Tres ciudades mediterráneas que tal vez no conozcas... y que son diamantes en bruto

¿Has oído hablar de Rávena, Kotor y Katakolon?

Noelia Ferreriro
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Foto: adisa / ISTOCK

Alejadas de los circuitos más trillados, estas tres ciudades no sólo son joyas sin pulir en el corazón del Mediterráneo, sino también hermosos rincones que mantienen el eco de civilizaciones pasadas.

Rávena (Italia)

Repleta de historia y de arte aparece esta ciudad italiana, que fue fuente de inspiración de personajes ilustres como Boccaccio, Gustav Klimt o Herman Hesse, entre otros, quienes declararon abiertamente su amor a este rincón del norte de Italia. Rávena es, además, la ciudad del mosaico, no su origen pero sí su más alta expresión, su perfecta fusión de simbolismo y realismo en un saber que aún hoy se difunde en las escuelas. 

Mosaico bizantino en la Basílica de Saint Vitale, Ravenna, Italia | Perseomed / ISTOCK

Además, en esta ciudad se percibe el paso de la historia con maravillas arquitectónicas como las iglesias de San Apollinare y San Vitale. Para quien se quede con ganas de arte, diremos que cerca se alza la mágica Bolonia (este sí que es un enclave conocido) con su elegante Piazza Maggiore, considerada una de las más armoniosas de toda Italia, y la basílica de San Petronio unida al Palacio Accursio. A otro paseo, para los amantes de la automoción, está Maranello, con la mítica casa de Ferrari donde se exhibe su más completa y representativa colección de coches de gran turismo y de competición. 

Katakolon (Grecia)

Hay vida en el campo de los yacimientos arqueológicos más allá de la Acrópolis de Atenas. Sirva como prueba este que nos ocupa, uno de los más brillantes de la historia clásica. Nos referimos al de la antigua Olimpia, allí donde se alumbró el mayor acontecimiento deportivo del mundo antiguo… e incluso de nuestros días: los Juegos Olímpicos. 

Katakolon, Grecia | majaiva / ISTOCK

Con la visita, desde el pequeño pueblo de Katakolon, a este complejo de ruinas (que es, además, uno de los más bonitos por su privilegiado emplazamiento en medio de exultante vegetación) no sólo se asiste al esplendor que tuvo esta famosa ciudad en su apogeo, sino también a la relevancia de estas competiciones deportivas cuya celebración lograba incluso imponer una tregua a los estados en guerra. Con ellas nació el concepto de lo atlético, de la competición, de la llama olímpica. Y un paseo por el recinto, con el gimnasio, la palestra, el estadio el pelopion… es un recorrido apasionante por los albores del deporte.

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Kotor (Montenegro)

Dicen que es una de las entradas a puerto más espectaculares del Mediterráneo. Nos referimos a Kotor, la ciudad costera de Montenegro que constituye uno de los mayores tesoros naturales de la Costa Dálmata. Porque Kotor se asienta al fondo de una pequeña bahía, muy cerrada, que es parte del semiderrumbado cráter de un volcán. Por eso está coronada por elevados acantilados. Y por eso (salvando la ausencia de hielo y nieve), recuerda tanto a los hermosos fiordos del Norte de Europa. 

Kotor, Montenegro | Givaga / ISTOCK

Pero además de este inicio, Kotor ofrece un agradable paseo por sus calles estrechas y sinuosas que aún conservan el trazado de los tiempos medievales. Y que incluyen construcciones clásicas, góticas y renacentistas, como huellas de ese devenir de los tiempos a caballo entre Bizancio y Roma, entre los Balcanes y la Europa Occidental.