Sidney espectacular

La ciudad más antigua del continente australiano, creada hace poco más de 220 años, posee signos arquitectónicos y urbanísticos distintivos que la han posicionado mundialmente, que no dejan indiferente a casi nadie y que alientan las ganas de volver a visitarla. La historia de Sidney es la de una sucesiva oleada de crecimientos demográfi cos, acelerados tras su designación como sede olímpica en 1993 y la celebración de los Juegos en el año 2000, un fenómeno que hizo crecer considerablemente su población. Con unos 150.000 habitantes en la City, el resto se aloja fuera, gracias a la expansión alrededor del centro histórico y monumental, el auténtico atractivo turístico de la capital de Nueva Gales del Sur.

Pau Morata

La imagen por antonomasia de Sidney es la del célebre edificio del Opera House, aunque también lo es por los Juegos Olímpicos en ella celebrados, por su puente sobre la bahía y por muchos otros llamativos atractivos que hacen las delicias de los turistas. Tantos son esos atractivos, que esta ciudad decana de cuantas existen hoy en Australia es uno de esos destinos urbanos que fascinan y seducen al visitante. La razón puede ser desconocida al principio, pero pronto -a medida que uno la patea- se racionaliza y comprende. Puede ser, probablemente, la suma del encanto que emana de su puerto natural, con el agua por doquier, su modernidad arquitectónica, sus medios de transporte marítimos, terrestres y aéreos, como el suspendido monorraíl que circunda la mayor parte del centro, su ambiente multiétnico, la frescura, tolerancia y naturalidad de sus habitantes o los contrastes implícitos en todo su ser.

Aun siendo una ciudad grande, una buena parte de los encantos que esta gran ciudad posee encajan en una dimensión humana: son paseables, porque están relativamente cercanos unos de otros y pueden ser visitados mediante desplazamientos a pie, sin grandes pérdidas de tiempo en la utilización de un medio de transporte de un lado a otro. No obstante, y por otro lado, si se quiere disfrutar plenamente de la visita a Sidney y de las sorprendentes vistas paisajísticas de esta ciudad australiana desde fuera de su casco urbano histórico, resulta casi imprescindible efectuar el recorrido perimetral que la circunda, y que realizan sus eficaces medios de transporte público colectivo. Por ejemplo, la línea de autobús Sidney Explorer: unos 35 kilómetros, aproximadamente, con algo más de dos docenas de paradas. O también el Bondi/Bay Explorer o los transbordadores circulares que permiten ir a cualquier lado de la bahía.

Según consta en el despacho de navegación del buque del jefe de la primera flota ("The First Fleet ") que llegó con los primeros colonos, el capitán de la nave, Arthur Phillip, que luego sería el primer gobernador de Nueva Gales del Sur, calificó a la bahía de Sidney con la expresión "the finest harbour in the world, in which a thousand sail of the line may ride in the finest security..." ("el puerto más idóneo del mundo, en el cual pueden navegar con plena seguridad un millar de naves"), aludiendo con esta descripción a las excepcionales condiciones naturales de la zona, su amplitud y la seguridad que proporcionaba a la multitud de naves que podían navegar sin riesgos.

La primera flota llegó el 25 de enero de 1788 y llamó a esta bahía Sidney Cove, en honor a la figura de Thomas Townshend, primer barón de Sidney, que fuera ministro del Interior del gobierno británico. Los responsables de los barcos, después de examinar detenidamente la zona e identificar los puntos más interesantes para establecerse, optaron por echar anclas en Port Jackson, justo donde en la actualidad se ubica el Sidney Harbour.

La ciudad fue fundada sin que se le pusiera, entonces, su posterior y actual nombre de Sidney (Sydney en inglés). Aquel asentamiento en la zona de Port Jackson correspondió al primer grupo de expedicionarios que llegaron a estas tierras procedentes del Reino Unido. Las personas llegadas con vida fueron un número de 1.030, tres cuartas partes de las cuales eran convictos expulsados de Gran Bretaña, lo que contribuyó a crear un sinfín de leyendas, que aún hoy perduran, sobre el origen criminal de sus primeros pobladores, por esa condición de penados.

No obstante, el devenir de Sidney en particular y el de toda Australia en general pudo haber sido muy diferente si la historia no hubiera cambiado por una decisión política tomada en Londres. En un primer momento, antes de enviar a esos penados, existió el proyecto gubernamental británico de llevar al poco antes descubierto continente australiano a los lealistas británicos pobladores de Norteamérica, que estaban disconformes con la secesión colonial que dio origen a Estados Unidos. Esa fue la primera intención de las autoridades británicas a la hora de planear la colonización de las fértiles tierras australes, que habían sido descubiertas por el legendario capitán Cook el 28 de abril de 1770. La llamadaprimera flota tuvo, pues, finalmente como viajeros a unos centenares de desterrados, a sus vigilantes y a un grupo escaso de colonos que estaban ávidos de prosperar en esta nueva tierra de esperanza.

Sidney es una ciudad situada en medio del agua y junto al agua. Confluye el agua marina salada con el agua fluvial dulce del río Parramatta, pues ambas se funden en la bahía. Hay quien ha visitado Sidney y se fue sin enterarse de la existencia de este río y del núcleo urbano metropolitano que llevan por nombre este término aborigen de Parramatta, que significa "lugar de las anguilas", y desde luego no hace falta pensar mucho sobre su origen. Sin embargo, merece la pena -aunque sólo sea por satisfacer el conocimiento histórico- acercarse en autobús o, mejor aún, en uno de los medios de transporte marino -el catamarán River Cat , por ejemplo- al lugar donde el río es ya sólo río. Y, una vez allí, visitar la zona donde se localizaron los primeros asentamientos -granjas agrícolas para sacar provecho de las tierras cultivables- que dieron pie a la expansión metropolitana de Sidney fuera del primer núcleo urbano habitado.

Parramatta, hoy un núcleo moderno, se asienta sobre un terreno de tierras fértiles que antes de la llegada de los europeos había sido habitado por la etnia aborigen de los Burramatta, de las que fueron alejados por colonos que quisieron cultivar esas tierras. Hoy sigue habiendo un testimonio de la naturaleza en el parque urbano donde permanecen restos de los aborígenes, y están enclavados dos de los edificios más antiguos construidos por los colonizadores: The Governors Dairy (la Granja del Gobernador), con los establos de las lecherías de la Dairy Cottage, construida entre 1798 y 1806, y la Old Government House (la antigua sede del gobierno), construida entre 1799 y 1818 por los gobernadores Hunter y Macquarie.

También se alza la granja más antigua de Australia, la llamada Experiment Farm, que perteneció a un antiguo convicto al que en 1791 se le otorgaron las tierras y al que se debe la creación de la que fue la primera granja de propiedad privada de toda Australia. De 1793 es la Elizabeth Farm, el edificio europeo más antiguo de Australia, conservado como museo sobre la vida en la primera mitad del siglo XIX, que debe su denominación al hecho de que fue la residencia de los primeros pastores, el matrimonio John y Elizabeth MacArthur. El Hambledon Cottage, de 1824, y que conserva la cocina tal como era utilizada entonces, fue construido para que la habitase Penélope Lucas, una de las hijas de la pareja.

En Parramatta también resulta posible admirar otros testimonios de los trabajos forzados de los convictos que fueron enviados a Australia, como, por ejemplo, el puente Lennox, de piedra arenisca, levantado sobre el río entre 1836 y 1839.

Otro edificio relevante es la catedral anglicana de San Juan, que se levantó sobre el lugar donde desde 1803 se reunían para sus ceremonias los cristianos inmigrantes y cuya nave central está flanqueada por dos altas torres gemelas construidas por convictos en 1819. En este templo, el más antiguo de los anglicanos existentes en Australia, está depositado un ejemplar de una Biblia de 1599.

De valor histórico y arquitectónico es el edificio del Cuartel de los Lanceros (Lancer Barracas), construido en 1818 para albergar al primer regimiento de caballería australiano y junto al cual se halla el Linden House Museum, que muestra la historia de esas fuerzas armadas. En el Parramatta Heritage Centre, a escasa distancia de las estaciones terminales fluvial o ferroviaria, puede encontrarse una síntesis sobre la historia del lugar y una biblioteca sobre la historia familiar de sus habitantes, así como exposiciones de arte.

Entre los edificios representativos, cabe mencionar Brislington, construido en el año 1821 por un antiguo convicto, de nombre John Hodges, que es la casa residencial más antigua conservada en el centro de Parramatta. Es, en la actualidad, un museo sobre medicina y enfermería, después de que varias generaciones de una misma familia ejercieran la medicina en él, a modo de clínica.

Otro de los edificios históricos dignos de ser visitados en la ciudad es el que fue una escuela orfanato femenina (The Female Orphan School), construido en 1813, al lado del río, y que posteriormente pasó a formar parte de los edificios universitarios del campus de Parramatta de la Universidad de Sidney Oeste.

La población de Nueva Gales del Sur, el estado donde se encuentra Sidney, fue durante los primeros años -e incluso muchas décadas posteriores- mayoritariamente masculina. Incluso hoy habrá quienes recuerden las campañas publicitarias de las autoridades australianas efectuadas en Europa invitando a mujeres del Viejo Continente a emigrar al novísimo para formar familias allí y compensar de esta manera con el crecimiento demográfico natural el casi exclusivamente proporcionado por la inmigración de hombres.

A modo de simple detalle anecdótico, cabe mencionar que los primeros habitantes de la colonia, que en su mayoría pertenecían al sexo masculino, como ya se ha dicho anteriormente, fueron llamados durante bastante tiempo "Sidney coves ", un juego de palabras basado en un arcaísmo de la lengua inglesa, ya que el término "cove " era utilizado durante el siglo XVI como sinónimo de "men" (hombres).

La construcción del puente de Sidney (1932) y del Opera House (1960) fueron dos hitos que sacaron a la ciudad australiana de Sidney del anonimato entre los no británicos y la situaron en la mente de los viajeros de todo el mundo. Pero antes de esas obras de ingeniería y arquitectura, la ciudad había albergado la construcción de edificios llenos de personalidad. Uno de ellos, que permite al visitante respirar un aroma singular, en un entorno de rasgos bizantinos, es el edificio que en su día albergó el mercado de productos frescos. Construido en 1893, es ahora un centro comercial y entre ambos usos tuvo el de sala de conciertos y el de biblioteca municipal. Remodelado en la década de los 30, también fue utilizado como sede de diversas dependencias municipales hasta que en 1984 se le efectuó la última reforma, conservando gran parte de su estilo a caballo entre el decimonónico y el de inicios del siglo XX.

Otro edificio, también reconvertido, es el llamado Strand Arcade, de la misma época que el anterior. Se construyó inspirado en el Burlington Arcade, de Londres. Fue restaurado tras sufrir un incendio, pero conserva su encanto y atractivo, entre el cual figura su diseño, especialmente concebido para permitir una espectacular visión sin apenas obstáculos arquitectónicos.