Tarangire, naturaleza en estado puro

Pocos lugares como el Parque Nacional del Tarangire, en Tanzania, ofrecen una representación tan espectacular y real de África. Es la tierra de los baobabs milenarios, de las grandes manadas de elefantes, la mosca tsé tsé que ahuyenta al ganado, los singulares licaones y el antílope jirafa.

Julio Teigell

El Parque Nacional de Tarangire, con una extensión de 2.600 kilómetros cuadrados, está situado en el norte de Tanzania, a unos 106 kilómetros de Arusha, en las amplias llanuras herbáceas que conforman la estepa maasai. Toma su nombre del río Tarangire, que atraviesa el Parque y constituye la única fuente permanente de agua en esa zona durante los meses sin lluvias. La concentración de animales salvajes en el Parque durante la estación seca, de junio a noviembre, es espectacular. Los rebaños migratorios de ñus, cebras, gacelas y grandes antílopes, entre los que destacan el enorme eland y el elegante oryx, obtienen en el Tarangire el agua que escasea en el resto del territorio maasai. Así que se reúnen junto al lecho del río ofreciendo al visitante un espectáculo único, que también celebran, por otros motivos, sus depredadores naturales.

Durante los meses de lluvia, las manadas de herbívoros se dispersan en un área de más de veinte mil kilómetros cuadrados, desde el Lago Natron (al norte del Tarangire) hasta las llanuras de Simanjiro (al este del Parque). Sólo permanecen todo el año en Tarangire las especies no migradoras, como los búfalos, las jirafas, los antílopes acuáticos, los rinocerontes negros, los bellísimos impalas o los pequeños dik-diks, entre otros muchos animales.

En Tanzania, Tarangire es el parque de los grandes baobabs. Las llanuras del parque están pobladas por diferentes variedades de acacias y zonas de bosques muy bellas en las que se alzan los tamarindos y el llamado árbol de las salchichas, la kigelia africana, pero el emblema del parque, la primera visión que recibe el visitante, son los majestuosos baobabs. Los baobabs africanos (también hay en Australia) son como gigantes de múltiples brazos y tronco corpulento que salpican grandes áreas del Parque Nacional de Tarangire y le confieren una personalidad única entre los parques de África Oriental.

El paisaje de colinas suaves y onduladas del norte del Parque es el que está más dominado por estos maravillosos árboles que parecen empequeñecer a todos los animales que se alimentan bajo ellos. Son los más grandes del lugar y también los más viejos. Se calcula que muchos de estos árboles han superado los mil años de edad. La forma de botella roma característica de los baobabs sólo la alcanzan los ejemplares adultos a partir de los 200 años. Se cree que algunos ejemplares pueden haber alcanzado los 2.000 e incluso los 3.000 años. A la sombra de los ancianos y poderosos baobabs, en Tarangire es frecuente poder ver, sobre todo en la estación seca, grandes manadas de elefantes. Las intensas y prolongadas lluvias de los últimos tres años han reducido la densidad de las concentraciones, pero aun así es fácil ver grandes grupos. La población total de elefantes del Parque se calcula en unos 4.500 ejemplares, unos 1.500 más de los registrados hace dos décadas.

El rinoceronte negro solía ser común en el Parque hace muchos años, pero la terrible caza furtiva redujo su población. Hoy sólo quedan unos pocos ejemplares. Las medidas contra los furtivos desarrolladas por la administración del Parque en la última década han sido efectivas y permiten suponer que la población de rinocerontes negros se ha ido recuperando. La mayor protección del Parque frente al ganado doméstico y la extensión de los territorios de pastoreo ha sido y es la presencia de la mosca tsé tsé. La tsé tsé presente en Tarangire no afecta a los humanos, pero sí al ganado, al que produce la temida nagana, la enfermedad del sueño. La tsé tsé obtiene su alimento más frecuente de los facóqueros, a los que no produce ninguna enfermedad, pero su presencia ha sido decisiva en la conservación del Parque frente a los intereses expansivos de los ganaderos locales. Para los turistas, apenas supone una molestia durante unos minutos, los que se tardan en cruzar los límites en los que la mosca opera. Unos minutos durante los cuales hay que protegerse, con tranquilidad, de unas picaduras semejantes a las de un tábano.

La zona de la parte más al norte del Parque limitada por las fronteras oriental y occidental y el río Tarangire en su camino hacia el oeste hasta el Lago Burunge se denomina Lemiyon. Su vegetación se compone de terrenos herbáceos abiertos sobre suelo de Algodón Negro, una zona de bosque de combretum dalbergia y llanuras con acacias de copa plana, arbustos cepillo de dientes y majestuosos y viejos baobabs. En esta zona son comunes los ñus de barba blanca, herbívoros amenazados constantemente por numerosos predadores, entre los que se encuentran los singulares licaones, perros salvajes africanos que han desaparecido en muchas zonas del continente. Son de color marrón, con manchas blancas y negras y grandes orejas redondeadas. Viven en grupos de 6 a 20 ejemplares y se mueven en zonas de muchos kilómetros cuadrados. Son muy eficaces cazando a sus presas.

La zona situada en el norte cerca del puente de Engelhard, sobre el río Tarangire, es conocida como Matete y toma su nombre de las altas hierbas de elefante y juncos que crecen a lo largo de las orillas del río. La vegetacion de esta zona está dominada por las acacias tortilis y de copa plana y los baobabs. En esta zona de Malete son particularmente comunes los babuinos oliva, que se establecen en tropas de 30 a 100 individuos y se alimentan de hierbas, raíces e insectos, aunque no son raras las ocasiones en que capturan crías de impala, otros antílopes e incluso otros monos.

También se puede ver en esta zona al orix de orejas rayadas. Es un antílope de gran tamaño con un cuerpo gris rojizo con rayas negras y unos largos cuernos presentes en ambos sexos, que crecen rectos desde la cabeza hacia atrás. Viven en rebaños de hasta 40 animales, se alimentan de pastos y pueden pasar largos periodos sin beber. Su principal predador es el león, que no siempre consigue dominar a este antílope que utiliza sus poderosos cuernos como lanza defensiva.

Tarangire es, también, el territorio más al sur del área de distribución de uno de los más sorprendentes antílopes: el gerenuk o antílope jirafa. Muy abundante en Kenia y Etiopía, este maravilloso antílope de color marrón, largo cuello y patas blancas se alimenta de las hojas de los árboles y plantas y se le puede ver a menudo levantado sobre sus patas traseras, alargando el cuello para buscar su comida.

En el límite del Parque, junto a una enorme roca fósil, un kopje, hay una hermosa vista del Lago Burunge, el Lago Manyara y el Valle del Rift al fondo. Flamencos y pelícanos inundan las orillas de los dos lagos salados. Con suerte, también se podrá ver algún rinoceronte negro cerca de los territorios dominados por el leopardo. Es una majestuosa representación de África.