Tenerife, la isla de la eterna primavera

La zona norte de Tenerife, desde el Valle de la Orotava hasta la Isla Baja, combina a la perfección naturaleza, relax, cultura y ocio. 

Irene González
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Foto: underworld111 / ISTOCK

Tenerife es un destino con un sin fin de atractivos. Playas, parques naturales, pueblos con encanto, y naturaleza a rabiar, se funden con arte, cultura y gastronomía. En sus más de 2.034 kilómetros de extensión ofrece tantas opciones que es difícil decantarse Sus Parques Naturales, el majestuoso Teide, sus playas, su clima y su arraigada cultura, hacen de la isla más grande de las Canarias una increíble opción para una escapada de eterna primavera. Tenerife es una isla cuajada de contrastes y microclimas. En su desconocido norte se alzan pueblos y villas sorprendentes, con un rico atractivo natural, y una amplia oferta cultural. La muy Noble, Leal, Fiel y de Ilustre Historia San Cristóbal de La Laguna, posee tantos atractivos, que es necesario perderse en sus calles y rincones. Esta ciudad colonial, está llena de tascas, músicos callejeros, restaurantes y bares.

No muy lejos, se encuentra otra gran villa, casi anónima. Icod de los Vinos, con su Drago Milenario, único en el mundo, sus bellas callecitas empedradas, placitas y fuentes, posee un casco antiguo cuajado de patrimonio histórico y artístico. En Icod de los Vinos, nada mejor que una tarde de catas en sus bodegas. Y en su parte alta, es imprescindible la Cueva del Viento, uno de los mayores tubos volcánicos del planeta Y como no, subir al Teide, la montaña más alta de España. La costa tinerfeña está salpicada por charcos naturales y recovecos donde el agua se cuela en las formaciones irregulares de las piedras volcánicas. La mejor manera para terminar el día, después de visitar los parques, bañarse en la playa, bucear en el mar o pasear por los valles, es inmortalizar atardeceres.

El crepúsculo en Tenerife  es espectacular. Si está despejado, su cielo luminoso y estrellado, es pura magia. Desde el Observatorio Astronómico se contempla uno de los más bellos cielos del Universo, tal y como afirmó el astronauta Neil Armstrong. Y no hay que perderse es espectacular atardecer que ofrece el Faro de la Punta de Teno, uno de los siete faros que balizan las costas de la isla. Otro gran desconocido es la gastronomía autóctona, donde las papas arrugás con mojo, son el sello de identidad. Delicioso el conejo al salmorejo acompañado con alguno de los diez vinos Denominación de Origen de los valles de la Orotava y de Güímar. Y como no, la caballa, la vieja y el mero.