El Temblar, un bosque de locura

Este increíble paraje extremeño, que guarda cinco árboles míticos, transporta a épocas medievales y posee ejemplares con más de 800 años de vida.

Irene González
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Foto: Estellez/iStock

Son muchos los encantos que se encuentran en el cacereño Valle del Ambroz, pero existe uno, mágico y secreto, que guarda el fantástico tesoro de los Castaños del Temblar. Se hallan en un indescriptible paraje natural, dentro de un antiguo huerto cercano al arroyo del Temblar. Aquí viven cinco castaños centenarios, que son auténticos colosos naturales. Ubicados a menos de dos kilómetros de Segura de Toro, a este bosque de cuento se llega a través de arces y saúcos para, entre un cálido recorrido, encontrarlos en la cima donde se alzan desafiantes. Es un entorno de ensueño, donde los el vuelo rasante de los gavilanes deja sin habla, y el sonido de los pájaros, acompaña en la subida hacia el mítico bosque.  El Temblar tiene un gran atractivo, hechiza por la frondosidad de sus ramas, de sus hojas, y de su paleta de tonos imposibles.

Estos ancianos tienen entre 500 y 800 años de edad, y su altura, robustez y grosor, los hace verdaderos titanes. La mejor época para visitarlos es en primavera, cuando brotan sus hojas nuevas, están en todo su esplendor. A pesar de crecer en un mismo entorno, cada uno tiene un aspecto vegetal muy diferente. Casi se puede definir su carácter por la apariencia, única e inconfundible, de cada castaño. Asentado en la zona más baja de la finca, está el Castaño Hondonero, el que con sus 700 años, da la bienvenida a este paraíso. Cercano al arroyo se encuentra el Castaño del Arroyo, con su tronco abierto en cinco rebrotes. Es el ejemplar más viejo de todos, con más de 800 años. El Castaño Bronco, con  espirales en su tronco, y sus ramas retorcidas, supra los 700 años.

Más allá, está El Retorcío, con una hermosa corteza de grandes nudos y fibras curvadas. Y en lo más alto, donde antaño se explotaban las castañas, está El Menuero, el que produce los frutos más pequeños. Además, el Valle tiene grandes atractivos. Sus piscinas naturales son la mejor propuesta para refrescarse y descansar. Y como no, sus pueblos y villas, cargadas de historia y tradición. Como Aldeanueva del Camino, en la que, en plena Vía de la Plata, los romanos establecieran un importante campamento, de los que se conservan puentes, lápidas e inscripciones de la época. O Gargantilla por la que pasaron vettones, celtíberos, romanos y godos. Y La Garganta, con su gran iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del XV, la Casa del Cura, Patrimonio Histórico, su Pozo de Nieve, y las antiguas loberas.

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