Turruncún, el pueblo riojano al que ya nadie vuelve por Navidad

Un lugar que languidece al mismo ritmo que aumenta su belleza

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: sunlow / ISTOCK

Su sonoro nombre nos despierta la atención y consigue evocarnos alguno de los más populares villancicos navideños.

Turruncún, uno de los pueblos fantasma más bellos de España, nos cuenta la historia de muchos lugares despoblados de nuestra geografía a la vez que nos muestra, de una forma hermosa, la huella del pasado dejando un trazo indeleble sobre el paisaje.

De la onomatopeya al recuerdo de lo que una vez fue

Contaba Marta Santos en su obra La Piel, la manera en la que la tradición podría atribuir el topónimo de Turruncún a una vieja historia. Según el relato, los ancianos del lugar ascendieron hasta el cercano pico de la Peña Isasa para reflexionar acerca del nombre que debían asignar a este punto. Ante la falta de ideas, una de los presentes propuso lanzar una piedra ladera abajo y que el canto hablase. «Turrún-turrún» y «cún-cún» parece ser que fue lo que alcanzaron a interpretar del sonido de la inocente roca precipitándose hacia el suelo, con lo que así quedó para la posteridad.

Turruncún | sunlow / ISTOCK

Más allá de las leyendas y de otras posibles explicaciones etimológicas quizás más acertadas pero menos fabulosas, la realidad es que Turruncún llegó a vivir cierta prosperidad al amparo de las pequeñas explotaciones hulleras que se abrieron en la zona, atrayendo a una pequeña población que llegó a sobrepasar los trescientos habitantes a principios del siglo XX.

Décadas después, con el declive de esta actividad y el retorno o la emigración de los habitantes del núcleo, la localidad acabó quedando huérfana allá por la década de los 90, aunque fuera incluso antes cuando oficialmente se consideró una aldea despoblada.

Un acusado declive demográfico que ha dado como resultado, en último término, un pueblo inerte de vida humana, abandonado a su suerte bajo el dominio de la sierra de Peñalmonte.

Turruncún | MarioGuti / ISTOCK

Pero este escenario, germen de memorias aún inconclusas que avientan de vez en cuando algunos de los que aquí vivieron o sus familiares o descendientes, se ha convertido, a pesar de todo, en una preciosa postal riojana que no cesa en su empeño de fundirse con la naturaleza en una simbiosis cuyo resultado es una indescriptible belleza.

Los tonos ocres de la mampostería, en muchos casos de adobe, parecieran emerger entre el verdor de la vegetación, mientras los pinos laricios le van a la zaga cubriendo las laderas desde que allí fueran plantados en sucesivas repoblaciones.

Un pueblo abandonado que, desde sus casi 900 metros de altitud sobre el nivel del mar, aparece junto a la carretera petrificado, emulando las más fantasmagóricas estampas invernales que, por otro lado, representan aquí imágenes preciosas a la llegada de las nieves.

Ruinas de la iglesia de Santa María | pigmentoazul

El talud junto al cual discurre la vía asfaltada hace las veces de parapeto entre nuestras miradas y las ruinosas construcciones que se diseminan por la colina sobre la que se erige Turruncún, con la iglesia de Santa María en lo alto como fiel testigo de lo que un día fue. Su campanario parece querer contarnos los secretos de la población atesorados con el paso del tiempo desde su posición privilegiada.

Los muros aún inhiestos de las viviendas, las aberturas de las bodeguillas subterráneas, la novel escuela que pocos frutos pudo dar y hasta la vetusta y apartada ermita de las Vírgenes, son el reflejo aún visible de este punto perteneciente al municipio de Arnedo al que la Navidad solo llega desde hace años como un evento estacional.

Ezcaray, punto de partida a un paraíso en la montaña

Hechos, leyendas y la Peña Isasa

No es de extrañar que un pueblo despoblado sea objeto de las más variadas elucubraciones sobre su naturaleza misteriosa, y Turruncún no podría ser menos. Su iglesia y el cementerio, como cabría esperar, recogen curiosas narraciones en este sentido hasta el punto de haber adoptado tintes televisivos.

Otros hechos, algo más alejados del terreno de las conjeturas, también envuelven a esta población de un halo de incertidumbre, como ocurre con el constatado terremoto que tuvo en este enclave su epicentro a finales de la década de los 20 del siglo pasado. Un movimiento sísmico que alcanzó los 5,1 grados afectando significativamente al entorno y al propio Turruncún.

Turruncún | sunlow / ISTOCK

Pero el hecho que seguramente atraiga a más personas a este punto del Sistema Ibérico, al margen del incuestionable atractivo de la estampa de la localidad, es la presencia en los alrededores de la más popular de las montañas de La Rioja Baja.

La Peña Isasa y su cima es un destino recurrentemente apetecido por muchos senderistas que transitan estas tierras, y en muchos casos toman Turruncún como punto de partida para su ascenso. Desde aquí, una larga pista conduce hasta esta magnífica atalaya a 1474 metros de altitud desde la que se divisa la depresión de Arnedo, los valles y las otras peñas de la sierra de Peñalmonte.

Dice una frase popular que «Peña Isasa muchos la ven y pocos la pasan», pero lo cierto es que las vistas panorámicas que nos ofrece poca o ninguna duda nos pueden ofrecer de la conveniencia de subirla en nuestra visita a Turruncún.