Serengeti, la llanura sin fin

Las llanuras del Serengeti, nombre que deriva de siring, "llanura sin fin", en lengua masai, se declararon reserva de fauna ya en 1929 y desde entonces sus límites se han ido ampliando hasta cubrir los casi 15.000 kilómetros cuadrados que la convierten hoy en el parque más extenso del norte de Tanzania, amén del más famoso.

Elena del Amo

Dentro de esta grandeza, además de llanuras se suceden sabanas salpicadas de acacias, zonas boscosas o las onduladas praderas de su área más septentrional, ya en la frontera con el Masai Mara keniano. Es por esta última zona por donde atraviesan cada año más de un millón y medio de ñus, acompañados de cebras, gacelas y, por supuesto, de la cohorte de predadores que les acecha, en la migración de fauna salvaje más espectacular del continente. Así, entre febrero y julio se da una época fantástica para visitar el Serengeti, cuando cientos de miles de herbívoros se concentran en estas llanuras antes de que los pastos escaseen y se vean obligados a emprender su peregrinaje hacia las riberas del Lago Victoria, al oeste, o rumbo al norte, hacia el Masai Mara. A pesar de que entre el Masai Mara y el Serengeti sólo media una frontera que, lógicamente, no existe para los animales, la experiencia en uno y otro parque resultan muy distintas.
En el Serengeti, dada su descomunal extensión, la densidad de animales no es tan vistosa y se respeta más que en el Mara la norma de no salirse de las pistas. Si bien es cierto que ello dificulta las capturas fotográficas, también lo es que no se dan las concentraciones de vehículos de safari que sí llegan a darse en el Mara en torno a los animales o que estos sufren menos la presencia humana, lo cual es algo que sabrán valorar los verdaderos amantes de la naturaleza. Campings, lodges y campamentos de lujo sirven de alojamiento en el parque; algunos de ellos móviles para seguir las concentraciones de animales que en cada época se desplazan por sus diferentes zonas.