El Triángulo Dorado, la zona fronteriza más bella (y peligrosa) del mundo
En la confluencia de los ríos Mekong y Ruak descubrimos un área fronteriza que nos coloca ante las puertas del cielo... o del infierno.

Hablar del Triángulo de Oro puede llevar a equívocos. El viajero puede pensar en el circuito turístico de la India que conecta Delhi con Agra y Jaipur, la capital del Rajastán, mientras que hoy nos referimos al área fronteriza entre Myanmar, Laos y Tailandia, en la confluencia de los ríos Ruak y Mekong. Este Triángulo de Oro tiene una extensión de 950.000 kilómetros cuadrados y es un área famosa por su belleza natural y su rica historia cultural, así como por su pasado como centro de producción de opio (del que hablaremos más adelante).

Cómo llegar al Triángulo de Oro
Viajamos hasta Chiang Rai, en Tailandia, para descubrir un enclave que es conocido como la puerta de entrada al triángulo dorado. Alcanzar la cima de la montaña más elevada de la provincia, Doi Tung, nos permitirá descubrir unos paisajes que cortan la respiración, así como el templo Wat Phra That Doi Tung, por el que cada año peregrinan miles de budistas para honrar una reliquia de su maestro espiritual, Buda.

Si queremos cambiar de país, es tan sencillo como acercarnos hasta el embarcadero de Chiang Khong y desde allí, en unos 15 minutos, se llega a Huay Xay, el punto fronterizo en el que se realizan los trámites del visado para entrar en Laos. Ahora llega el momento de descender el Mekong en una barcaza de madera y disfrutar de un escenario natural único. Navegando por el río se puede parar en alguna aldea tradicional que nos permitirá descubrir culturas ancestrales y un ritmo de vida bien diferente al que tenemos en Occidente. Y, como por arte de magia, el sol se pone y llegamos hasta Pakbeng, ciudad fluvial muy frecuentada por mochileros y viajeros que hacen escalada gracias a los distintos cruceros que recorren el Mekong, el octavo río más grande del mundo gracias a sus casi 5.000 kilómetros de longitud que discurre por seis países diferentes.
Si preferimos entrar desde Tailandia a Myanmar podemos hacerlo por hasta 4 puntos fronterizos diferentes, aunque los más habituales son Mae Sot – Myawaddy que está al sur del país y Mae Sae – Tachileik, la ruta de entrada más habitual. Hoy en día, el Triángulo de Oro es un destino popular que permite a exploradores y viajeros descubrir desde el Museo del Opio en Tailandia (que demuestra el impacto del comercio del opio en la región) o navegar por el Mekong descubriendo los paisajes circundantes y conociendo de primera mano algunas aldeas tradicionales en las orillas del río.
Maravillas en el Mekong
Precisamente las aldeas que convergen en el Triángulo de Oro son las que hacen de este enclave un lugar único. Una de las imágenes más curiosas que se puede observar son los vendedores que navegan en barcazas a lo largo del Mekong. Estos mercaderes forman mercados flotantes que ofrecen desde frutas tropicales hasta pescado fresco. Los compradores se desplazan en pequeñas canoas, intercambiando productos sobre el agua y formando un paisaje de lo más pintoresco.

Otro espectáculo único es el de la recogida de los nenúfares. Las flores, que flotan sobre el agua, son recolectadas por las comunidades locales tanto por su belleza como por su valor en la medicina tradicional. Una estampa que compite en atractivo con la de los pescadores equilibristas del lago Inle, en Myanmar. Además de los nenúfares, el Mekong es hogar de una impresionante biodiversidad, con especies de peces únicos y aves migratorias que hacen de este río un lugar único.
La cara oscura del Triángulo Dorado
A pesar de ser un enclave que toca el alma del viajero, no hay que olvidar su peligrosidad. Y es que este rincón del mundo fue bautizado con tan poético nombre por la CIA, ya que durante décadas ha sido la principal fuente de opio a nivel mundial. En los campos de Birmania se cultivan más amapolas que en ningún otro país, pero su producción ha caído por debajo de la de Afganistán debido a la sequía.

Adentrarse en la selva de este Triángulo Dorado puede suponer un verdadero peligro para los viajeros. La compleja accesibilidad que caracteriza a esta zona, de terreno montañoso y sin ningún tipo de infraestructura, convierte el espacio en el lugar perfecto para la proliferación de todo tipo de redes de crimen organizado.
A pesar de ello, y siempre dentro de los recorridos más populares, el explorador podrá viajar seguro disfrutando de la zona fronteriza más bella del mundo.
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