El secreto mejor guardado de Portugal que conquistó a Churchill se llama Câmara de Lobos
A los pies de vertiginosos acantilados y rodeado de plataneras, este pueblo conserva intacta la esencia de Madeira.

En Madeira se encuentra uno de los pueblos más bellos de Portugal. / Istock
El 9 de enero de 1950, durante un viaje de 12 días a la isla lusa de Madeira, Wiston Churchill se enamoró perdidamente de Câmara de Lobos. Instaló su caballete en un mirador y dibujó la bahía en un lienzo. Tras su primer mandato como primer ministro británico, Churcill buscaba un sitio para descansar y trabajar en sus memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Era su segundo día de visita cuando dio con este encantador puerto pesquero.
En la actualidad, el punto exacto donde el exministro inmortalizó la bahía, llamado históricamente “Mirador del Espíritu Santo”, se conoce como el Mirador de Wiston Churchill. Otro lugar que rinde homenaje a Churchill se sitúa en la terraza del hotel Pestana Churchill Bay, en pleno casco urbano, donde una estatua suya frente a un caballete, con puro en boca y pincel en mano, invita a los turistas a sentarse en un sillón de bronce junto a él para inmortalizar la estampa.

Winston Churchill cayó rendido a los encantos de Camara de Lobos. / iStock
Ubicado en la costa sur de la Madeira, a apenas diez minutos conduciendo desde la capital, Funchal, Câmara de Lobos fue la primera localidad en la que vivió João Gonçalves Zarco, el navegante que descubrió la isla en 1419 bajo las órdenes del Infante Don Henrique. Sus casas encaladas de tejados rojizos cuelgan de las laderas que lo refugian, mirando a un Atlántico salpicado por pequeñas embarcaciones de colores, conocidas como “xavelhas”.
El nombre, que se traduce como “cámara de lobos marinos”, hace referencia al gran número de focas monje que en su día habitaban la zona, en la actualidad prácticamente desaparecidas.
Qué ver en Câmara de Lobos
Lo primero que se siente al pasear por sus calles son las notas salinas, a veces impregnadas por el olor del pescado fresco. Hemos llegado a un pueblo pesquero, algo que se hace evidente al ver las redes tendidas al sol y los barquitos que aguardan en la orilla hasta la siguiente jornada de pesca.

Las impresionantes panorámicas de Camara de Lobos no dejan indiferente / iStock
Para sumergirse en la vida local no hay como hacerlo desde el paseo marítimo, observando cómo los vecinos charlan en las terrazas o juegan al dominó y a las cartas mientras dan tragos de poncha, la bebida tradicional elaborada a base de aguardiente de caña, miel y zumo de limón. A la versión tradicional de esta bebida, caracterizada por su alta graduación alcohólica, se le suelen añadir frutas locales como maracuyá o pitanga.
Tras el paseo toca sentarse en una de las mesas que miran al puerto para probar delicias locales como lapas a la parrilla, bacalao o peixe espada preto, el pez espada negro capturado en aguas profundas y servido con plátano frito. Platos que pueden acompañarse, cómo no, por la poncha.
A unos pasos encontramos la sencilla iglesia de São Sebastião, reflejo de la gran tradición religiosa de la comunidad. Callejear hasta el Jadín del Islote nos premiará con escenas de la cotidianeidad local. El parque divide la bahía mostrando un cuidado jardín desde donde obtener vistas del acantilado de Cabo Girão, uno de los más impactantes del mundo y el más alto de Europa, con una caída vertical de 580 metros sobre el Océano Atlántico.

Cabo Girao es uno de los acantilados más altos de Europa / iStock
Desde arriba se puede acceder a una plataforma suspendida con suelo de cristal. Caminar por ella es una sensación maravillosa, como el hecho de hacerlo por un abismo pero con la seguridad de estar protegido. Abajo se reparten pequeñas parcelas de cultivo llamadas fajãs. En su día, los agricultores únicamente podían llegar a ellas en barco, pero hoy hay un empinado teleférico que conecta también con una pequeña playa de piedras volcánicas.
Asimismo resulta interesante una visita a Estreito de Câmara de Lobos, una de las freguesías más importantes del municipio. El municipio está configurado por estrechos caminos, de ahí la toponimia de la localidad. A lo largo de su historia, este terreno ha sido idóneo para el cultivo de vides en terrazas, responsables de la producción del famoso Vino de Madeira. Además, Estreito es el mejor lugar para probar la “espetada”, una brocheta de carne en rama de laurel.
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