Toulouse, la ciudad más española de Francia

Un paseo por los mágicos rincones y los interesantes museos de esta joya emplazada a poca distancia de nuestra frontera

Noelia Ferreiro
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Con los pies en la tierra y el corazón en el cielo vive la que está considerada la joya del suroeste francés. Toulouse, capital histórica de la provincia del Languedoc, cultiva los placeres terrenales, mientras emplea su ingenio en la sabiduría aeronáutica. Son las dos facetas de esta metrópoli histórica y a la vez cosmopolita, que es ideal para una corta escapada.

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Alegre, luminosa e increíblemente animada, Toulouse es para muchos la ciudad más hedonista del país vecino. Solo hay que darse un paseo por el centro para corroborar esta idea. Calles bulliciosas, terrazas atestadas de gente, bares abiertos hasta altas horas de la noche. Será por la cercanía a la frontera española, que le ha propiciado un trasvase de costumbres. O será por la huella que dejaron los más de 40.000 exiliados que se vinieron a refugiarse en este lugar después de la Guerra Civil. El caso es que su disfrute de la vida, su savoir vivre, nos resulta muy familiar. 

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La Ciudad Rosa

A Toulouse se la conoce como la la ville rose por el color que destila su entramado urbano, trazado a base de ladrillo. Porque esta ciudad adolece de canteras de piedra pero a cambio está sobrada de arcilla, material con el que se construyeron muchos de sus grandes monumentos. Esto, claro, le otorga una tonalidad anaranjada, pero que al caer el sol, adquiere matices salmón. 

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Para comprobarlo, nada como acercarse a la orilla del río Garona, el alma de la ciudad. Especialmente si el atardecer se contempla desde la escalinata de Saint-Pierre y con la silueta recortada de la cúpula del hospital de la Grave. Sobre las aguas centelleantes se verán reflejados los árboles gigantescos, los puentes centenarios, los molinos medievales.

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Por el centro histórico 

Icónico es también el Capitolio, la gigantesca plaza (una de las más bellas de Francia) donde todo comienza y acaba. Este espacio, decorado con una cruz occitana, sirve de antesala a los majestuosos edificios del ayuntamiento y de la ópera. Su perímetro está rodeado de soportales donde confluyen cafés, tiendas de ropa, joyerías… todo ello bajo unas bóvedas decoradas con coloridos frescos que cuentan historias tolosanas. 

Capitole de Toulouse | benkrut / ISTOCK

De aquí parten las rues que conservan un perfil medieval, las callejuelas que emulan los bulevares de París. Y también las joyas monumentales de la ciudad: la Basílica de Saint-Sernin, que es la mayor iglesia románica del país; el Convento de los Jacobinos, que es una joya del arte gótico, la Biblioteca Municipal, que muestra un bello al Art Decò… 

Basílica de Saint-Sernin | SerrNovik / ISTOCK

De barrio en barrio

Conviene recorrerlos todos, puesto que cada uno tiene su propia personalidad. Desde Saint-Étienne, el más chic, hasta Les Carmes, el más gourmet, pasando por Saint-Cyprien, que es el que concentra más edificios religiosos. En ellos se podrán admirar los casi dos centenares de mansiones renacentistas que son la herencia de la cocagne o pastel, la planta que revistió de esplendor a Toulouse. Un vegetal (del que se extraía un tinte azul) con el que se enriquecieron los comerciantes en el siglo XV y que hoy se emplea para productos cosméticos.

Saint-Étienne | Leday L / ISTOCK

También está, fuera del centro, el revitalizado distrito de Montaudran, al que merece la pena acercarse para conocer la flamante Halle de La Machine, una especie de museo dinámico con las criaturas mecánicas diseñadas por François Delarozière. Entre ellas el carismático Minotauro, al que se puede subir para dar un paseo por la Pista de los Gigantes.   

Montaudran | ADonsky / ISTOCK

Altos vuelos

Capital de la industria aeronáutica y espacial de Francia, Toulouse vive mirando al cielo. Consagrada a la fabricación de aviones (un 10% de la población trabaja en este campo), de esta ciudad nacieron hitos como el Concorde, el Airbus o el A380, que pueden contemplarse en el Museo Aeroscopia. Aquí se explica esta pasión de la ciudad, que también fue el lugar donde nació, en 1920, la primera línea aérea que transportaba el correo. El museo L’Envol des Pionniers da buena cuenta de ello.

L’Envol des Pionniers

Más lejos, hasta los confines del universo llega la Cité de l’Espace, el principal parque temático dedicado a la aventura espacial. Es el lugar donde sentirse como un astronauta a bordo del cohete Ariane 5 o de la nave Soyuz. Justo ahora, además, se está celebrndo un acontecimiento definitivo: los 50 años transcurridos del viaje a la luna, aquel “pequeño paso para el hombre y gran salto para la humanidad”.