Tabernas. El único desierto de Europa donde ruedan las estrellas de Hollywood

3, 2, 1… Acción. Esta es la historia del único desierto de Europa. Sin él no se entiende el spaguetti western.  Ni el polvo. Ni el desenfundar de los revólveres. Estamos en Tabernas.  Silencio. Aquí se rueda. Entramos en el Minihollywood, el mayor plató de cine western del continente.

Yolanda Guirado
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Foto: David Martín López

La muerte tenía un precio

GETLY ARCE

El único desierto de Europa alberga el Minihollywood; un viaje en el tiempo. (Sin documentos y con muchas ganas de cine). Esto es la ciudad de Yuca City y estamos a finales del siglo XIX. El lejano oeste se abre ante nosotros.

Nos sentimos como Clint Eastwood en el gran spaguetti western de todos los tiempos. Por un lado El Bueno. Por aquí El Feo. Y a escasos metros, sin que nos demos cuenta, se planta frente a nosotros El Malo. 

David Martín López

Y allá, en el horizonte, las montañas parecen no terminar nunca. Estamos en la frontera entre USA y México. Tan auténtico es este decorado cinematográfico que no dudamos ni un segundo. El calor aprieta. Es parte de la experiencia.

Y los edificios del poblado tienen tanta historia como la de “Por un millón de dólares”. Si hablaran nos contarían que hace sesenta años, estos insólitos y desconocidos parajes se convirtieron por primera vez en un decorado de cine. Entonces la soledad dio paso a las cámaras, a las luces, a maquilladores y estilistas. A las estrellas del celuloide.

Duelo en el desierto

Redacción Viajar

Es mediodía. No pasa ni un minuto de las 12. Estamos en la plaza del poblado. Aquí la vida vale un penique. Y los buenos y malos solucionan sus problemas revólver en mano. Mucha acción, caballos y música. Vivimos en primera persona la mejor película del género western: el show del oeste. Las visitas al parque se mezclan con producciones reales. Hasta 10 se ruedan aquí al año. 

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No estamos dispuestos a perdernos el baile del Can Can en el Salón. Este escenario ha dado la vuelta al mundo no una si no mil veces. En “El Bueno, El Feo y el Malo” era el hotel de la película.

Nos cuentan, antes de que empiece, que no hace mucho tiempo, Eli Wallach (El Feo), entró en el salón y en un español perfecto dijo: “Por aquella ventana saltaba yo y capturaba a Clint Eastwood”. Eso pasó justo aquí. Donde ahora nos encontramos. Empieza la música. El espectáculo debe continuar. Las anécdotas vendrán después.

Del oeste a la sabana

David Martín López

El Museo del Cine merece una visita. Proyectores y piezas del siglo XIX. El valor es incalculable. Como el de esos poster de cine. Y es aquí donde descubrimos la cantidad de películas que se rodaron aquí. Tantas, que en los años 70 coincidían varias producciones a la vez. Los ayudantes de dirección de diferentes películas no tenían otra alternativa: se reunían para organizar la jornada y no interferir en el resto de rodajes.

Redacción Viajar

Y llegamos al Museo de Carros. Diligencias del siglo XIX. Carruajes que un día, cuando no levantábamos dos palmos del suelo, nos hicieron soñar. Y quisimos ser vaqueros. Y jugamos a indios. Y fuimos Gary Cooper, Clint Eastwood, Lee van Cleef, Claudia Cardinale y Rachel Welch. Y nos creímos la superpoderosa Cleopatra. (Entonces también había super heroínas). Nos hicimos nuestra propia Última Cruzada al estilo del mismísimo Indiana Jones. Y aprendimos que “La muerte tenía un precio”.

David Martín López

La Reserva Zoológica nos aguarda en el desierto de Tabernas. Es otro de los secretos de Minihollywood. Estamos en plena sabana africana. Más de 800 animales ante nuestros ojos. La BSO suena diferente. A la del rugir de los leones. Quién sabe. Tal vez alguno de ellos sea aquel que nos anunciaba que lo que venía a continuación era “una de vaqueros”.