El triángulo de oro de Dalí: Figueras, Portlligat y Púbol

Descubre los lugares que marcaron al inmortal genio del surrealismo

José Miguel Barrantes Martín
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Han pasado tan sólo 30 años desde la muerte de Salvador Dalí y, sin embargo, su trascendencia y su legado parecieran existir desde tiempos inmemoriales. Uno de los grandes genios del siglo XX y uno de los máximos representantes del surrealismo no dan para menos.

Su obra, su vida y su herencia artística nos resultan más cercanos que nunca y nos provocan una atracción fatal hacia los estrafalarios mundos de ensueño de este prolífico artista; mundos que se concentran, como las mejores esencias, en tres lugares que significaron para Dalí lo más íntimo y, al mismo tiempo, lo más público, y que han sido marcados para siempre con la varita mágica de su mano creadora. Se trata del llamado «Triángulo Daliniano», el paraíso del genio, su universo y donde se puede admirar la mayor parte de su creación.

Figueras, epicentro mundial de su legado

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El lugar que vio nacer y morir al artista no podía acabar de otra manera: convirtiéndose en el corazón del Triángulo Daliniano. Como él mismo dijo « ¿Dónde, si no en mi ciudad, ha de perdurar lo más extravagante y sólido de mi obra, dónde si no?»  Y no sólo eso, pues la ciudad de Figueras, en la provincia de Girona, además de custodiar ese legado, cuenta con el lugar perfecto para albergarlo. Un lugar de la preferencia de Salvador Dalí, quien volcó todos sus esfuerzos en transformarlo en su icono internacional.

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En efecto, el Teatro-Museo Dalí – donde se expone gran parte de su obra - se sitúa frente a la iglesia donde fue bautizado y el propio edificio es el lugar donde expuso por primera vez en 1918. El antiguo y maltrecho teatro municipal se convirtió en la sede de gran parte de su creación, ocupándose él mismo del proyecto de restauración y transformación del edificio, dando lugar a un sorprendente e insólito museo que se ha convertido en uno de los más visitados de España y a escala mundial; considerado «el objeto surrealista más grande del mundo», la propia construcción es una auténtica obra de arte y una oda a este estilo artístico.

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Dedicado enteramente a su persona, alberga 1500 obras, entre las que podemos encontrar pinturas, esculturas, fotografías, dibujos y un largo etcétera, incluso su propia tumba – a pesar de no haber sido su voluntad, pues su deseo era el de ser enterrado junto a su mujer en el castillo de Púbol -. Junto al Teatro-Museo Dalí, un inmueble anexo acoge una exposición permanente con una delicada colección de joyas diseñadas por el artista a lo largo de casi treinta años.

Portlligat, su rincón de inspiración

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En este pequeño punto asentado sobre una cala en el cabo de Creus, en el municipio gerundense de Cadaqués, residió y trabajó durante gran parte de su vida Salvador Dalí, junto a su esposa. Hoy convertida en Casa Museo, lo que inicialmente comenzó siendo una austera cabaña de pescadores, poco a poco fue ampliándose con otras estancias anexas en un maremágnum de habitaciones que fueron nutriéndose de un sinfín de objetos y obras de arte personales del artista.

Casa Museo Salvador Dalí | travellinglight / ISTOCK

Un museo que ofrece una excelente retrospectiva de la vida de Dalí hasta la fecha de la muerte de su mujer, Elena Diakonova, Gala; una vida marcada por el paisaje de la bahía de Portlligat, que tan presente está en la esencia de sus obras.

Casa Museo Salvador Dalí | RomanBabakin / ISTOCK

Púbol, el regalo a su musa

Púbol es una pequeña población del municipio de La Pera, en la comarca de Bajo Ampurdán, en Girona. Sin embargo, este espacio se convirtió en uno de los lugares de referencia y más representativos de la vida de Dalí. Tras decidir regalar un castillo a su musa - su esposa Gala -, y tras barajar varias opciones en la zona, finalmente acabó adquiriendo en 1962 esta fortificación medieval que remonta sus orígenes al siglo XI.

Salvador Dalí Museus

Un castillo que acabó siendo el propio mausoleo de Gala, tras su muerte en 1982, y el último taller del artista hasta su fallecimiento siete años más tarde. Alberga en su interior pinturas, dibujos, esculturas y otros objetos del virtuoso genio, pero pasará a la historia, especialmente, por ser el lugar consagrado a su musa, al que Dalí decidió que sólo podría entrar bajo permiso escrito de su esposa, en un gesto de pleitesía hacia ella.