De trekking por los Cárpatos

Esta imponente cadena montañosa que da cobijo a la fauna más emblemática de Europa permite innumerables rutas a su paso por Eslovaquia.

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: subemontes / ISTOCK

Ni Eslovenia ni Checoslovaquia. Poco se sabe de este país al margen del turismo de masas que, hace 25 años, decidió divorciarse de la República Checa para recobrar su propia identidad. Nos referimos a Eslovaquia, la más discreta nación del corazón de Europa, un estado que pese a su posición estratégica y sus codiciados vecinos, a menudo pasa desapercibido.

Sin embargo, es un error tremendo no prestar a las maravillas eslovacas toda la atención que se merecen. Porque este diminuto territorio (algo más de la superficie de Aragón) esconde no sólo un patrimonio excepcional sino también una naturaleza desbordante. De lo primero da cuenta su vibrante capital, Bratislava, así como las encantadoras poblaciones que recogen las huellas de su pasado turbulento. Y de lo segundo, el escenario privilegiado en el que se asienta, con el fluir del Danubio a lo largo de más de 170 kilómetros y los majestuosos Cárpatos al norte.

lvenks / ISTOCK

Esta cadena montañosa que comparte con Austria, República Checa, Polonia, Ucrania, Rumanía, Serbia y el norte de Hungría, propicia, a su paso por suelo eslovaco, un sinfín de rutas deslumbrantes para hacer a pie o en bicicleta. Especialmente en la legendaria región de Spis, que no hace mucho despertó como foco turístico impulsada por sus parques nacionales y por sus pintorescos entramados urbanos. Y es que este tramo no sólo destaca por su belleza natural (valles, ríos y grandes extensiones arboladas) sino también por contener preciados tesoros patrimoniales, algunos de ellos (como Levoca) condecorados por la Unesco.

En esta área encontraremos el Parque Nacional de Pieniny, el menor de los nueve que existen en el país, aunque no por ello el menos sugerente. Emplazado en el extremo norte, rozando la frontera polaca, su paisaje es toda una lección terapéutica para el cuerpo y el alma. Aquí existen múltiples opciones de senderismo, aunque la más común es la de seguir el cañón del río Dunajec, frontera natural con Polonia. Una caminata de 7,5 kilómetros de largo en la que no sólo saldrán al paso valiosos ejemplares de flora autóctona, sino también, con un poco de suerte, algunas de las características especies de fauna. A saber, 766 tipos de mariposas y más de 200 vertebrados, entre los que destacan los linces y las nutrias.

ewg3D / GETTY

Pero lo que nadie debe perderse en una visita a este parque es lo que se ha dado en llamar pseudorafting. Un término nada apropiado ya que, en realidad, se trata de un paseo en balsa por las apacibles aguas del río. Nada de adrenalina ni de velocidad arriesgada. A cambio, y a lo largo de nueve kilómetros, un maravilloso despliegue natural al ritmo que marcan alegres balseros ataviados con trajes tradicionales (camisas blancas, chalecos bordados). En esta peculiar travesía, las vistas, al fondo, se toparán con la montaña de las Tres Coronas (911 m), la más espectacular del parque, a la que también se puede subir en apenas una hora y media.

Vale la pena, después, Acercarse a Slovensky Raj, al suroeste de la región de Spis. Porque este otro parque nacional cuyo nombre significa ‘Paraíso Eslovaco’ presenta un paisaje bien distinto. Aquí reside una impresionante concentración de barrancos, cañones, cataratas y cuevas, con numerosos pasos equipados con escalones y pasarelas de madera. La principal puerta de entrada se encuentra en Podlesok y la caminata más común es la que conduce al paraje de Klastorisko, un prado idílico a 790 m de altura, con un refugio donde reponer fuerzas. Seguro que son necesarias.