Templos: casi medio millón de pequeños remansos de paz

Además de ser considerados como uno de los pueblos más atentos y acogedores, los tailandeses tienen fama de tomarse la vida con una envidiable serenidad.

Además de ser considerados como uno de los pueblos más atentos y acogedores, los tailandeses tienen fama de tomarse la vida con una envidiable serenidad, debida en parte a su particular modo de entender la espiritualidad. La fe mayoritaria en el budismo -más del 90 por ciento de la población- integra la práctica de la meditación y refleja un deseo de paz, tolerancia y respeto. Como todo varón tailandés debe asumir el monacato durante al menos un breve periodo de su vida -que puede ser de entre una semana y tres meses-, resultan muy habituales las coloristas imágenes de monjes ataviados con túnicas azafrán orando o meditando en los templos y caminando por las calles de la ciudad con sus cuencos, con los que deben mendigar el alimento. Las imágenes de Buda son infinitas, aparecen por doquier, dentro y fuera de los recintos sagrados, pero lo más relevante y significativo reside en el impresionante número de templos, casi medio millón, sumándole a los monasterios más renombrados la ingente cantidad de refugios místicos con que se entreteje el tejido urbano de la capital. No existe un día específico de la semana para el recogimiento espiritual, pero sí fechas propicias marcadas por el calendario lunar cada siete u ocho días, en las que las delicadas ofrendas de ornamentos florales, incienso y velas se acumulan a los pies de las estatuas, dando fe de una religiosidad íntima y silenciosa. Por su parte, los credos de antaño sobre espíritus protectores también siguen latentes, salpicando el paisaje urbano con diminutos y encantadores templetes sujetos a un poste, donde tampoco faltan estéticas ofrendas delatadoras de la devoción popular.