To be or not to be: en la campiña tras los pasos de Shakespeare

Porque no hay nada como aventurarse por esta bella región británica siguiendo la estela del dramaturgo eterno y universal.

Noelia Ferreriro
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Foto: ISTOCK

¿Quién puede escapar a la duda, quién está libre del titubeo? To be or not to be, el famoso soliloquio de Hamlet, acaso la cita más sublime de la literatura universal, resuena en un rincón del centro de Inglaterra agraciado con románticos paisajes coronados siempre de nubes densas. Hasta aquí peregrinan lectores de todo el mundo de William Shakespeare, el genial autor que supo navegar como nadie en los subterfugios del alma humana para destapar la codicia, los celos y la sed de venganza.

Da igual que no haya una fecha señalada (el 450º aniversario de su nacimiento, celebrado el pasado año 2014 rompió todas las barreras). Existe en este territorio una continua afluencia de visitantes, hasta el punto de que sólo Londres lo supera en popularidad. Y es que la ciudad que vio nacer al bardo –y por extensión, sus alrededores- se ha volcado especialmente en vender la imagen del más ilustre de sus hijos, así como los escenarios que marcaron su vida y obra.

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Shakespeare habría nacido, aunque no hay documentos que lo acrediten, el 23 de abril de 1564 –la misma fecha en la que murió 52 años más tarde- en la apacible Stratford-upon-Avon, en plena campiña británica. Emplazada a orillas del río Avon, en la región campestre de las West Midlands, es fácil desde la capital llegar a esta localidad, a dos horas escasas de trayecto y en trenes que parten continuamente desde la estación de Marylebone. Nada más plantar el pie, muchos quedan cautivados por la belleza del lugar, por los idílicos alrededores de los Costwolds, una zona de montes bajos y valles fluviales, de aldeas de piedra y casas señoriales, en la que veranean los urbanitas británicos para escapar del bullicio.

En medio de este paisaje, Stratford-Upon-Avon mantiene su casco antiguo como en los tiempos del dramaturgo, con todo el sabor de la vieja Inglaterra. Y mucho más en sus habituales festivales de literatura, música y gastronomía, ambientados con la estética de antaño, donde se ofrecen representaciones escénicas al modo más tradicional. Y donde se puede asistir a espectáculos callejeros, conciertos de música clásica y lectura de fragmentos de sus obras por las coquetas calles de la población

Pero si la visita no coincide con las celebraciones, siempre habrá ocasión para ver en acción a la Royal Shakespeare Company en cualquiera de sus dos sedes de Startford: el Royal Shakespeare Theatre, con su torre panorámica para apreciar la localidad; y el más pequeño Swan Theatre, donde es una delicia escuchar los versos del dramaturgo en la proximidad de las tablas.

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Más allá de su obra, es fácil seguir los pasos del protagonista en el lugar que fue testigo de su infancia hasta su marcha hacia la capital británica. Porque todas sus casas están abiertas al público. Desde la natal sobre Henley Street, que ha sufrido tantas renovaciones que al propio Shakespeare le costaría reconocerla, hasta el cottage de su esposa Anne Hathaway, pasando por la granja de su madre Mary Arden, y por Nash’s House y New Place, que son las haciendas de sus nietas.

En Stratford, todos los días del año, parten tours comentados a pie por los rincones relacionados con el autor de Romeo y Julieta. Rutas a las que sólo hay que unirse sin reserva previa, en busca de la mínima sombra: el taller de guantes de su padre, su colegio… y por supuesto la Iglesia de la Trinidad, donde fue bautizado y enterrado.

Pero habría que añadir otra escala que guarda una anécdota funesta: el pub The Bell Inn, en la aldea cercana de Welford-on-Avon. Cuentan que la lluvia bajo la que Shakespeare, cierto día, regresó caminando a su casa tras beber unas copas en el local, fue la que le ocasionó la neumonía que más tarde acabó con su vida.

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