Los secretos de Lisboa

Se lleva Lisboa. Y además, está cerca. Mientras la ciudad de moda bebe las mieles de su éxito, nos perdemos por ella y descubrimos sus secretos. (Algunos guarda todavía)

Yolanda Guirado
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Foto: Sean Pavone / ISTOCK
alanphillips / ISTOCK

Dormir en un Museo

Un mosaico de la Diosa Afrodita que data del siglo II dC, un antiguo palacio del siglo XVI derruido por el terremoto de 1755, una calzada romana, una lápida con inscripción fenicia incomparable a otras halladas en la península, una muralla romana o un pozo en el que aún se aprecian las marcas de las cuerdas con las que subían el agua.

Ramón Vaamonde

Son algunos de los secretos que esconde el Hotel Eurostars Museum 5*. ¿Te imaginas dormir aquí? Un viaje en el tiempo con todo el lujo de un cinco estrellas. Aunque no te alojes en él, la exposición arqueológica permanente está abierta para todos los públicos. (Bajo cita previa en la Rua Cais de Santarém, 40.)

Ramón Vaamonde

La Librería más instagrameable

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20 años tiene ya esta librería que empezó en el barrio alto de la ciudad y hoy se encuentra en LX Factory. Te perderás durante horas en su galería, la antigua imprenta, el café, la biblioteca, o el auditorio en el que se celebran conciertos. Estamos en Ler Devagar. Si te cuesta recordar el nombre, acuérdate de la librería de la enorme bicicleta colgada en el techo.

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La encontrarás fácilmente porque se ha convertido en la más fotografiada del mundo. No es para menos. Está considerada una de las 20 más bellas del planeta y alberga más de 70.000 libros. (Rua Rodrigues de Faria, 103 - G.0.3.1300-501 Lisboa.)

Nos gusta el 12

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Hoy no cogemos el 28. Si quieres sentirte como un lisboeta más, sube al tranvía número 12 o al 24. Pocos turistas se sentarán a tu lado. A cambio, compartirás asiento con el señor que lee el periódico y la señora que viene de hacer la compra. Amarillos y blancos, no hay medio de transporte más pintoresco en el mundo entero. Nos damos cuenta cuando abrimos una de las ventanillas de madera. La brisa nos da en la cara mientras vamos descubriendo los encantos de la parte más antigua ciudad.

Therapist

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La naturaleza cura. Es el lema del primer y único restaurante terapéutico que hay en Portugal. Alimentación emocional y mucho sabor. Mente. Detox. Inmunidad. Son los tres pilares del menú de este local que fusiona nutrición y homeopatía. Cuentan con salas donde practican acupuntura y si quieres darte un masaje, has encontrado tu sitio. Además, nos asesoran sobre los alimentos que más beneficios nos aportan ante patologías como el estrés o la ansiedad. Slow food, Slow Life. ( Rua Rodrigues de Faria, 103, 1300- 472 Lisboa).

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¿Qué fue antes, el gallo o la sardina?

Difícil responder a esa pregunta. La sardina es el símbolo de Lisboa por excelencia. Era el pescado que comía el pueblo. El gallo se extiende más al norte. Cuenta la leyenda que un forastero llegó a un pequeño pueblo donde había muchos robos. El hombre fue declarado culpable.

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Fue a ver al juez, que estaba comiendo un gallo asado, y le dijo: “tan cierto es que soy inocente como que ese gallo cantará”. Cuando iba a ser juzgado, el gallo cantó. Ambos conviven juntos en escaparates y comercios. (Y hasta venden un gallo que predice la meteorología.)

Licor de guindas casero

¿Quieres probar una ginja 100% natural? Piérdete por el barrio de Alfama. En algunas callejuelas asoman mesas con un mantenido de colores. En ellas, señoras mayores, vecinas del barrio, esperan con enormes jarras llenas. Si las encuentras, detente unos minutos.

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Aquí venden licor de guindas que ellas mismas preparan en sus casas. Es sin duda el elixir más artesano que podemos probar en toda la ciudad. Lo acompañamos de un pastel de nata que compramos en la Travesía do Monte.

Gracia y un señor llamado Agapito

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Dentro de Gracia, el barrio Estrella D’Ouro. El nombre del empresario Agapito Serra Fernandes aparece por todas partes. En las calles, alusiones a su esposa y sus hijas. En las aceras, estrellas de cinco puntas. Se cree que podrían ser símbolos masónicos. En estos singulares edificios residían sus empleados. Hoy, las señoras toman el fresco desde las ventanas al caer la tarde. Es parte de la historia de este tranquilo rincón. Unos metros más arriba, el mirador Nuestra Señora del Monte tiene una de las mejores vistas de la ciudad.

¿Por qué azul y blanco?

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Azulejos de colores llenan las paredes de Lisboa. Una moda que llegó a la ciudad en el siglo XV. El rey Don Manuel ordena un importante encargo de azulejos para el palacio de Sintra. A partir de ahí, iglesias, conventos, capillas y palacios llenan sus paredes de escenas religiosas y cotidianas. Los primeros fueron los azules y blancos. Imitaban a los mosaicos árabes y llegaban directamente desde Sevilla. Conocemos su historia en el Museo Nacional del Azulejo (Rua Me. Deus 4.) Y la reconocemos en las calles de Alfama.

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