Siete lugares inolvidables donde alcanzar el cielo en Madeira
Entre el Océano Atlántico y las nubes que espolvorean el techo de esta ínsula lusa, se esconden infinidad de rincones que permiten que toquemos el cielo sin levantar los pies del suelo.

Perfilada por verdes y abruptas montañas, Madeira es una de las islas que conforman la Macaronesia, ese conjunto de paraísos compuesto por archipiélagos españoles y portugueses en mitad del Atlántico. Estos gigantes se muestran como hipnóticas catedrales naturales en un territorio donde se vive en vertical. Aquí, las carreteras trepan serpenteando por empinadas cuestas hasta dejar las nubes atrás, los pueblos hacen equilibrios entre acantilados de vértigo y exuberantes bosques y, a cada curva, se abre un mirador al mar. Un escenario insólito nacido del fuego, responsable directo del sinfín de rincones en los que sentirse, literalmente, en el cielo.
Pico do Areeiro, donde flotar sobre un mar de nubes
Ubicado a 1.818 metros de altura, este pico que se alza impetuoso en el centro de Madeira es el tercero a mayor altura de la isla y el más accesible de los tres, pues hasta su misma cima es posible acceder en vehículo. Desde sus miradores, la sensación de tocar el cielo se hace realidad especialmente al amanecer, cuando un mar de nubes cubre los valles dejando la cumbre nadando sobre ellas.

Desde este punto, un sendero ofrece una impactante caminata hasta Pico Ruivo. Basta con asomarse a él para terminar de dejarse cautivar por esa magnética sensación de inmensidad que habita en Madeira.
Curral das Freiras, un pueblo encajado entre montañas
Uno de los escondites más profundos de Madeira es este pueblo encajonado en un valle entre paredes de basalto. El Corral de las Monjas, tal y como se traduce su nombre al español, fue refugio de religiosas y niños durante los ataques piratas que sufrió la isla en el siglo XVI.
Su calle principal está presidida por la iglesia de Nossa Senhora do Livramento, construida a principios del siglo XIX. La leyenda dice que bajo sus cimientos se esconde un tesoro. Alrededor todo es vegetación vertical.

La mejor forma de contemplar Curral das Freiras es desde el mirador do Paredão, donde hacerse una idea de este asentamiento entre volcanes erosionados.
Fajã dos Padres y el teleférico del Cabo Girão
Formada por desprendimientos volcánicos, Fajã dos Padres es una de las plataformas al borde del mar más alucinantes de Madeira. A ella tan solo se puede acceder mediante un teleférico que sortea, en vertical, los 300 metros de desnivel para llegar a un enorme huerto frente a una playa de cantos rodados. Solo el trayecto hace que esta visita merezca notablemente la pena.

Muy cerca se encuentra el mirador del Cabo Girão, que se asoma a uno de los acantilados más altos de Europa. Su suelo de cristal permite caminar viendo el vacío. ¿Existe mejor forma de alcanzar el cielo?
Un sendero al Mirador dos Balcões
Un sendero corto, y de muy baja dificultad, conduce a este mirador suspendido sobre un valle. Las panorámicas están salpicadas por picos cubiertos de vegetación que desembocan en el mar. Pero aquí lo importante no es llegar, sino el camino. Éste discurre por una de las levadas de Madeira, esos canales históricos que se crearon en el siglo XVIII para transportar agua por la isla.
Capilla de Nuestra Señora de Fátima, un mirador al cielo
En una de las montañas que abrazan la localidad de São Vicente, unas escaleras ascienden, literalmente, hacia el cielo. Tras zigzaguear entre peldaños lo primero que asoma es la torre blanca de una capilla dominando la cima. Levantada en 1925, Nuestra Señora de Fátima es un magnífico lugar para dejarse impregnar por la espiritualidad y la abrumadora naturaleza isleña. A nuestros pies, los campos de cultivo forman un inmenso abanico que se pliega ante un mosaico de tejados rojos.

Tres miradores emblemáticos para asomarse al mar
La salvaje orografía madeirense es la culpable de los numerosos miradores con los que cuenta. Pero, además de los que ya mencionados, hay tres que concentran la belleza de la isla. Entre los acantilados que se elevan frente al océano al norte de Madeira un balcón natural muestra esa perfecta mezcla de calma y dramatismo que caracteriza a la ínsula. Su nombre es Mirador de São Cristóvão.
El mirador Velo de la Novia (Véu da Noiva) permite contemplar una de las cascadas más bonitas de la isla regando un acantilado de la costa noroeste antes de caer directamente al mar.
Algo menos conocido es el Mirador Beira da Quinta, situado muy cerca de la popular localidad de Santana y también con la inmensidad Atlántica como telón de fondo.

Jardim Monte Palace, un edén dentro de otro edén
Dentro de ese gigantesco jardín que es Madeira hay varios parques que realzan, aún más, la exuberancia de la isla. Entre ellos despunta el Jardim Monte Palace, un espacio donde no faltan lagunas, puentes, esculturas, mosaicos y una amplia colección botánica. Localizado sobre Funchal, la capital madeirense, conviene subir a él en teleférico para, después de recorrer, descender la colina de Monte a toda velocidad conducido por los famosos Carreiros do Monte.
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