Sortelha, el pueblo portugués del 'Beso eterno'

Cuando las leyendas nos hablan de lugares...

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Luis Fonseca / ISTOCK

El centro de Portugal nos brinda la oportunidad de acercarnos hasta un punto geográfico ampliamente reconocido en las últimas décadas por su valor tanto histórico como turístico. Una aldea medieval con mayúsculas, de las que no defraudan.

Sortelha – que significa «sortija» en castellano – es, como su propio nombre indica, una pequeña joya situada en la Raya, ese espacio fronterizo entre España y Portugal que nos ha unido y enfrentado a partes iguales a lo largo de los siglos.

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Nos disponemos a penetrar en las gruesas murallas de esta antiquísima población para recorrer sus empinadas calles entre moles graníticas, esperando conocer los entresijos de la curiosa leyenda del «Beso eterno» que envuelve a Sortelha desde tiempos ancestrales.

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Una de las más bellas aldeas históricas de Portugal

Se ha especulado sobre el origen del topónimo de Sortelha sin llegar a concluir ninguna teoría como la verdadera, aunque bien es cierto que se suele admitir que la forma de sus murallas en forma de anillo puede haber tenido una posible influencia a la hora de perpetuar este nombre.

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No obstante, esta freguesía portuguesa del distrito de Guarda nació como villa fortificada medieval a partir de una naturaleza defensiva en un contexto de luchas fronterizas. Antes de eso, un castro y un asentamiento musulmán habían ocupado la plaza que hoy en día han reemplazado los anchos muros de granito de esta bella población lusa.

El nuevo núcleo extramuros nada tiene que ver con las vetustas piedras que podemos encontrar en la parte histórica de Sortelha, en lo alto del promontorio granítico sobre el que se levanta.

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Incluida desde 1991 dentro del selecto grupo de Aldeas históricas de Portugal, la Puerta de la Villa nos da la bienvenida al interior de este impresionante recinto amurallado cuyos gruesos muros han impresionado desde antaño a quienes visitaban estos parajes.

Al cruzar la puerta un mundo medieval se extiende antes nuestros ojos, con casas y calles incrustadas entre moles graníticas que se funden con el entorno de manera impecable, creando a su vez un sistema defensivo de gran robustez en su conjunto. El escenario no puede ser más evocador de tiempos pretéritos y a nuestro paso nos encontramos con elementos que no hacen sino refrendar esa idea, como la picota -  el célebre pelourinho -, que es la antesala de la parte más elevada de la población, donde se levanta el castillo con su reconocible torre del homenaje.

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El castillo del siglo XIII forma, junto con las murallas, una zona inexpugnable de marcado carácter defensivo. Una personalidad que conserva testimonialmente puesto que esta parte antigua fue abandonándose progresivamente cuando su función dejó de tener utilidad.

La entrada al castillo impresiona y seduce en un mismo grado. El bello balcón que corona este acceso – conocido como «Baranda de Pilatos» y que en realidad es un matacán – es un perfecto mirador desde sus 760 metros de altitud a los que se sitúa. Desde allí podemos admirar una amplísima vista sobre los alrededores y vislumbrar los límites de las sierras de la Estrella y de la Malcata, los dos conjuntos montañosos entre los que se sitúa la población.

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Desde el castillo parte todo el recinto fortificado, en el que se abren las diferentes puertas al exterior, por lo que una buena idea para visitar la aldea – y diferente – es ir recorriendo la muralla por su parte superior mientras vemos a nuestros pasos las rúas y sus construcciones a nuestros pies. Es de esta forma como mejor distinguiremos la gran capacidad adaptativa de las edificaciones para situarse entre los macizos graníticos, salvando al mismo tiempo las fuertes pendientes.

La leyenda del «Beso eterno»

Está claro que Sortelha vive por y para las piedras, no siendo extraño que muchas de ellas nos cuenten historias y hayan adquirido con el tiempo tintes legendarios.

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El pequeño elefante de piedra que se encuentra en las calles de la aldea – homenaje al escritor José Saramago – pareciera indicarnos con su presencia que Sortelha cuenta con un espíritu literario que da pie a la existencia de historias mágicas y seductoras.

La más representativa de la villa es sin duda la del Beso eterno, que hace referencia física a dos grandes bloques graníticos del entorno del pueblo que dan la impresión de acercarse entre ellos como si fueran dos rostros juntando sus labios para besarse.

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Según la leyenda - anclada en tiempos de la Reconquista -, durante el asedio de la villa por las tropas musulmanas, la bella hija del alcalde se acabó enamorando de un joven de las tropas enemigas que había localizado durante un paseo por las almenas, quien también se vio atraído por la doncella. Impedidos de juntarse por la situación, comenzaron a enviarse mensajes secretos eludiendo la vigilancia de los centinelas, hasta que un buen día el mozo musulmán consiguió sobornar a uno de ellos para permitir un encuentro con la muchacha.

Mientras, su madre, que sospechaba del extraño comportamiento de la joven, siguiéndola les sorprendió mientras se besaban a un lado de las murallas. La mujer del alcalde, que tenía fama de conocer las artes de la brujería, maldijo a la pareja transformándoles de inmediato en piedras y perpetuando el gesto inerte del beso por toda la eternidad.