Sobrarbe: un geoparque único en los pirineos

Desde 2006, la Comarca de Sobrarbe forma parte de la Red Europea de Geoparques dentro del Geoparque Mundial UNESCO Sobrarbe-Pirineos, un territorio rebosante de naturaleza y con unos paisajes montañosos espectaculares.

José Miguel Barrantes Martín
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Apuntaba el Diccio-nario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, la gran obra de 16 volúmenes publicada por el ministro Pascual Madoz a mediados del siglo XIX, que Sobrarbe toma su nombre de la Sierra de Arbe —la frontera natural con la célebre comarca aragonesa de Somontano de Barbastro—, aludiendo a todas esas tierras oscenses que se encuentran más allá de esta barrera montañosa y que llegan por el norte hasta la línea divisoria con Francia.

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Hoy en día, la comarca de Sobrarbe continúa respondiendo perfectamente a esa descripción, habiéndose visto refrendada en el año 2006 con la inclusión del Geoparque de Sobrarbe-Pirineos en la Red Global de Geoparques de la Unesco, coincidiendo en sus límites con los de la propia comarca. El único geoparque de todos los Pirineos se ha convertido desde entonces en una importante referencia de este territorio rebosante de naturaleza y con unos paisajes montañosos espectaculares.

Quizá a estas cualidades haya contribuido decisivamente que más de la mitad de la comarca esté preservada dentro de alguna figura de protección, comprendiendo desde la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala hasta el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido —Patrimonio Mundial de la Unesco en la categoría mixta desde 1997—, pasando por los Parques Naturales de Posets-Maladeta y la Sierra y Cañones de Guara, o incluso el Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos. Figuras a las que hay sumar el valor del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad con que cuenta la comarca, así como el Patrimonio Mundial reconocido en el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo.

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Los más de 2.000 kilómetros cuadrados por los que se extiende Sobrarbe disfrutan de una diversidad de ecosistemas envidiable, vertebrados por ríos como el Ara y el Cinca, que forman grandes valles que se configuran como los corredores en los que se asientan las principales localidades de la comarca, en las que habitan la mayor parte de las poco más de siete mil personas que pueblan estas tierras.

Valles privilegiados que forman parte de escenarios montañosos imponentes que ocupan toda la franja norte en uno de los tramos más asombrosos del Pirineo central. Es aquí donde seguramente podremos contemplar en toda su inmensidad los más abruptos relieves de esta cordillera y una de sus mayores concentraciones de picos superiores a los tres mil metros de altitud, a pesar de no contar con la presencia de su cumbre más elevada, el Pico Aneto, situado en la vecina comarca de Ribagorza. La parte más septentrional de la provincia de Huesca se erige como una suerte de decorado montañoso en el que las grandes elevaciones se ven además secundadas por sierras prepirenaicas que contribuyen a que las tres quintas partes de la comarca de Sobrarbe superen los mil metros de altitud.

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Ordesa y Monte Perdido

Es imposible hablar de Sobrarbe sin tener como protagonista al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, la más icónica área del Pirineo oscense y asiento del macizo calcáreo más alto de toda Europa. El único de los grandes espacios naturales protegidos que pertenece íntegramente a esta comarca —mención aparte del geoparque propiamente dicho—, se trata de uno de los parques nacionales más antiguos de España junto con el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga —origen del actual Parque Nacional de Picos de Europa—, gracias al decidido impulso que recibió por parte de Pedro Pidal, el insigne y polifacético marqués de Villaviciosa de Asturias.

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La primera declaración que obtuvo vino de la mano de uno de sus valles más espectaculares y carismáticos, el de Ordesa, para unirse más tarde todo el sector correspondiente al Monte Perdido, el gran macizo calcáreo europeo coronado por las famosas Tres Sorores, que se corresponden con los picos de Añisclo (3.263 m), Cilindro (3.328) y Monte Perdido (3.355 m), si bien las leyendas populares atribuyen estas elevaciones a las tumbas de tres princesas moras sepultadas por la nieve. Más allá de sus orígenes fantásticos, sus crestas, junto con la de la Punta de las Olas, forman una de las siluetas más reconocibles del parque nacional, con fuertes prominencias que llegan a alcanzar casi un kilómetro. La orografía de este tramo pirenaico, en el que se encuentran unos de los glaciares más meridionales del continente europeo —en claro retroceso—, desciende desde este macizo hasta abrirse en una serie de valles, cañones y gargantas que son la seña de identidad de las típicas estampas de Ordesa y Monte Perdido.

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No podemos dejar de extasiarnos ante la extraordinaria belleza del cañón de Añisclo, las gargantas de Escuaín, el valle de Pineta y, sobre todo, el valle de Ordesa, que forman todos ellos las principales arterias del parque nacional. Este último, un profundo cañón de unos 13 kilómetros de longitud, nos regala paisajes sublimes en los que el curso del río Arazas cuenta con un denominador común: la presencia de cascadas. Caídas de agua como las de Arripas, del Estrecho, Gradas de Soaso o la joya de la corona, la majestuosa Cola de Caballo, considerada en no pocas ocasiones una de las cascadas más bellas del mundo. No son las únicas cascadas, no obstante, que merecen la pena de este espacio natural protegido. También destacadas son las que se forman a partir de los circos de la Pineta y de La Larri, con grandes afluencias de agua en los periodos más propicios. Desde allí, además, podemos dirigirnos hacia el valle que forma el río Cinca y recorrer sus hermosos bosques de hayas.

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El Sobrarbe, como se conoce coloquialmente, acoge otros muchos rincones al margen del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. El Ibón de Plan —uno de los más populares— es un lago glaciar de alta montaña, emplazado en el Macizo de Cotiella, que constituye una de las postales más prodigiosas de la provincia de Huesca.

Por su parte, en el extremo occidental de la comarca, como si de una extensión del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se tratara, se extiende el valle de Bujaruelo, un auténtico paraíso natural pirenaico que ha permanecido despoblado desde varios siglos atrás y del que aún se conservan los testigos poblacionales de San Nicolás de Bujaruelo, con la estampa de su precioso puente sobre el río Ara. Precisamente en el valle del río Ara se encuentran algunas de las poblaciones más emblemáticas de Sobrarbe, como Broto, con su histórica Torre de la Cárcel o sus característicos barrios de los Porches y de Santa Cruz a ambos lados del curso fluvial; Boltaña, y su magnífico casco antiguo —uno de los más grandes del Pirineo aragonés—; o Torla, la puerta de entrada al valle de Ordesa y donde se sitúa el Centro de Visitantes del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Mientras, las otras poblaciones más importantes de Sobrarbe las encontramos en el valle del río Cinca, donde destaca Aínsa, Conjunto Histórico-Artístico que está incluido dentro de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España.

Paisajes geológicos y culturales

La comarca de Sobrarbe, en el Pirineo de Huesca, ha sabido aprovechar de manera responsable sus excepcionales recursos naturales, culturales y productivos para planificar su desarrollo sostenible. A las declaraciones iniciales como Patrimonio de la Humanidad del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo y de la Fiesta del Fuego del Solsticio de Verano en el Pirineo, hay que añadir la declaración de la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala y la inclusión de toda la comarca desde el año 2006 en la Red Global y Europea de Geoparques y desde 2015 en el Programa Internacional de Ciencias de la Tierra y Geoparques de la Unesco. Desde este geoparque se trabaja para poner en valor el patrimonio natural, sobre todo el geológico, y también los aspectos culturales del entorno. Todos estos recursos han permitido apostar a la comarca de Sobrarbe por una estrategia de desarrollo basada en la sostenibilidad de sus valores naturales y culturales para ser aprovechados por la sociedad. El Sobrarbe ha conseguido restaurar el patrimonio arquitectónico en sus pueblos históricos, generar una red de rutas a pie o bicicleta que muestran los paisajes geológicos y sus espacios naturales, recuperar su patrimonio minero, sus iglesias románicas, el arte rupestre, comercializar sus productos gastronómicos y generar una buena red de alojamientos turísticos. A través de ello se ha facilitado la realización de un buen número de negocios sostenibles para la población aumentando así su calidad de vida y sus posibilidades de desarrollo en la propia comarca.