Tena, el valle encantado

El Valle de Tena supone un viaje en el tiempo, entre alta montaña, bosques, ibones, y parajes increíbles. Este valle encantado es uno de los menos conocidos, y mejor guardados. Un paseo entre crestas, lagos, glaciares, bosques y creencias ancestrales, que fascinan y asombran.

Irene González
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Foto: Santiago Rodriguez Fonto / ISTOCK

Recorremos un valle encantado de pueblos ocultos y creencias ancestrales. El Valle de Tena, desde Sabiñánigo hasta El Portalet, es uno de los más extensos del Pirineo, con una superficie de más de 400 kilómetros cuadrados, y una altitud superior a los 3.000 metros. En este valle glaciar se entremezclan la inigualable belleza de sus paisajes, bosques, lagos, sus míticos embalses de Lanuza y de Búbal, e impresionantes picos, con pueblos de arquitectura de alta montaña. Sin duda, es uno de los más bellos del Pirineo. Está cuajado de increíbles rincones, iglesias y ermitas. Posee aguas termales que ya usaban los romanos, la tirolina doble más larga y alta de Europa, alta montaña para escaladores y una excelente mesa para gourmets. Este valle sirvió como refugio a los rebeldes y fue paso fronterizo para el estraperlo.

Entre los siglos XVI y XVIII, algunos valles del Pirineo se dividían en quiñones, un tipo de demarcación geográfica que estuvo vigente hasta principios del siglo XIX. Los quiñones compartían leyes y privilegios y eran administrados por las periódicas Juntas Generales del Valle. El Valle de Tena estaba formado por tres quiñones, y de aquel tiempo ha quedado el insólito Arca de los Privilegios, que simboliza la unión y organización de los quiñones de Tena. En él se guardaban documentación y los privilegios del valle. El Arca tiene una singular triple cerradura, y cada quiñón guardaba una de las tres llaves, por lo que este arca solo podía ser abierto mancomunadamente. También han quedado casas de pastores desperdigadas por las angosturas, donde el vaquero se resguardaba en verano y otoño. Y muchos de sus pueblos, se vieron abocados a su desaparición bajo las aguas de los pantanos.

Cuando las presas comenzaron  a inundar las villas, sus habitantes las abandonaron. Pero, tanta belleza no podía desaparecer, y fruto de cálculos exagerados o de la providencia, una vez que los embalses estuvieron hasta su límite de agua, se observó que las poblaciones quedaban por encima del agua, lo que además, les añadió mayor belleza, aún si cabe. La entrada al Valle de Tena presenta una muestra del encanto y majestuosidad que guarda. El estrecho de Santa Elena, impresionantes restos de una antigua morrena glaciar, con la ermita, el fortín y un espectacular dolmen, no pueden ser mejor tarjeta de visita. Un paseo por la magia de Hoz de Jaca, Piedrafita, El Pueyo, Tramacastilla de Tena, Panticosa y su balneario, Lanuza, Sallent de Gállego, hasta llegar a Formigal para sentir El Portalet, la frontera natural con el país vecino.

Todo un viaje en el tiempo entre alta montaña, bosques, ibones y paisajes increíbles. Es uno de los valles menos conocidos y mejor guardados. Todo un lujo para descubrir.