Pozalagua, el secreto mejor guardado del valle de Carranza

Manuel Mateo Pérez
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Foto: Teo Moreno Moreno / ALAMY

Carranza es un municipio vizcaíno limítrofe con Cantabria. Pero es también el nombre de un río, de un valle y de uno de los rincones de interior más bellos del País Vasco, apto sobre todo para viajeros con ganas de perderse. En el Valle de Carranza se citan algunos de los rincones más singulares del norte peninsular, lugares insospechados, de una belleza inenarrable como la cueva de Pozalagua.

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En el corazón de Parque Natural de Armañón, al norte del valle, entre severas cumbres calizas y bosques siempre verdes, Pozalagua se esconde bajo el macizo calcáreo de Las Peñas de Ranero. Su boca nos conduce a un mundo de silencio y oscuridad, inquietante y bello hasta el extremo en cuyo interior reina durante todo el año una temperatura constante de 13º C. Las pasarelas por sus grandes salas atraviesan un itinerario laberíntico formado por estalactitas, estalagmitas, columnas, banderas, coladas y gours formados en los suelos por el imparable efecto del agua filtrada. Pero lo que convierte Pozalagua en una de las cuevas más deslumbrantes de España es la existencia de estalactitas excéntricas que no crecen hacia abajo, sino que se retuercen y adoptan formas imposibles que contradicen las más elementales reglas de la gravedad. Las excéntricas son formaciones calcáreas que siguen constituyen un misterio para los investigadores. Algo parece claro: solo el hermetismo absoluto de esta cueva descubierta hace tan solo sesenta años ha permitido durante miles y miles de año conservar estructuras que son únicas en el mundo.

Monumento al 50 aniversario del descubrimiento de la cueva Pozalagua | Teo Moreno Moreno / ALAMY

Pozalagua es un viaje al origen de la geología que dura unos cuarenta minutos y donde es necesario llevar ropa de abrigo. La entrada de la cueva es un gran edificio integrado en el paisaje, a los pies de una descomunal cantera, un rincón de ella convertida en anfiteatro para la celebración de conciertos de música en verano. En el interior de este gran centro hay salas que ilustran al visitante de la existencia de otra descomunal originalidad. Se trata de la Torca de El Carlista, situada al lado de la cueva, pero solo accesible para espeleólogos muy experimentados. Se trata de una de las simas más grandes del mundo, hasta hace pocos años considerada la mayor del planeta. Es de tal dimensión que los vizcaínos gustan en decir que dentro de ella caben tres estadios de San Mamés.

Al lado de la entrada de la cueva y de los caminos que suben hasta la boca de la torca abre sus puertas el Centro de Interpretación del Parque Natural de Armañón, ubicado en las antiguas instalaciones del cargadero de mineral de la vieja cantera. Hay en él una exposición permanente, una galería subterránea y un ancho y luminoso mirador con vistas al valle.

Anfiteatro en la antigua cantera del valle de Carranza. | Teo Moreno Moreno / ALAMY

Pero aún hay más. El Valle de Carranza posee un centro de acogida de animales silvestres ubicado en una antigua finca de indianos, en una finca de más de veinte hectáreas donde es posible ver hasta osos. Y para los amantes del patrimonio destaca una antigua iglesia consagrada a San Andrés de Biáñez, cuyo interior atesora el mayor retablo pintado de estilo renacentista de la cornisa cantábrica. El retablo representa la Pasión de Cristo, el martirio de San Andrés y la Última Cena. ¿Lugares donde comer? Muchos. ¿Alojamientos? No tantos, sobre todo casas rurales encantadoras. Lo bueno es que estamos a un salto de la costa, a dos de Bilbao y a tres de los pueblos al este de Cantabria.