¿A qué te suena Chan Chan? El asombroso lugar que hay detrás de este nombre

Descubre la ciudad de adobe más grande de América, Patrimonio de la Humanidad

José Miguel Barrantes Martín
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Como si se tratase del título de la famosa canción compuesta por el genial Compay Segundo, Chan Chan nos remueve por dentro al ritmo del son cubano. Un nombre con alma musical y un toque infantil – como el cuento que inspiró la letra de la canción -, que tiene, sin darnos cuenta, una bucólica relación con un lugar asombroso.

En efecto, la historia que soñó Compay Segundo nos habla de Juanica y Chan Chan, que cernían la arena en el mar. Y precisamente la arena es la protagonista absoluta de ese lugar asombroso llamado Chan Chan, situado en el Perú.

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La ciudad del «Sol resplandeciente»

Chan Chan es un nombre de origen precolombino que significa literalmente «Sol Sol» - transcrito normalmente como «Sol resplandeciente» - y la manera en la que se bautizó una ciudad de adobe construida por los chimúes, un pueblo preincaico que vivía a lo largo de la costa norte del actual territorio de Perú. Una impresionante extensión que constituye la ciudad de adobe más grande de América y la segunda del mundo. Emplazado junto a la población de Trujillo, este vasto y sorprendente yacimiento arqueológico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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La denominación de la ciudad en clara alusión al astro rey nos pone en aviso del intenso sol que soportan estas tierras, razón por la cual el adobe sirvió a los chimúes como un material adaptativo al medio debido a las altas temperaturas. Las diez ciudadelas que forman la que fuera capital del reino Chimor son la máxima expresión del poderío que llegó a alcanzar este pueblo en América del Sur, llegando a un grado de desarrollo urbano de cotas asombrosas en la ciudad de Chan Chan.

Un conjunto arqueológico de dimensiones colosales

Desde el primer rey de Chan Chan, Tacaynamo, hasta el último de la dinastía, Minchancaman, los diferentes soberanos que fueron gobernando la capital del reino Chimor construyeron cada una de las diez ciudadelas cuyos restos podemos aún admirar hoy en día. Toda esa parte, considerada el núcleo del yacimiento arqueológico, ocupa unos seis kilómetros cuadrados, cuya área total alcanza los veinte. Una vasta extensión situada a tan solo cinco kilómetros de Trujillo, ocupando el valle de Moche en toda su magnitud desde que fuera conquistada por los incas en el siglo XV.

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Antes de ese momento, Chan Chan había ido creciendo desde el siglo IX hasta contar con varias decenas de miles de habitantes, ocupando el valle de Moche con un sinfín de construcciones de todo tipo perfectamente estructuradas a lo largo de avenidas. Las ciudadelas, las partes más bellas y mejor conservadas de todo el sitio arqueológico, son grandes recintos amurallados que sobresalen por sus espléndidos muros decorados con altorrelieves.

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Muros que, en algunos casos, como en el Palacio Tschudi – lleva el nombre del primer investigador de Chan Chan, en el siglo XIX – alcanzan los diez metros de altura y los cuatro de grosor; en otras ubicaciones, las murallas de barro suponen prolongaciones de varios cientos de metros, ricamente decoradas con motivos geométricos o alusivos a animales, formando conjuntos de incalculable valor visual y arquitectónico. Las paredes de caña y barro de las construcciones, acopladas sobre soportes de madera, son la tónica general de la inmensa ciudad de adobe, dando lugar a una espectacular red monumental que constituye uno de los sitios arqueológicos más importantes de toda América del Sur.

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La ciudadela Nik An – la única visitable de las diez – es el mayor referente de esta cultura precolombina, la mejor restaurada y un verdadero regalo para la vista, además del icono de una de las mayores ciudades de adobe del mundo.