Senderismo por el Alto Ebro: rutas a la orilla del río padre

Claves para descubrir, a pie o en bicicleta, uno de los paisajes más bonitos de la península

Noelia Ferreiro
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Foto: alfonso_c_orive / ISTOCK

Cañones, hoces, gargantas y desfiladeros. Estos son los elementos del paisaje que dibuja el Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón. Estos y también las riberas escarpadas, los meandros que serpentean como laberintos en los valles, los bosques de encinas, nogales, hayas y robles que ponen su nota de verdor. Porque la vegetación se desploma sobre la brecha que va abriendo el río Ebro sobre los páramos calcáreos de La Lora en este rincón de belleza escénica.

Situémonos primero. Estamos en el noroeste de la provincia de Burgos, allí donde los estrechos fondos del valle, encajados entre cortados, contrastan poderosamente con las extensas llanuras, situadas a mayor altitud, en las que la perspectiva se abre en amplios horizontes. Y atravesando el territorio, un eterno protagonista: el río padre, responsable de moldear la piedra con su impetuosa corriente.

Gastar las botas

Hacer senderismo por esta zona es una de las experiencias más gratificantes para quienes gusten de gastar las suelas. Decenas de rutas recorren estos parajes con el agua como denominador común. Porque al Ebro se suma otro río que es su hermano menor: el Rudrón, con el que se funde y se confunde. Tampoco falta en esta red de senderos una valiosa fauna adaptada a la humedad y a la umbría. Y todo ello, aderezado de miradores desde donde asomarse al abismo y de pintorescos pueblos que son el refugio perfecto.

Alto Ebro | herraez / ISTOCK

Antes de elegir la senda, conviene saber que por este parque castellano y leonés de unas 46.000 hectáreas transcurre el Camino Natural del Ebro GR 99, que acompaña el curso del río a lo largo de 930 kilómetros y 42 etapas, ocho de las cuales en tierras de Burgos.

Más allá de esta ruta de Gran Recorrido, existen otros senderos de distinta dificultad, tanto para hacer a pie como para realizar en bicicleta.

Hoces del Ebro y el Rudrón, un lugar de ensueño para amantes de lo bonito

La ruta más bella

Aunque la elección es dura (depende también del tiempo y de la energía), hay una ruta que no debería desestimarse: la llamada Ruta del Cañón del Ebro, la más popular, que consiste en un sendero señalizado (el PR-C.BU-1) de 15 km y unas seis horas y media de duración. El trayecto no tiene desperdicio, pues siguiendo el borde rocoso se puede contemplar en su esplendor la herida abierta por el torrente fluvial en esta Castilla crustácea.

Cañón del Ebro | Iker Gutiérrez Fotografía / ISTOCK

Serpenteando por el fondo de la garganta se llega a una pasarela por la que hay que cruzar el río Ebro y se atraviesan bosques mixtos de encinas, quejigos, arces, alisos, madroños, acebos y tejos. Abajo, en las aguas esmeraldas, con un poco de suerte se verá nadar a las nutrias. Arriba, sobre los cortados, más de mil parejas de buitres leonados, águilas perdiceras, alimoches y halcones peregrinos.

Menos exigencias

Otra bonita ruta es la llamada Tornos de Tudanca, que forma parte de la sexta etapa del GR-99. Esta senda discurre entre Pesquera de Ebro y Manzanedo a lo largo de 11 Km y tres horas y media de caminata a pie por un estrecho desfiladero de la sierra de Tudanca. Al final se llega a un puerto donde la vista es de excepción.

Pozo azul en Covanera | JavierGil1000 / ISTOCK

Los menos deportistas tienen opciones más suaves. Una de ellas es la de recorrer parte del cañón del Rudrón en apenas unos tres kilómetros. La senda discurre paralela al curso, por el fondo del desfiladero, y atraviesa Covanera, donde, tras un paseo, se llega al Pozo Azul, una surgencia del río que exhibe un intenso color turquesa.