La sorprendente y desconocida ciudad asiática, situada entre estepas, que viene del futuro: no se parece a ninguna otra capital del mundo
Brillante, mastodóntica, desconcertante y fascinante a partes iguales. La futurista Astaná no se parece a ninguna otra capital del planeta.

Entre las estepas infinitas que marcan el extenso territorio de Kazajistán se alza una ciudad que parece un espejismo más propio de otro mundo. Delineada por modernos rascacielos, amplias avenidas y cúpulas de oro; en ella conviven tradiciones nómadas bajo un rompedor estilo vanguardista.

La estratégica localización de la capital kazaja, en el centro del país y muy cerca de la frontera con Rusia, se decidió en 1997. Tras trasladarse, desde Almaty, el centro político del país, arquitectos de renombre, como Norman Foster, contribuyeron a darle forma. Su climatología extrema, con inviernos helados y veranos calurosos, suma encanto a esta ciudad que habita entre el silencio de su paisaje y su rompedora arquitectura.

Una joven capital
La metrópolis ha recibido varios nombres a lo largo de su breve historia. Akmola o Nur-sultán se intercalaron con el de Astaná hasta que la urbe determinó su identidad en 2022. Construida sobre una pequeña fortaleza del siglo XIX, sus edificios llevan el sello de prolíficos arquitectos.
Uno de los más reconocibles es Bayterek, una torre, con una esfera dorada a 105 metros de altura, que representa un árbol como símbolo del nuevo comienzo de la capital. En su última planta, un mirador permite contemplar la zona gubernamental de la ciudad a un lado y, al otro, las avenidas coronadas por centros comerciales, entre las que se encuentra el Bulevar Nurzhol.

Muy cerca se levanta otro emblema de Astaná, Khan Shatyr. Norman Forter reinterpreta aquí una gigantesca yurta, las tradicionales viviendas nómadas. El complejo alberga una playa artificial con arena traída desde las islas Maldivas.
Otro icono es la Pirámide de la Paz y la Reconciliación. Con su forma triangular, y también bajo la firma de Foster, este espacio dedicado al diálogo entre culturas invita a la reflexión entre blancos pasillos.
Entre los modernos edificios sobresale el edificio más alto de Asia central, Abu Dhabi Plaza cuenta con 311 metros y aún está en construcción. A 15 minutos caminando se alza la enorme mezquita Nur-Astaná.
Astaná fue sede de la Expo en el año 2017, un hito que marcó su faceta más cultural. Para ahondar en ella podemos dirigirnos al Museo Nur Alem. El Museo de la Energía del Futuro se localiza en el edificio esférico más grande del mundo, con 80 metros de diámetro, el que fuera el pabellón principal de la Expo.
El Museo Nacional de Kazajistán es otro de los grandes museos de Asia Central. En sus diferentes espacios recorre la historia del país, desde las antiguas tribus nómadas hasta la actualidad, con la sala de oro, donde se exhiben piezas de este metal, como la más especial.

La ciudad también posee un bonito paseo fluvial a orillas del río Ishim que resulta especialmente agradable de recorrer en primavera o verano, cuando sus cafeterías están a rebosar.
Del futurismo de Astaná a la naturaleza
La capital de Kazajistán es la puerta de acceso a algunas de las impresionantes maravillas naturales del país. Entre ellas destaca Borabay, un parque natural, a tan solo dos horas de distancia, popular por haberse posicionado como centro de salud y recreación. Conocido como “la Suiza kazaja” gracias a sus lagos, rodeados de montañas boscosas, y a su ambiente relajado y refrescante en verano, está protagonizado por un paisaje pétreo de formas imposibles.
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