Tiempo de ballenas en Península Valdés

Dos angostos golfos recortando su geografía triangular y una altitud que apenas supera el centenar de metros destacan la curiosa forma de la Península Valdés de la costa argentina. Prominencia patagónica que, unida al continente por un largo istmo, destaca no solo por la extraordinaria vida animal que alberga a lo largo del año sino como el mejor lugar del mundo para encontrarse con la confiada y robusta ballena franca austral.

Mar Ramírez
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Foto: Juan Carlos Muñoz

Apuesta por que el viento que recorre el paisaje estepario de la Patagonia no sople, y si lo hace, que apenas sea una brisa marina para que no impida disfrutar de uno de los momentos más emocionantes de la llegada a Península Valdés, como es escuchar el resoplido que la ballena franca austral emite cuando respira. Además de contemplarlo, pues al mismo tiempo lanza una aspersión de agua en forma de uve por los espiráculos de su cabeza, bien visible desde lejos.

Baste para ello la certeza de saberse en el mejor lugar del planeta para ver a esta tremenda ballena, cuyas hembras pueden alcanzar hasta 17 metros de longitud, a la que le gusta frecuentar aguas cálidas durante los meses del invierno austral. Es entonces cuando alcanzan las aguas que contornean la Península Valdés e incluso penetran en aquellas más calmadas de sus dos golfos -San José al norte y Nuevo al sureste-, concentrando la mayor población de ballena franca austral del mundo. Por ello es casi seguro que al asomarse a alguno de los miradores panorámicos que surgen desde la misma carretera de acceso a la península ya se aviste la primera ballena franca austral o se distingan sus soplos incluso a gran distancia.

Especia en peligro

Esta ballena que ahora respira relajada en las aguas de la península vivió, sin embargo, tiempos difíciles pues permaneció varias décadas, desde que se iniciara su caza en el siglo XIX, al borde la extinción debido a ser una de las primeras especies cazadas regularmente con fines comerciales. Incluso hoy en día está considerada como una especie vulnerable por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Sus movimientos lentos y visibles en la distancia y su abundancia en grasa la convirtieron en presa fácil de los balleneros. Los ingleses le concedieron su nombre (right whale) por ser la ballena adecuada para perseguir, ya que incluso flota una vez muerta, facilitando con ello el proceso de caza. De hecho resultará de lo más sencillo distinguir a alguno de estos enormes ejemplares, que son fácilmente reconocibles, oteando la superficie oceánica. Ayuda a su identificación su espalda muy ancha y una gran cabeza cubierta de grandes callosidades de piel rugosa de color tostado (infección masiva de crustáceos conocidos como los piojos de la ballena), que incluso permiten diferenciar a cada ejemplar pues se mantienen en forma y lugar de su cabeza durante toda la vida del individuo.

Su gran boca muy arqueada como una gran sonrisa y la confianza que muestra ante la proximidad del hombre hacen que aproximarse a ella sea posible. Sobre todo porque los expertos pilotos de los barcos que en excursiones ecoturísticas salen desde la misma playa de Puerto Pirámides, la única población dentro de la reserva situada en el istmo de la península, cumplen estrictamente con la normativa impuesta para evitar que se moleste a las ballenas. Apoyados en su amplia experiencia respecto al comportamiento de los animales y el respeto que muestran durante el acercamiento, convierten estas salidas en una de las actividades de avistamiento de animales más valoradas del mundo.

Saltos y coletazos

Las crías que acompañan a las madres permanecen junto a ellas hasta que alcanzan el año de vida y se amparan en su protección nadando a su. En ocasiones las madres les permiten acercarse al casco de los barcos después de que ellas mismas, tras un análisis con su mirada curiosa a través de un atento ojo que emerge junto a la embarcación, sopesan la actitud de sus ocupantes. Si la ballena adulta lo permite, la curiosidad juvenil permite disfrutar de las actitudes más simpáticas y activas de la especie ya que los jóvenes van y vuelven repetidamente alrededor del barco y reproducen incluso los saltos que realizan en superficie los mayores, sacando gran parte de su cuerpo fuera del agua, o efectúan los golpes de cola que son también parte de la conducta habitual de la especie. Si surge la oportunidad de ver a algún adulto realizando dichos juegos y saltos, se comprobará cómo la zona ventral del cetáceo es blanca y sus aletas pectorales son anchas y con forma de pala. Uno de los gestos más llamativos de la ballena franca austral es una llamativa actitud que en ocasiones adopta. La suelen realizar después de respirar, tras lo que suelen permanecer alrededor de 30 minutos bajo el agua o curiosamente se sitúan en perpendicular a la superficie del mar. Posición en la que, sin embargo, mantienen sus aletas caudales, con una característica forma triangular y de bordes lisos, fuera del agua. Este comportamiento se apunta como mecanismo para termorregular la temperatura corporal.

En las idas y venidas en pos de las ballenas no será difícil encontrarse con los saltos de los delfines oscuros o de Fitzroy, identificables por las conspicuas líneas blancas de sus costados, o la tonina overa o delfín de Commerson, con gran parte de su redondeado cuerpo en color blanco y la cabeza negra. Ambos aparecen en grupos familiares y buscan la diversión alrededor del oleaje que provoca la proa del barco. También es sencillo que el barco se aproxime a alguno de los islotes costeros donde los cormoranes imperiales y roqueros se solazan hasta que la marea oculte los salientes rocosos.

Con la pasión ballenera ya satisfecha, nada mejor que dedicarse a explorar las seis reservas naturales que atesora la Península Valdés. Dependiendo de la época del año, los pingüinos de Magallanes se verán por centenares en las playas del golfo de San Matías, alrededor de una antigua factoría donde se explotaba el aceite de los lobos marinos. No obstante, para acercarse más a este colosal mamífero, así como a los elefantes marinos, hay que dirigirse a las inmediaciones del faro de Punta Delgada, al pie del cual todos los años se reúne una notable colonia de cría. Es un bellísimo mirador desde el que aprovechar el disfrute del extenso y solitario panorama de esta costa árida y de pocos accidentes que es enclave favorito para una especial y singular fauna marina, dispuesta a sorprender y a emocionar al visitante a cada movimiento.