Sintra a cuerpo de rey (o de reina)

Una escapada a la villa portuguesa para vivir en un auténtico palacio

Noelia Ferreiro
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Foto: Starcevic / ISTOCK

Una sierra pletórica refrescada por la brisa del océano y alfombrada de robles y de cedros que se difuminan en la niebla. Unas montañas intricadas con exóticas especies tropicales. Una inmensa variedad de flores con todo su repertorio cromático. Y por aquí y por allá, ocultos entre los pliegues y ensamblados en la naturaleza, palacios alejados del mundo. Un escenario, ciertamente, como de cuento de hadas.

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Estamos en Sintra, a media hora de Lisboa, allí donde el mismo Lord Byron situó “el lugar más encantador de Europa” en honor a su indiscutible belleza. Un rincón que tocó el corazón del poeta británico por “reunir en sí toda la naturaleza salvaje de Escocia y todo el verdor del sur de Francia”.

Residencia real

Esto mismo debió de pensar la familia real portuguesa cuando decidió que este enclave sería, durante dos largos siglos, una apacible residencia de verano en la que escapar del calor capitalino. Junto a ella, burgueses ricos, aristocráticos refinados, intelectuales ilustrados y artistas tocados por una sensibilidad extrema hallaron inspiración en estos parajes fascinantes.

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Hoy visitar Sintra implica emular a todas estas figuras. Porque recorrer esta ciudad es perderse por un laberinto de castillos y de casas señoriales colgadas de la ladera, de callejuelas empinadas y de palacios que recogen los rasgos de la arquitectura romántica. Desde el Palacio da Pena, toda una virguería de estilos, hasta la fantasía morisca del Palacio de Monserrate. Desde el Palacio Nacional, con sus icónicas chimeneas, hasta la Quinta da Regaleira, en la que pozos, esculturas y grutas esconden referencias a poetas como Virgilio y Dante.  

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Despertar como Brad Pitt

Pero es en el Palacio de Seteais donde se puede vivir a cuerpo de rey (o de reina). Porque esta elegante obra arquitectónica del siglo XVIII es, desde los años 50, un maravilloso hotel donde cumplir este sueño al menos una vez en la vida.

Lionel Balteiro

Erigido en 1783 en lo que en su día se llamó la finca de la alegría, este edificio forma parte del patrimonio nacional portugués y atesora bajo sus muros una historia apasionante. Alojarse en él es una aventura única por la que ha pasado todo un batallón de famosos: desde mandatarios como Richard Nixon o François Miterrand, hasta actores como Burt Lancaster, Catherine Deneuve o Brad Pitt, pasando por músicos como Amalia Rodrigues, David Bowie o los U2.   

Atmósfera romántica

Tivoli Palacio de Seteais es sencillamente maravilloso. Unos jardines dieciochescos con todo el glamour intacto, una piscina oculta entre limoneros, un spa con tratamientos reconfortantes y dos edificios (o más bien dos alas), unidos por un arco triunfal construido para conmemorar el paso del rey João VI y la reina Carlota Joaquina.

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Pero es en sus habitaciones donde se asiste a un verdadero viaje a través del tiempo pasado. Nada como sumergirse en sus camas enormes barnizadas de sofisticación. Todo (los frescos, el mobiliario, la porcelana, los tapices…) destila una atmósfera romántica. Y el 80% de las pinturas y de las piezas de arte son completamente originales. 

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Historias paralelas

Tal es el peso de este palacio en la elegante villa portuguesa que Tivoli ha editado un libro con sus historias paralelas. Se trata del delicioso coffe book “Seteais in Sintra”, escrito por Rodrigo Sobral da Cunha y con las ilustraciones de Tiago Sobral.    

D.R.

En él encontramos datos, detalles, anécdotas de este enclave fabuloso. Como la que sostiene que “Sintra es una región encantada en la que los extremos convergen”. O como la que cuenta que el Palacio de Seteais, ya como hotel, cautivó a Marguerite Yourcenar, que dejó escrito en el libro de visitas: “su gracia y su calma te permiten regresar al siglo XVIII como quien entra en casa”.