Tlalpujahua, el asombroso pueblo donde la Navidad es eterna

Descubrimos este mágico enclave mexicano y el porqué de su leyenda... que es muy real

José Miguel Barrantes
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Foto: arturogi / ISTOCK

Un sitio mágico en muchos sentidos

Entre la preciosa ciudad de Morelia y Ciudad de México, a las puertas del estado de Michoacán, nos encontramos con la población de Tlalpujahua, una localidad que es sinónimo de artesanía en todo el país, donde el sentimiento navideño se perpetúa más allá del mes de diciembre haciéndose notar durante todo el año.

Conocida en México como «el pueblo de la eterna Navidad», descubriremos el motivo de su llamativa denominación, al mismo tiempo que nos empaparemos de la magia que nos brindan sus calles.

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Un asentamiento minero con millones de bolas de Navidad

Tlalpujahua de Rayón – su topónimo oficial - enraíza sus orígenes en la época prehispánica, pero es a partir de la colonización cuando comienza a destacar como un importante centro minero de la región. La vecina población de El Oro de Hidalgo no deja lugar a dudas del protagonismo que la actividad de extracción de este metal, junto con la plata, ha tenido en toda esta área del centro de México.

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Una actividad que supuso un fuerte desarrollo durante siglos hasta su decadencia y cierre tras el primer cuarto del siglo XX, cuando un grave accidente sepultó bajo un alud de tierra todo un barrio de Tlalpujahua.  

Alejandro Linares Garcia

Tierra natal de los hermanos López Rayón – de quienes procede el apellido de la población -, unas de las figuras más destacadas del movimiento de independencia mexicano, Tlalpujahua se reconvirtió económicamente gracias a un emigrante que se impregnó en Chicago de la industria ligada a los elementos navideños. A su regreso, Joaquín Muñoz Orta creó junto a su esposa un taller de bolas de Navidad que fue creciendo con los años. Su saber hacer artesanal fue transmitiéndose a otras personas de la comunidad hasta crear una actividad pujante en el municipio que emplea a más de 1500 personas actualmente. 

Tras más de cuarenta años de tradición y convertida en uno de los mayores centros mundiales de producción de bolas de Navidad, Tlalpujahua conserva en sus talleres la manera tradicional de fabricación tanto en el soplado del vidrio como en la decoración.

La enorme producción, mantenida durante todo el año y el gran porcentaje de población que se dedica a esta actividad, hacen que la Navidad sea omnipresente en cualquier mes del calendario, siendo un motivo de orgullo de sus habitantes.

El punto álgido se alcanza entre los meses de octubre y diciembre, con la celebración de la Feria de la Esfera – en 2020 ha cumplido 21 años bajo estrictas normas sanitarias -. Un largo evento que tiene como epicentro el Palacio Municipal y las calles de la villa, donde cientos de artesanos exponen sus diseños e inundan la población de adornos navideños hechos a mano, con las bolas – esferas – como absolutas protagonistas.
Uno de los Pueblos Mágicos de México desde 2005

Tlalpujahua no solo es «el pueblo de la eterna Navidad». Sus vetustas calles empedradas, su arquitectura virreinal, sus hermosas panorámicas entre cerros, su colorido, su historia y su rica y variada artesanía de plumajes, cerámicas, obras de cantería, popotillo – arte realizado a través de fibras naturales -, junto con los ya citados adornos navideños, han hecho que sea nombrada en 2005 «Pueblo Mágico».

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La vida cultural de la población cuenta con la mejor aliada en la casa natal de los hermanos López Rayón, célebres participantes en la insurgencia contra el poder colonial español, convertida hoy en día en museo, donde además de abordar este hecho histórico se difunde la tradición minera de la región y se da cabida a múltiples manifestaciones culturales.

Mientras, arquitectónicamente hablando, el Santuario de Nuestra Señora del Carmen es el edificio más relevante de Tlalpujahua. Antiguamente conocido como la Parroquia de San Pedro y San Pablo, este templo erigido en lo alto de una colina es una de las mejores representaciones del estilo barroco de México gracias a su fachada. Una obra sublime desde la que otear la imagen de una ciudad inundada de colorido por cada rincón, donde tanto casas como iglesias, conventos, escalinatas y calles empedradas nos muestran un estilo donde predomina el mestizaje de culturas.