Seis villas para prendarse de Huesca

Este camino, entre verdes, montañas, riscos, y buena mesa, enamora. Viajamos por 6 villas trufadas de ríos, bosques, y cimas infinitas, que seducen, y que sacan el explorador que todos llevamos dentro. Nos adentramos en tierra de energía, de leyendas, y de pura naturaleza...

Irene González
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Foto: LUNAMARINA / ISTOCK

Huesca es tierra de Parques Naturales, pero también de leyendas de pueblos con encanto, de espectáculo de color y tonalidades de sus bosques, que sacan lo mejor de cada peregrino. Huesca es mágica, pero en otoño, además, se torna hechicera. Esconde los bosques naturales más espectaculares, donde la Selva de Oza, los Cañones de Ordesa, Añisclo, Escuaín y Pineta, la Selva de Plan, el valle de Bujaruelo, y la selva de Hoz de Jaca, rinden culto al esplendor.

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Por estos parajes corren tradiciones de magia y brujería. Son muchos las tradiciones y leyendas que circulan por los valles, una amalgama de historia, superstición, y tradición. Aquí es fácil encontrar majestuosas chimeneas sobre las que se colocaban curiosos objetos, desde una simple piedra, un puchero, una cruz, o como en el caso de los pueblos del Serrablo, seres de apariencia terrorífica.

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Las llaman espantabrujas porque dicen que evitaban que las brujas que sobrevolaban los tejados de las casas, entraran en los hogares a través de la chimenea, la única entrada que no podían cerrar. Desde luego, toda la comarca posee varias historias de magas, donde al parecer, hubo procesos judiciales que abarcan desde las primeras acusaciones del Altoaragón en 1432, hasta el último desaforamiento del valle de Tena por delitos de brujería, en 1619.

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Muy intrigante la historia de Laspaúles, donde según unos manuscritos del S. XVI y XVII, se procesó, condenó y ejecutó, a finales del S. XIV a veintiocho mujeres acusadas de brujería. En esta tierra de agua, Lanuza parece un espejismo reflejado en su lago. Esta ladera con casas empedradas, posee un gran encanto natural. Benasque, también conocido como el Valle Escondido, es uno de los lugares con mayor valor paisajístico de Huesca, y además posee el valor añadido de su excelente gastronomía donde reina la olla benasquesa

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El Pueyo, a más de 1.000 metros de altura, es otro de esos lugares que enganchan, con calles deliciosas y vistas sensacionales, desde donde no se puede dejar de subir a Panticosa y su señorial balneario. En la histórica y valiente Torla nada mejor que un paseo por su Plaza Mayor, del S. XIII, tras un almuerzo a base de su magnífica ternera autóctona de Broto. El aislamiento orográfico de Ansó, cuna del Reino de Aragón, lo ha convertido en uno de los valles mejor conservados, medioambiental y culturalmente hablando.

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Toda la villa es un gran conjunto histórico y artístico envuelta en una inmensa riqueza forestal. Sallent de Gállego, cabeza del Valle del Tena, es otro de esos lugares que hacen de Huesca una tierra para prendarse. Rodeado de silenciosos caminos entre ibones, picachos, barrancos y crestas, ofrece impensables paisajes oscenses. Cada año celebra la Feria de las Brujas, Mitos y Leyendas del Valle de Tena, pero esa, es otra historia.

Facebook: Feria de brujas, mitos y leyendas del Valle de Tena

1. Lanuza

Marta Marco ©

En el corazón del Valle de Tena, y ajustado entre los Pirineos, se encuentra la hermosa Lanuza. Bañada por el pantano, el siglo pasado fue expropiado para la construcción del embalse. Su casco urbano iba a quedar sumergido bajo las aguas, pero los cálculos de los ingenieros fallaron, y muchas de sus casas se salvaron de la inundación.

Al final quedaron anegadas unas 100 hectáreas de terreno dedicadas a pastos, y una parte del núcleo urbano. Así que sus habitantes regresaron, y hoy es uno de los pueblos más bellos del Pirineo, donde cada verano se celebra el exclusivo Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur, en un escenario flotante sobre el pantano.

2. Benasque

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Benasque posee una incalculable riqueza geológica con más de 13 glaciares, 95 lagos, y numerosas cascadas que, junto con múltiples especies vegetales y animales, que ha hecho que se creara el Parque Natural Posets Maladeta. En Benasque hay casonas muy interesantes como el palacio de los Condes de Ribagorza, la Casa Marcial del Río, la Casa Juste, la Casa Faure, y la iglesia de Santa María la Mayor. Toda la zona está jalonada de construcciones románicas y de bordas, típicas construcciones pirenaicas.

3. El Pueyo

Noemí Conesa Flickr

El Pueyo es pequeño y gratamente sorprendente. Es una deliciosa villa a los pies del pantano de Búbal, que en tiempos, anegó parte de los pastos de El Pueyo. A más de 1000 metros de altitud, sus calles están envueltas en construcciones populares de montaña, donde resulta muy agradable perderse, y entre las que se alza Casas del Valle, un edificio del S. XVII, donde tenían lugar las llamadas Juntas Generales del Valle, cuando El Pueyo ostentaba la capitalidad. Muy cerca, imprescindible la adrenalina de la Tirolina doble más larga de Europa, y degustar sus populares sopetas.

4. Torla 

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Torla es la puerta del Parque Nacional de Ordesa. La panorámica que ofrece a su llegada, con el imponente Parque Nacional como telón de fondo, estremece.  Desde esta emblemática villa parten numerosas sendas, donde las más sencillas llevan hasta la Cola de Caballo, y la más atrevida es la subida al Monte Perdido, con sus casi 3.500 metros de altura.

Es un pueblo con mucha historia donde se han librado épicas batallas, por lo que a los torlanos se les apoda bravos. Sobre una gran roca se eleva la iglesia de San Salvador, junto a la que están las ruinas del castillo, hoy Museo Etnográfico.

5. Ansó

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Su casco urbano es uno de los mejor conservados del Pirineo, y por sus construcciones de piedra y madera, ha sido declarado Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Aragón. También está en la prestigiosa lista de Los Pueblos más Bonitos de España.

Su estratégica ubicación ha hecho que durante siglos, por los reyes aragoneses, le otorgaran grandes privilegios, que aún rezuman en cada rincón de la villa. La enorme iglesia de San Pedro de Ansó, del S. XVI, el Torreón del S. XIV donde al parecer fue encerrada Blanca II de Navarra, el singular museo del Traje Ansotano, y su entorno, sin duda, dejan prendado.

6. Sallent de Gallego 

Ayuntamiento de Sallent de Gállego

Se podría considerar a Sallent de Gállego como el típico pueblo del Pirineo Aragonés, ideal para perderse entre sus mil esquinas, tomar café en la terraza de su Casino a los pies de la enorme escultura del Gigante de Sallent, comprar tomates en alguna tiendecita, o deleitarse de su bellísima iglesia gótica del S. XVI, donde admirar su valioso retablo plateresco.

Su puente del S. XVI que sortea el río Aguas Limpias, y su plaza, que ostenta un triple arco románico, bien merecen un paseo antes de atreverse con una excursión al Circo de Piedrafita, Picos del Infierno, o el Ibón de Anayet, desde donde admirar paisajes de ensueño.