La Tomatina: 70 años de diversión a tomatazos

La histórica batalla de Buñol se celebra cada año el último miércoles de agosto.

Estela Pérez
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Foto: David Wootton / ALAMY

Junto a los San Fermines, La Tomatina es una de las festividades españolas con más reconocimiento internacional. El pueblo de Buñol, en Valencia, se tiñe de rojo el último miércoles del mes de agosto desde hace más de 70 años, en una peculiar batalla que reúne a miles de personas de hasta 96 nacionalidades distintas con un objetivo común: participar en una batalla campal con tomates como única munición. Este año, la fecha elegida para la celebración de la batalla es el día 29 de agosto

Para ir abriendo boca, el día 25 se celebró una Tomatina Infantil por quinto año consecutivo. Aunque será el día 29 de agosto a las 9 horas cuando arranque la fiesta oficial en la Plaza del Pueblo,  donde el ayuntamiento repartirá un desayuno a los asistentes que quieran ir cogiendo fuerzas. Antes de iniciar el combate, se levantará una especie cucaña: un largo palo cubierto de jabón con un jamón colocado en el extremo, con el que los más ágiles podrán probar suerte trepando hasta lograr el suculento premio. Mientras tanto, desde los balcones se lanzan cubos de agua para refrescar los ánimos de los combatientes que van tomando posiciones. A las 11 horas, sonará el disparo que indica oficialmente el comienzo de la batalla, a la par que los camiones cargados de 145.000 kg de tomates como munición, entran por las calles de Buñol. Una vez que los camiones se detienen, se podrá acceder a los miles de tomates para avasallar al contrincante a tomatazo limpio. A las 12 horas, se dará por terminada la lucha del tomate hasta el año siguiente. 

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Para acceder a la fiesta, se pueden adquirir pases por 10€ en la web oficial. En aras de un desarrollo seguro y dinámico de la fiesta, desde la organización se recomienda no acceder con botellas de cristal u otros objetos duros al recinto, moderar el consumo de alcohol, no romper ni lanzar prendas de ropa, mantener la distancia de seguridad con los camiones, aplastar los tomates para reducir el golpe del impacto y seguir las indicaciones del personal de seguridad. 

La fiesta no termina a mediodía, ya que se celebrará un after party hasta altas horas de la madrugada en la localidad vecina de Alginet

Una travesura con un final inesperado

Para conocer el germen de esta original festividad, hay que remontarse hasta el año 1945. Durante los festejos de ese año, decenas de jóvenes se agrupaban en la Plaza del Pueblo para presenciar el desfile de gigantes y cabezudos. Un grupo decidió colarse en la comitiva del desfile de músicos, ante el desagrado de uno de los participantes que, furioso, comenzó a descargar su ira contra todo lo que se le ponía por delante. Por caprichos del azar, la masa enfurecida se topó con un puesto de verduras que allí se encontraba instalado. Los vecinos del pueblo comenzaron a lanzarse tomates unos a otros, hasta que las fuerzas de seguridad intervinieron. Al año siguiente, de manera socarrona, los jóvenes reprodujeron el altercado a propósito, llevando tomates de sus propios hogares. Las autoridades volvieron a disolver la batalla de ese grupo de chicos quienes, sin saberlo, con su gamberrada habían hecho historia. En adelante, La Tomatina fue prohibida en diversas ocasiones, hasta que en 1957 los vecinos celebraron “el entierro del tomate” en señal de protesta, hecho que sirvió para levantar la veda y hacer de La Tomatina una fiesta oficial. El bautizo de esta celebración fue también obra de un buñolense, quien patentó un producto a base de ácido salicílico para conservar el tomate cuyo nombre, por supuesto, era tomatina. En 1983 la fiesta adquirió una amplia repercusión social gracias a un reportaje emitido por el programa Informe Semanal. Desde entonces, el entusiasmo de los vecinos y el número de participantes externos fue en aumento, hasta que en 2002 La Tomatina de Buñol fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional por la Secretaría General de Turismo.