Una apuesta de futuro

El municipio ha evolucionado alejándose de la imagen de turismo masivo de finales de los años 60.

Enrique Sancho

El desarrollo acelerado e incontrolado que afectó a España en las décadas siguientes no dejó inmune a Torremolinos que siempre ha defendido ser un destino popular y familiar, favorecido por su extenso litoral y la suavidad de su clima. Hoteles y apartamentos se concentran en sus amplias playas de El Bajondillo, La Carihuela, Los Álamos o Playamar. Estas playas fueron de las primeras en afrontar hace ya tiempo un plan de saneamiento integral, dotando de servicios adecuados a sus muchos chiringuitos y cuidando la limpieza de las aguas y la arena, la seguridad, la asistencia médica, la comodidad y la accesibilidad. Todo este continuado esfuerzo, se ve reconocido año tras año por la Unión Europea con la concesión del riguroso distintivo de la Bandera Azul. Así hoy resulta un placer recorrer su Paseo Marítimo con siete kilómetros de longitud, salpicado de restaurantes y bares en los que saborear los deliciosos pescaítos.
Pero a pesar del gran desarrollo urbanístico experimentado, Torremolinos ha sabido preservar el ambiente marinero en las calles de sus barriadas más tradicionales: El Calvario, El Bajondillo y La Carihuela. En la parte histórica de la ciudad se alza la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen, y algunas bellas muestras de arquitectura nobiliaria, entre las que destaca la Casa de los Navaja, construida en el siglo XIX. Pero el símbolo máximo del patrimonio de la villa es la Torre de Pimentel o de los Molinos, de origen defensivo y que dio nombre a la ciudad.
Otro símbolo bien distinto es su peatonal calle San Miguel, conocida como "calle de Europa", visita obligada de cuantos turistas pasan por este centro de ocio y descanso. Comercios y tiendas de todo tipo ofrecen al visitante desde los productos típicos del municipio, y los conocidos souvenirs a las marcas más sofisticadas. Y mientras se va de compras o se toma algo en una de sus muchas terrazas, puede apreciarse el trabajo de músicos, pintores y artesanos que exponen su obra a los paseantes.
Cuando cae la noche, Torremolinos cobra nueva vida. Es el momento de elegir entre su abundante oferta de gastronomía internacional, con más de 250 restaurantes donde no faltan las cocinas italianas, alemanas, nórdicas, indonesas, chinas o japonesas, o apuntarse a redescubrir la los placeres de la zona, donde además de los reconocidos pescaítos fritos, cuya denominación de origen fue acuñada en la Carihuela en 1960, pueden disfrutarse coquinas, paellas, sopas de marisco, pescados a la sal, espetes de sardina, ensalada de pimientos asados, adobo...