Secretosdel Vaticano

El Vaticano es uno de los países más pequeños del mundo y a primera vista parecía que no iba a dar mucho juego, pero al fi nal la cosa salió muy bien: conocimos secretos del gran Miguel Ángel, vimos al Papa Benedicto XVI en persona, perseguimos a Silvio Berlusconi en plan paparazzi, alternamos con la nobleza romana (léase conde Lequio) y disfrutamos con la compañía de Paloma Gómez Borrero. El Vaticano, al completo.

JORGE SALVADOR

PRIMER DÍA:
La octava maravilla del mundo
La idea de grabar un programa en uno de los países más pequeños del mundo nos pareció curiosa, pero nunca imaginamos que sería tan divertida. De entrada pensábamos que tendríamos problemas para entrar en las dependencias vaticanas, pero no fue así: el padre Colino (director de la Capella Giulia, el coro del Vaticano) nos invitó a entrevistarle en su propio apartamento situado dentro del Vaticano. La primera sorpresa fue al pasar el control de seguridad, sonó un ¡PAM!, qué susto, resulta que para saludar los guardias suizos dan un golpe en el suelo con la alabarda, la "lanza medieval" que llevan en la mano. El saludo no iba por nosotros sino para el padre Colino, que nos confesó que le apasiona que se cuadren cuando él pasa. Entramos en un edificio pegado a la basílica del Vaticano y en el apartamento privado del padre Colino todo está abarrotado de libros, regalos y pequeños souvenirs. De repente nos pide que pasemos a su habitación y que cerremos los ojos (quién me iba a decir que estaría sentado en el borde de la cama de un monseñor, con los ojos cerrados y por si fuera poco dentro del Vaticano); después de dudarlo un segundo, lo hice, cerré los ojos y en ese momento Colino abrió los postigos de una puerta y dijo: "Ahora mirar la octava maravilla del mundo...". Al abrir los ojos apareció a lo bestia la cúpula de San Pedro, y es que ese apartamento era el apartamento de Miguel Ángel, que se reservó para sí el que tenía la mejor perspectiva de su cúpula.

Al cabo de un rato Colino se destapó como un tipo divertidísimo. Nos confesó que su gran problema era tirar de la cadena del WC, y es que está prohibido usarla a partir de las 7 de la tarde. El pobre hombre confi esa que se espera a las 12 de la noche, a que suenen las campanas de la basílica, y aprovechando el estruendo tira de la cadena para que el vecino de abajo no se dé cuenta. Uno de los momentos inolvidables de la visita a Colino fue la demostración in situ de cómo hace ejercicio: monta en su bicicleta estática y mientras pedalea ve el telediario del canal internacional de TVE y al mismo tiempo reza el rosario. Nunca había pensado que Indurain podría haber subido un puerto de montaña rezando y escuchando un informativo a la vez. Otra de las curiosidades es que los curas del Vaticano, si salen de noche, han de volver antes de las 11 y, si llegan tarde, son sancionados por una "inquisición del horario nocturno"; nos aseguran que algunos curas tiene apartamentos fuera del Vaticano para no ser sancionados.

SEGUNDO DÍA:
El Papa y las majorettes
Resulta que dentro del Vaticano hay una farmacia a la que cualquiera puede entrar. De hecho, muchos romanos se acercan allí porque los productos farmacéuticos están mucho más baratos por estar exentos de IVA. Entrevistamos a un cura español que trabaja en esa farmacia y que atendió al Papa Juan Pablo II el día de su atentado, y justo al terminar nos preguntó: "¿Queréis ir mañana a la recepción del Papa? Tengo entradas". ¡Entradas para ver al Papa! Nos miramos y dijimos: "Pues sí, somos siete". Y así fue cómo al día siguiente aparecimos todo el equipo en una recepción papal. El auditórium tiene una decoración un tanto dudosa; de hecho, el fondo del escenario parece un decorado de la película de Al Pacino "Pactar con el diablo", da un poco de miedo; dentro de la sala había una banda de majorettes que amenizaba la espera. Si no os lo creéis, mirar la foto de Sardá esperando. Pero el momento álgido llega cuando entra el Papa en la sala. Hace una entrada triunfal como si fuera una estrella del rock, recorriendo el pasillo central del auditórium entero hasta llegar al escenario. En la sala se arma "la de Dios" (nunca mejor dicho): aplausos, gritos, histeria, parecía la pasarela de los Oscar cuando pasa Brad Pitt. La mayoría de la gente se sube a las sillas para poder ver algo, y mientras la banda de majorettes tocando. En fin, un follón.

La anécdota del día llegó al salir. Uno de nuestros cámaras dijo: "Joder, menos mal". Resulta que llevaba en el bolsillo, sin darse cuenta, una navaja multiusos (con 59 usos). Parecía increíble, pero el arco de seguridad de la guardia suiza no lo había detectado, habiendo más de veinte tipos de cuchillos diferentes; en fin, es mejor no dar ideas, pero estuvimos a centímetros del Papa con una navaja multiusos y nadie lo detectó.

TERCER DÍA:
El cogote de Berlusconi
Algunos datos curiosos que vimos al entrar en la parte desconocida del Vaticano fue encontrar dentro una gasolinera -por cierto, con la gasolina más barata de Italia (recordar que los curas están exentos de IVA)- y una estación de tren privada sólo para el Papa: el muro que separa El Vaticano de Roma tiene una puerta por donde entra muy de vez en cuando un tren para recoger únicamente al Papa.

Al salir decidimos acercarnos a la Plaza Navonna y de repente pasaron dos coches negros imponentes. Por suerte uno de ellos llevaba la luz interior encendida y por casualidad me agaché a chafardear, y dije: "Sardá, juraría que en ese cochazo va Berlusconi". "No puede ser", me dijo. Pues era verdad: ir a Roma y encontrarte a Berlusconi por la calle es como ir a Washington y encontrarse a Bush, en fin, ¡increíble!

Pues salí corriendo como un descosido detrás del coche, hay que decir que mi condición física es lamentable y mientras jadeaba pensé que sólo aguantaría dos manzanas más (durante 30 segundos me sentí un paparazzi del "Tomate"). Por fortuna el coche paró 50 metros más adelante, en la inauguración de un anticuario, y ahí le abordamos. Hay que decir que el hombre fue muy amable y nos concedió una entrevista, no así su guardaespaldas, que me amenazó si volvía a hacer una foto a Silvio Berlusconi por detrás. Como no soy del "Tomate", me guardo en la intimidad la foto del cogote de Don Silvio y no comentaré nada de lo que se ve ampliándola un poquito.

CUARTO DÍA:
En la casa-palacio de Lequio
Aprovechando la visita en Roma, aceptamos la invitación de uno de los italianos más conocidos en España, Alessandro Lequio. La casa familiar de Alessandro es el Palacio Torlonia, del siglo XVII y situado en el centro de Roma, a 50 metros de la Plaza España. Parece mentira que alguien viva en un sitio así. El salón central lo preside un cuadro de Alfonso XIII vestido como caballero de la Orden de Malta, majestuoso pero ¡terrorífico! Ni Amenábar hubiera ideado un cuadro así para una de sus películas de terror. El palacio tiene hasta capilla propia, con frescos pintados por un discípulo de Rafael. Lequio reconoce que habitualmente ejerce de monaguillo. Pero algo en esa casa me cautivó, y fue la colección de fotos de la abuela de Lequio, la infanta Beatriz. Resulta que la tía del rey Juan Carlos era aficionada a la fotografía y desde principios de siglo hacía cada año un álbum de fotos con comentarios a mano. Aparecen fotos de la familia real con comentarios como "papá y mamá" (el rey Alfonso XIII y la reina María Eugenia), o álbumes de los años de la familia real en el exilio, con imágenes desconocidas, como un Alfonso XIII con barba cazando un león en Sudán. Y encontré unas fotos de Antonia de Latte con la reina Sofía y otra de Lequio con "Juanito", el rey don Juan Carlos.

QUINTO DÍA:
El cuervo de Paloma Gómez Borrero
Otra visita obligada en Roma es a Paloma Gómez Borrero, la española que más sabe del Vaticano. Es como una relaciones públicas de la Iglesia que a este paso acabará santificada. Aunque tantos años rodeada de curas le ha afectado un poco. Una de sus mejores anécdotas es cómo justo después de una entrevista a un cura exorcista un cuervo entró en su casa, ensangrentando las paredes. Paloma dice que el cuervo se escondió detrás de una estantería y aún permanece allí. Tras el incidente le desapareció de esa habitación la grabadora y la cinta utilizada para entrevistar al exorcista. En fin, una bonita historia para acabar la visita al Estado Vaticano.