Tokio: cinco rincones imprescindibles en la vorágine de asfalto

Desde lo más vanguardista hasta lo más ancestral, esto es lo que no puedes perderte en la ciudad que se multiplica a sí misma

Noelia Ferreiro
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Foto: Alex Rainer

Epicentro del milagro japonés, Tokio es pura sobredosis de energía. Una ciudad en continua e inagotable expansión en la que cabe desde el más frenético caos hiperurbano hasta el orgulloso latido imperial, desde la más puntera vanguardia tecnológica hasta los destellos de la cultura ancestral. Esto es lo que no puedes perderte en la capital que se multiplica a sí misma.

El cruce de Shibuya

Es una de las imágenes más características de la capital nipona, una escena repetida incansablemente todos los días del año: una aglomeración robótica avanza sincronizadamente hacia delante o en diagonal, en ordenada muchedumbre como manda el civismo japonés. 

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El cruce de Shibuya es un paso de cebra en forma de cruz que permite el paso exclusivo de los peatones en cualquiera de las direcciones posibles. Lo que se llama un scramble crossing. Dicen que es la intersección por la que más personas pasan al día en todo el mundo: más de un millón de viandantes. Un verdadero espectáculo que sido retratado mil veces en películas y series de animación.

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El templo de Senso-Ji

El aire de la tradición se respira en el barrio de Asakusa, que recoge el espíritu de la antigua Edo. Aquí se erige Senso-Ji, uno de los más famosos santuarios japoneses en el que, además del ritual básico, se debe aspirar el humo de un enorme inciensario: dicen que otorga salud.

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Este templo hace gala de una bella monumentalidad roja, con una pagoda de cinco plantas que es la segunda más alta de Japón. Pero también de un origen entretejido de leyenda (fue erigido en el mismo lugar donde fue encontrada Kannon, la diosa de la compasión) que le un ambiente mágico. Especialmente Nakamise, el paseo de pintorescos comercios que antecede a su puerta principal, llamada Hozomon o Puerta del Tesoro.

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El puente de Jingu-bashi

El desfile al que se asiste cada fin de semana en el barrio de Harayuku, concretamente en el puente de Jingu-bashi, dibuja un caleidoscopio de personajes en los que la creatividad manda. ¿Se trata de tribus urbanas? Más bien de una subcultura que hace de la extravagancia su arma contra la alienación juvenil. Muchachas disfrazadas que se dejan ver, precisamente, en el barrio que marca el ritmo de las tendencias de la moda tokiota.

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Están las decora, recargadisímas de accesorios siempre de color rosa pálido. También las ganguro, con su cabello oxigenado, sus pestañas postizas y su piel artificialmente bronceada como se luce en las playas californianas. Y las lolitas góticas, con ropas de estilo victoriano y un toque de vampiresas. Y por supuesto, las cosplay-zoku, minuciosamente disfrazadas de sus ídolos del manga.

El barrio de Akihabara

Es el barrio del consumo salvaje y acelerado,  el rincón donde todo fluye a un ritmo desenfrenado como la propia electrónica de la que se nutren los miles y miles de comercios que se dedican a su venta masiva: cámaras digitales, vídeos, computadoras, robots... pero también toda clase de placas, cables, chips y demás objetos relacionados con la tecnología.

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Pero ojo, que ya no es lo que era: pese a que los turistas pueden solicitar el descuento de los impuestos y pese a que, a veces, tímidamente, se puede regatear un poquito, los precios siguen siendo altos. Porque ahora lo que realmente pega en Akihabara es el manga, del que se ha convertido en la gran meca. Cómic, películas, juegos, disfraces, muñecos, camisetas... desde su variedad más infantil hasta hentai, que es su vertiente pornográfica. Un paraíso para los amantes de este invento cien por cien japonés.

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El Parque Ueno

Para escapar de la jungla de asfalto hay que perderse por este parque que constituye una de las más extensas zonas verdes de Tokio. Si, además, es primavera, la belleza será sublime: podrá asistir al hanami o florecimiento de los cerezos.

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Más allá de la naturaleza, también se encontrará cultura, puesto que en Ueno residen los mejores museos de la ciudad: desde el Museo Nacional de Tokio (integrado por cinco edificios con impresionantes colecciones de toda Asia) hasta el Museo de Arte Occidental (donde se puede disfrutar de Dalí o Matisse), pasando por el Museo Metropolitano de Arte o incluso el Museo Nacional de Ciencia. También se puede pasear entre templos y santuarios, contemplar osos panda en el zoo o alquilar un pequeño bote a pedales para navegar entre los lotos del estanque Shinobazu.

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