy antiguo se ha constatado en esta importante zona aurífera la extracción de este metal, pero fue con la llegada de la ocupación romana cuando esta actividad se llevó a niveles industriales, con la explotación de minas mediante el método de Ruina Montium, en el que el agua jugaba un papel fundamental.

Desde hace algo más de dos mil años y durante varios siglos, los romanos modelaron ampliamente grandes sectores del actual concejo de Tineo con la única misión de extraer todo el oro que fuera posible.

Navelgas | Andoya

Hoy en día la fiebre del oro quedó anclada en el pasado de este territorio, pero ha permanecido una huella indeleble en el paisaje debido al vaciado de los filones. En este sentido, el lugar más significativo y que mejor representa este hecho es el conocido Valle del Oro, donde se localiza la población de Navelgas, un pequeño núcleo que homenajea la actividad del bateo como una de las tradiciones más ancestrales de Asturias, razón principal por la que recibió el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias en 2003.

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La huella del oro

Se estima que en el Valle del Oro se removieron más de dos millones de metros cúbicos de tierra para la obtención del preciado metal. La presencia de un buen número de yacimientos en esta franja conllevó la creación de un complejo aurífero que generó una serie de formas en el terreno que son aún visibles en la actualidad.

Las conocidas como trincheras subterráneas, los desmontes, las cárcavas o los canales forman parte del paisaje en este sector que tiene a la localidad de Navelgas como epicentro.

Navelgas | Andoya

Precisamente para observar toda esta obra de ingeniería minera existe la ruta conocida como «La Huella del Oro», un recorrido circular que acaba y termina en el pueblo de Navelgas, que con tan solo kilómetro y medio de distancia es perfecto para poder disfrutar en familia.

Además, dentro de la población, el Museo del Oro de Asturias es el máximo exponente de estas explotaciones auríferas en la zona y del bateo, una tradición que aún se conserva muy viva gracias especialmente a los descendientes de Enrique Sanfiz, considerado el último buscador de oro en los ríos españoles, quienes nos brindan la oportunidad de conocer de cerca esta noble actividad en estrecho contacto con la naturaleza, a pesar de que las últimas explotaciones de este tipo en la zona dejaron de funcionar hace más de medio siglo.

Museo del Oro de Asturias | Sitomon

Gracias a un taller de bateo, la labor de la Asociación de Buscadores de Oro «Enrique Sanfiz» o a la existencia de las zonas de extracción del río Naraval, el arroyo de Yerbo o el mismo río Navelgas, podemos llegar a impregnarnos del saber hacer de una de las tradiciones auríferas con más solera del país.