Todavía queda carretera cuando empieza a amanecer sobre el desierto de Nubia. Muchos viajeros salen de Asuán de madrugada y llegan a Abu Simbel cuando el sol ya ilumina el lago Nasser. Después del trayecto aparece una pared de roca y, al doblarla caminando, cuatro figuras sentadas de Ramsés II ocupan prácticamente toda la fachada. Cada coloso ronda los 20 metros y uno conserva a sus pies los fragmentos que cayeron tras un terremoto antiguo.

Incluir Abu Simbel en un viaje a Egipto significa desplazarse hasta casi la frontera con Sudán para conocer dos templos excavados en la montaña durante el reinado de Ramsés II, alrededor del siglo XIII a. C. La visita gana todavía más interés cuando se descubre que el lugar que vemos hoy no es exactamente aquel en el que fueron construidos: durante la década de 1960 tuvieron que trasladarse para evitar que las aguas del nuevo lago Nasser los cubrieran.

Gran Templo de Abu Simbel: cuatro colosos de Ramsés II reciben al viajero antes de entrar en la montaña

Acercarse a la fachada permite apreciar detalles que desde las fotografías pasan desapercibidos. Entre las piernas de las enormes figuras aparecen esculturas mucho menores de miembros de la familia real y, junto a uno de los colosos, todavía permanecen sobre el suelo la cabeza y parte del torso que se desprendieron siglos atrás.

Atravesar la puerta significa pasar de los cuatro gigantes de la fachada a una sala sostenida por grandes figuras de Ramsés II representado como Osiris. El recorrido continúa hacia cámaras cada vez más interiores hasta alcanzar el santuario, donde aparecen Amón-Ra, Ra-Horakhty, Ptah y el propio faraón divinizado. Entrar con contexto histórico ayuda a entender que la monumentalidad del conjunto también era una declaración política dirigida hacia Nubia.

Vista de la entrada principal de Abu Simbel con las cuatro estatuas custodiando la puerta

Vista de la entrada principal de Abu Simbel con las cuatro estatuas custodiando la puerta / Istock / PaulVinten

El templo de Nefertari: Ramsés II concedió a su esposa un protagonismo excepcional

A pocos metros aparece un segundo templo que muchas visitas rápidas dejan en segundo plano. Está dedicado a Hathor y a Nefertari, gran esposa real de Ramsés II. En la fachada, las figuras de la reina comparten protagonismo con las del faraón, algo especialmente llamativo dentro de la iconografía monumental egipcia.

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En la fachada del templo de Nefertari, las figuras de la reina alcanzan prácticamente la misma altura que las de Ramsés II, algo poco habitual en la representación monumental del antiguo Egipto. En el interior, Nefertari aparece vinculada a Hathor y representada en relieves donde participa en escenas rituales junto al faraón. Merece la pena fijarse en esa igualdad visual desde la propia entrada: aquí la reina ocupa un lugar mucho más destacado que el habitual en otros complejos templarios egipcios.

Abu Simbel fue construido por el faraón Ramsés II en el siglo XIII a. C. como una gran muestra de amor hacia su esposa favorita, la reina Nefertari.

Abu Simbel fue construido por el faraón Ramsés II en el siglo XIII a. C. como una gran muestra de amor hacia su esposa favorita, la reina Nefertari. / Dmitrii Zhodzishskii en Unsplash

Dos veces al año, el sol recorre el Gran Templo hasta llegar al santuario interior

A primera hora del 22 de febrero y del 22 de octubre, la luz entra por la puerta del Gran Templo y recorre el eje interior hasta alcanzar el santuario, situado al fondo de la montaña. Durante unos minutos ilumina las figuras de Ramsés II, Amón-Ra y Ra-Horakhty, mientras Ptah permanece en penumbra. Ese detalle no es casual: Ptah estaba asociado al mundo subterráneo, por lo que su figura queda deliberadamente fuera de la luz.

Durante el fenómeno de alineación solar en Abu Simbel, la estatua del dios Ptah se queda a oscuras porque representa el inframundo y la oscuridad.

Durante el fenómeno de alineación solar en Abu Simbel, la estatua del dios Ptah se queda a oscuras porque representa el inframundo y la oscuridad. / Dmitrii Zhodzishskii en Unsplash

La experiencia se entiende mejor cuando se piensa en la precisión necesaria para conseguirlo. Los arquitectos orientaron el templo de forma que el sol penetrara hasta una cámara interior situada decenas de metros detrás de la fachada, atravesando varias salas antes de llegar al santuario. En febrero de 2026, la iluminación se prolongó durante unos 22 minutos. Verlo en esas fechas implica madrugar mucho y asumir una gran concentración de viajeros, pero también permite presenciar uno de los ejemplos más sorprendentes de cómo la arquitectura egipcia utilizó la luz como parte del propio templo.

Templo de Ramsés II en Abu Simbel, Egipto.

Templo de Ramsés II en Abu Simbel, Egipto. / Richmatts

Abu Simbel fue cortado en más de mil bloques para salvarlo de las aguas del lago Nasser

La historia más sorprendente llega después de haber recorrido los templos. En los años sesenta, la construcción de la presa de Asuán y la formación del lago Nasser amenazaban con inundar numerosos monumentos de Nubia. En Abu Simbel se tomó una decisión extraordinaria: desmontar los templos y reconstruirlos en un punto más elevado.

Los trabajos comenzaron cortando el conjunto con sierras. Más de mil bloques de unas 30 toneladas fueron numerados, trasladados y reconstruidos dentro de una montaña artificial situada 64 metros por encima del emplazamiento anterior y unos 180 metros tierra adentro. Abu Simbel volvió a inaugurarse en su nueva ubicación en septiembre de 1968 y la operación se convirtió en uno de los grandes proyectos internacionales de conservación del patrimonio.

Abu Simbel, Egipto  Este complejo de dos templos egipcios excavados en piedra data del siglo XIII a.C, del reinado de Ramsés II. Este complejo fue descubierto a principios del siglo XIX y cambiado su emplazamiento en 1968 debido a la construcción de la presa de Asuán, que inundó la localización original. El mayor de los templos está dedicado a las deidades Ra, Ptah y Amón y cuenta con cuatro enormes estatuas de Ramsés II. Por su parte, el templo más pequeño está dedicado a la diosa Hathor, personificada en Nefertari, la esposa favorita de Ramsés II.

Abu Simbel, Egipto. Este complejo de dos templos egipcios excavados en piedra data del siglo XIII a.C, del reinado de Ramsés II. Este complejo fue descubierto a principios del siglo XIX y cambiado su emplazamiento en 1968 debido a la construcción de la presa de Asuán, que inundó la localización original. El mayor de los templos está dedicado a las deidades Ra, Ptah y Amón y cuenta con cuatro enormes estatuas de Ramsés II. Por su parte, el templo más pequeño está dedicado a la diosa Hathor, personificada en Nefertari, la esposa favorita de Ramsés II. / Al Franklin/Corbis

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Imaginar un viaje por Egipto es fácil; lo complicado suele ser decidir cómo encajar todo lo que merece la pena conocer. Combinar El Cairo, Luxor, Asuán, un recorrido por el Nilo y Abu Simbel exige valorar distancias, horarios y qué lugares merecen una noche adicional. Contar con expertos que conocen el destino permite convertir esa idea inicial en un recorrido coherente y adaptado a cada viajero. Por eso, Club VIAJAR se ha unido con PANGEA para ayudarte a dar ese paso y empezar a viajar a tu manera.

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