Sierra de Leyre, la tierra de San Francisco

Recorrió más de 100.000 kilómetros por cuatro continentes y Pío XII le proclamó Patrón del Turismo: San Francisco Javier, de cuyo nacimiento se cumplieron 500 años el 7 de abril, nació en un corredor navarro acostumbrado al tráfago de peregrinos, reliquias y milagros.

Carlos Pascual

Es un pasillo natural, en la frontera entre Navarra y Aragón, al pie de las últimas sierras pirenaicas, por cuyo fondo discurre el río Aragón. Ese corredor fue transitado en todas las edades, pero sobre todo en la Edad Media, cuando lo anegaban peregrinos jacobeos que seguían la Vía Tolosana y cruzaban el Pirineo por Jaca. Su afluencia trajo, como se sabe, nuevas ideas y estilos de construcción, reliquias piadosas y leyendas que a veces se fraguaban en el propio flujo del Camino. El río sirvió como camino inverso a los navateros o almadieros, que sacaban flotando los troncos talados en los bosques pirenaicos. En los años 50, en plena fiebre de pantanos franquistas, se represó el río (ya inútil para los almadieros, puesto que los camiones recortaban plazos y riesgos) y se cambió el paisaje con el embalse de Yesa, más propicio a los deportes náuticos que a las fatigas de antaño.

Todavía queda en Sigüés un hospital de peregrinos, el de Santa Ana. El pueblo de Ruesta, abandonado con las incertidumbres de la inundación, ha sido recuperado con fines vacacionales. Desde Yesa, una breve subida escala el monte Arangoiti y lleva hasta Leyre. Es un paraje agreste, impresionante, así que no sorprende que allí se acomodaran unos monjes en el siglo VIII, y que el flujo de peregrinos remansara allí una de las leyendas más populares del Camino: la del abad San Virila, que sale a meditar sobre la eternidad, se queda extasiado escuchando el canto de un ruiseñor y cuando regresa al monasterio nadie le reconoce porque habían transcurrido ¡trescientos años!

Sabemos que esta leyenda, conocida como Visio Fulgentii y nacida en medios cistercienses, se hizo popular en toda Europa (la recoge Alfonso X en su Cantiga CIII, y también se ubica en Galicia), pero bueno, ahí sigue en Leyre la Fuente de San Virila, aunque los huesos del abad reposan en una arqueta de la catedral de Pamplona. Tal vez tenga algo que ver con esto la riqueza ornitológica de la Sierra de Leyre, una de las mayores concentraciones de rapaces de la Península: águilas diversas, buitres leonados, alimoches, halcones, incluso algunos de los pocos quebrantahuesos que nos quedan.

Turistas y peregrinos
Hoy día tal vez haya más turistas y excursionistas que peregrinos, es un lugar muy concurrido. Se puede escuchar canto gregoriano en los cultos sagrados, en una iglesia de corte cisterciense, con una portada románica (la Porta Speciosa, o " preciosa ") y las tumbas de algunos reyes navarros en su interior. Sólo apuntándose a la visita turística (óbolo de por medio) se puede contemplar la cripta, un lugar extraño, con bóvedas sostenidas por capiteles desmedidos sobre fustes cojitrancos. La mayor parte del monasterio es obra moderna, ya que fue abandonado cuando la Desamortización (1836) y repoblado con monjes benedictinos en 1954. También tiene que ver con el Camino de Santiago la riqueza monumental de Sangüesa, primer hito navarro en la Vía Tolosana, si bien la ciudad es de origen romano y fue baluarte fronterizo frente a los moros. La huella jacobea es bien explícita en la iglesia de Santiago, en cuyo tímpano campea la efigie polícroma del Apóstol. Pero la joya local es Santa María la Real, sobre todo su portada, una auténtica "historia sagrada" cuajada de figuras, entre las cuales se infiltran algunas pertenecientes a la saga nórdica de Sigurd y el dragón Fafner, lo que da idea del tráfico de mitos y creencias. Y de reliquias, aunque eso ahora se silencie; pero en un inventario realizado en 1300 en esta parroquia se anotaban, entre otras cosas, cabellos de la Virgen y un trozo de su velo, maná de los israelitas, pedazos de la cruz de Cristo y del Santo Sepulcro, barro del que fue formado Adán o las lágrimas de Moisés.

A un paso de Sangüesa, en el castillo de Javier (Esavierre, "casa nueva" en vasco) nació hace 500 años Francisco de Javier (ver recuadro). El cuarto donde nació empezó a venerarse como Santísima Capilla a poco de su muerte, y a finales del siglo XIX la duquesa de Villahermosa, pariente del santo, empeñó sus joyas para restaurar el baluarte y levantar sobre el aposento natal una basílica de estética neo (románica, gótica y bizantina), a la cual ni siquiera faltaba un campanario. En el año 1952, el jesuita Recondo derribó ese campanario espurio y restauró la restauración con algo más de racionalidad. La reforma se ha consumado ahora, con motivo del quinto centenario; se han habilitado las antiguas caballerizas como museo y se han levantado (junto al colegio construido para la comunidad jesuita en el año 1904, cuando la reforma de la Marquesa) dos edificios nuevos: el auditorio Juan de Jaso y el Archivo Schurhammer (este jesuita alemán, primer biógrafo del santo, reunió una ingente colección de libros e imágenes javieranos).

Con sus jardines y arboledas, restaurantes y hoteles, Javier es un lugar muy grato para los peregrinos, pero también para quienes acuden ayunos de motivos religiosos. Y más este año en que las celebraciones del centenario (conciertos, exposiciones, teatro y publicaciones: ver el programa actualizado en www.javier2006.com) lo convierten en una referencia cultural de primer orden.