La Siberia extremeña: ruta por la mayor costa interior de España

Los pantanos de Cíjara, García de Sola, Orellana, Zújar y La Serena han convertido a La Siberia Extremeña en la comarca con más kilómetros de costa interior de España y en una importante reserva natural. Este inédito vergel al noreste de la provincia de Badajoz se llamaba los montes y los lagos, pero cambió a su actual nombre por la lejanía “siberiana” entre sus pueblos y la capital, Badajoz, y por la similitud de algunas de sus tierras con las estepas rusas que apreció el duque de osuna tras su estancia como embajador en Rusia. 

Irene González
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Foto: Irene González

La comarca de La Siberia posee una gran variedad de ecosistemas y magníficos espacios naturales, todos ellos enriquecidos por las aguas de sus cinco grandes embalses. La Siberia Extremeña es tierra de montes, de sierras, de dehesas, de humedales, de pastos, de lagos, de manantiales y de llanos. Goza de una rica Reserva Natural, con una de las poblaciones de fauna más importantes de nuestro país.

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Esta gran desconocida, que posee el mayor número de kilómetros de costa interior de nuestro país, guarda paisajes vírgenes de una belleza increíble. Una auténtica joya medioambiental que hasta hace poco tiempo estuvo aislada del mundo y que ahora, gracias a sus valiosos bosques, sus interminables dehesas y su cuantiosa fauna salvaje, es firme candidata a ser declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco.

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Situada al noreste de Badajoz, es un territorio de gente hospitalaria y acogedora, que posee un fecundo ecosistema que se ha protegido y engrandecido gracias a que durante años estuvo aislado. La Siberia es una comarca generosa que fusiona bosques, dehesas, humedales, extensiones de regadío, áreas esteparias y cinturones rocosos.

Es una tierra fértil en la que predomina el agua, donde sus cinco grandes pantanos son la razón de que sea el hábitat natural para cientos de especies. Tanta riqueza no hace honor a su nombre, que, según la leyenda, le puso el duque de Osuna tras su estancia como embajador en Rusia.

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Antiguamente, esta comarca fue un enclave de prioratos y encomiendas señoriales, donde la hidalguía labradora edificó casonas solariegas de las que perduran bellas fachadas y portadas. Pero las guerras de sucesión del reino de Portugal y las malas cosechas acabaron con su prosperidad.

Hoy es la meca de los amantes de la naturaleza. Su Reserva Regional del Cíjara, sus más de 25.000 hectáreas de monte, sus Zonas de Especial protección de Aves, su abundante pesca, su exuberante naturaleza virgen, su riqueza en fauna, su gastronomía, sus senderos y, cómo no, sus poderosos embalses la han convertido en un paraíso por explorar. 

El fértil Cíjara 

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Desde el Cíjara el camino lleva al impresionante monte de Los Robledillos, en el término de Helechosa de los Montes. Aunque antes hay que ascender hasta el Mirador del Portillo para tomar el pulso de los impresionantes paisajes que custodia La Siberia. Para ascender al Portillo hay que cruzar la presa y tomar el primer camino de la derecha. Esta mágica atalaya descubre el poder del embalse y la belleza de sus islas.

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Más adelante, la BA-077 lleva a Los Robledillos, un monte vivo con un sensacional valor sostenible, donde se produce corcho y madera. Aquí se encuentra el Centro de Interpretación de los recursos del Cíjara, uno de los puntos clave para disfrutar del ritual de la berrea.

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A través de la sinuosa pista Camino de Cabeza Rubia, entre castaños, robles, encinas, brezo y jara, aparece el término de Herrera del Duque. Herrera se ubica en la privilegiada linde de la Reserva Natural del Cíjara. Está presidida por su emblemático castillo del XIII, erigido sobre roca viva, y probablemente de origen árabe.

La fortaleza se alza majestuosa sobre la cumbre de la sierra de Chamarro, a más de 800 metros de altitud, desde donde se domina una gran extensión de Córdoba y Ciudad Real. En esta villa se estableció la Orden de Alcántara, que remodeló el castillo y fundó la casona de la antigua Encomienda de Alcántara, cercana a su espléndida plaza porticada.

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Muy interesante la iglesia de San Juan Bautista, del siglo XV, el abandonado convento de la Concepción, del XVI, y sus magníficas casas solariegas. A las afueras, en el arroyo Peloche está el puente medieval de ocho arcos de medio punto, y a unos cuatro kilómetros, entre un bosque de alcornocales, el Santuario de Nuestra Señora de la Consolación, patrona de la localidad.

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Herrera del Duque está rodeada de huertas y dehesas que dan los mejores productos de la tierra. La riqueza y pureza del agua de La Siberia se palpa en la dehesa de Las Navas, donde hace años se instaló una fábrica de extracción y embotellado de agua natural que proviene del manantial la Fuente del Borbollón. La dehesa de Herrera es virgen, rica, abundante, generosa y bravía.

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Una campiña que ha permanecido intacta desde tiempos remotos, y por la que campan las preciadas y mimadas ovejas merinas alimentadas con flores, bellotas y pastos. Las merinas de La Siberia son auténticas pata negra. A menos de 15 kilómetros está Fuenlabrada de los Montes, una de las mayores productoras de miel de nuestro país, donde casi el 80 por ciento de sus habitantes se dedica a las colmenas.

Embalse de García Sola

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Uno de las mayores joyas de la capital de La Siberia es la Reserva Regional del Cíjara. Con 25.000 hectáreas de superficie, y más de 130 kilómetros de perímetro, es uno de los espacios mejor conservados y más bellos de toda la península.

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En este paraíso atravesado por el Guadiana conviven ciervos, corzos, gamos, zorros, jabalíes y tejones. Su cielo está cuajado de una valiosa fauna, en peligro de extinción en otros lugares, pero que aquí abunda. Águila imperial ibérica, buitres negro y leonado, cigüeñas negras, águila real, alimoches y búhos reales la hacen inigualable como observatorio y estudio de aves. El paisaje es exuberante, de una generosa belleza, donde encinas, alcornoques, quejigos, castaños, robles y madroños se alzan sobre jaras pringosas, tomillo, brezo y romero.

En la Reserva existen múltiples miradores, donde los de El Sotillo, Las Moralejas, El Robledillo y Collado de la Arena, son imprescindibles Al oeste, a unos 18 kilómetros de Herrera, en la orilla del embalse de García Sola, se encuentra Peloche, el edén de los deportes acuáticos. Continuando el curso del agua se llega al paraje natural Puerto Peña, con aguas ideales para los deportes náuticos y, por supuesto, el baño. Está rodeado de encrespadas rocas donde habitan numerosos y altivos buitres leonados. 

Hacia la llanura 

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Hacia el sur se abre una inmensa llanura hasta llegar a Talarrubias. Aquí las casas encaladas hacen juego con el plumaje de miles de cigüeñas que anidan en espadañas y cúpulas, sobre todo en la de la iglesia Santa Catalina de Alejandría. 

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Interesantes la Casa del Patio, que fue convento de franciscanos hasta que se trasladaron al cercano Monasterio de Guadalupe, la Capilla del Carmen y la Fuente de los Pantanos. Atravesando fértiles dehesas entre los ríos Zújar y Guadiana se vislumbra Puebla de Alcocer, coronada por su formidable castillo que rodean los embalses de La Serena, el Zújar y Orellana.

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Esta atalaya ofrece unos paisajes únicos. Desde los más de 25 metros de altura de su torre del homenaje, el infinito horizonte se extiende en todas direcciones. Al parecer, esta fortaleza mudéjar es del XI y fue reconstruida por Gutiérrez de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara.

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Puebla de Alcocer transporta al medievo gracias a sus balconadas, arcos y pasadizos, palacios y casonas solariegas. En la iglesia de Santiago, del XV y estilo gótico-mudéjar, está enterrado el maestre de Alcántara y, según la leyenda, también yace el rey Pedro El Cruel.

En sus alrededores, el Palacio del duque de Osuna y su arco colgante, la Casa de la Inquisición, y la Casona de San Juan de la Puebla. A las afueras de Puebla de Alcocer están las impresionantes ruinas del convento de las Agustinas, convertidas en morada de cigüeñas. Cerca está Galizuela, y más abajo, el cerro Masatrigo, la montaña mágica.

Los humedales de Orellana

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Hacia el sur, nada mejor que el embalse de Zújar para el avistamiento de grullas, alimoches, águilas pescadoras y, sobre todo, aves esteparias. No muy lejos se encuentra Navalvillar de Pela, ricamente bañado por el embalse de Orellana.

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Después, entre humedales y regadíos, está Obando, con su privilegiado Parque Periurbano de Conservación Dehesa Moheda Alta, donde está el Centro de Interpretación de la Grulla, hasta donde llegan en invierno, procedentes de Europa, miles de ellas.

Aquí se integran dehesas, cultivos de arroz y maíz, frutales y olivares. Hacia el este, en pleno embalse de Orellana y sierra de Pela, está Casas de Don Pedro. Después, Castilblanco, donde hay que recorrer sus estrechas y entramadas calles. Aquí se produce de forma artesanal uno de los mejores quesos conservados en aceite.