Savute, la tierra de los elefantes

Savute es un enigma. Uno de los mayores y más fascinantes misterios del África austral. Cinco mil kilómetros cuadrados de territorio con pinturas rupestres, colinas volcánicas, un río que aparece y desaparece por causas aún desconocidas, las huellas de un gigantesco lago jurásico, una depresión inundable y la mayor concentración de elefantes del mundo: hay 120.000 elefantes en el Parque Nacional de Chobe, en Botsuana, y la mitad de ellos se encuentra en una de las cuatro áreas del parque, en Savute.

Mariano López

David Livingstone pasó por Savute en 1851, antes de su encuentro con las cataratas que bautizó como Victoria. Describió la marisma de Savute como un "triste pantano", sin poder imaginar que pocos años después volvería a fluir el río y el pantano se vería inundado. Luego, el río se secó. Tiempo después, volvió a emerger. Como en otras ocasiones, el río surgió de repente, regó Savute durante años y finalmente, con el mismo misterio con el que vino, desapareció. El ciclo se repite sin una pauta precisa, aún no tiene explicación. Hace cincuenta años, los expertos creían que existía una clara conexión entre las crecidas de las fuentes de los ríos Chobe y Okavango en las montañas de Angola y el surgimiento de agua en el canal de Savute, pero luego comprobaron que había años de desmesuradas lluvias en Angola en los que el canal permanecía completamente seco. En 1981 se pensó que el río de fuentes misteriosas se había extinguido para siempre. Dos documentalistas de National Geographic, Derek y Beverly Joubert, rodaron un cortometraje sobrela muerte del río Savute que titularon El río robado. Pero hace dos años el agua volvió a brotar. Las lluvias inundaron las montañas de Angola al mismo tiempo que las tierras del norte de Botsuana sufrieron dos terremotos de relevante intensidad. La Tierra se movió, quizá las piezas se reencajaron. El caso es que casi tres décadas después de su presunta muerte, el río Savute volvió a animar con sus aguas el canal, la pradera, la sabana y el pantano, la tierra de los elefantes.

Ollie, Baker, Mighty, Wacky y todos los demás miembros del equipo que gobierna el campamento de Savute donde nos alojamos el fotógrafo Tino Soriano y yo se quedaron perplejos, mudos de asombro, cuando vieron queel agua volvía a llenar el lecho seco del río frente al que se levantan las tiendas de campaña y el mirador. "Aún no lo entendemos", me dice nuestro guía, Baker, mientras me señala una placa de chapa, a la entrada del campamento, que habla del río fantasma que desapareció en los años 80. "Tenemos que añadir cuanto antes otra placa -afirma Baker- que diga que el agua ha vuelto".

Es mediodía, hace calor. Una pareja de águilas pescadoras se acaba de posar en las ramas secas de dos árboles que murieron antes de que regresara el río que les animó a crecer. Hay muchos esqueletos vegetales en el viejo cauce. Troncos y ramas que una vez sujetaron el abanico verde con que se cubren las acacias espinosas, los caobos, el mopane o la marula. También hay árboles nuevos, frescos, que detrás de las ramas secas, desnudas y retorcidas forman la primera línea verde la ribera. De pronto, tres elefantes cruzan esa línea, surgen de entre los árboles y se meten en el río para darse un chapuzón. "Son tres machos jóvenes que se han alejado, no mucho, de su grupo; se refrescarán unos minutos y volverán con la manada", explica Baker. Tino Soriano y yo pensamos que tenemos suerte. No nos hemos instalado, aún cargamos con la maleta, y ya hemos podido contemplar a un grupo de elefantes chapoteando en el río. "Bienvenidos a la tierra de los elefantes -dice Baker-. No lleven la cuenta de los que han visto, ni de los que van a ver. Serán cientos. Es el único lugar del mundo donde es posible ver hasta dos mil elefantes en una hora. Es el récord, está comprobado. Incluso a mí, que llevo ocho años de guía, me impresiona".

La concentración de elefantes en el Parque Nacional del río Chobe, en Botsuana, y en particular en el área de Savute, al suroeste del parque, es la mayor del mundo. El fenómeno no es un misterio, como el que rodea al flujo del río, pero solo se explica por la suma de varias causas, entre ellas la abundancia de agua, comida, sales minerales y corredores estables para la migración. El pantano de Savute ocupa la parte más baja de una depresión que hace millones de años estuvo inundada por uno de los mayores lagos de África, el lago Okavango, que se estima que pudo ocupar una superficie similar a la del 80 por ciento de Andalucía. El área todavía conserva una cresta arenosa que señala el lugar donde estuvo una mínima parte de la orilla de tan gigantesco lago. El suelo es rico en sales y rara vez está totalmente seco. Las primeras lluvias del invierno buscan el fondo del pantano que, rápidamente y sin la ayuda del río, se colma de agua y alimenta una explosión de plantas, flores y raíces que son un manjar para los elefantes, aunque se ha comprobado que los paquidermos de Savute poseen colmillos más pequeños y menos densos que los habituales debido al escaso calcio que les aporta su exquisito menú de las marismas.

Los corredores son uno de los mayores lujos del norte de Botsuana. Durante la estación seca, los elefantes pueden emigrar hacia el norte a buscar la vegetación de lasriberas del Chobe y del Linyanti, en Namibia, incluso pueden entrar en el oeste de Zimbabue. Cuando comienzan las lluvias, cuando el cielo late con rayos y relámpagos, se rompe y se estremece con las tormentas eléctricas que preceden al agua, los elefantes vuelven hacia el sureste: a los pastos, las flores, las raíces y las sales de Savute.

Nos alojamos en el campamento Savute Elephant Camp, formado por doce tiendas de campaña, cada una de ellas plantada sobre una estructura elevada de madera y cubierta por un tejado de paja que la protege y oculta al mismo tiempo. Las tiendas son de lona, como las de los safaris de finales del siglo XIX y comienzos del XX, pero mucho más grandes y acogedoras que las que conocieron Richard Francis Burton, John Hanning Speke o Denys Finch Hatton. Dentro hay muebles de caoba, aire acondicionado, una cama enorme con dosel y mosquitero, un cuarto de baño completo, minibar y un escritorio antiguo de madera. Huele a romero, por el jabón. Una puerta de lona, junto al cuarto de baño, conduce a unaducha exterior al aire libre, visitada con frecuencia por las ardillas. La entrada principal da a un pequeño balcón, con una hamaca, una mesa, dos sillones de mimbre y una barandilla de madera. En una tienda igual a éstas, en un campamento cercano, en Khwai River Lodge, recibimos lavisita nocturna de un elefante que llegó a apoyarse en la barandilla, a dos metros de las sillas y de la hamaca. Primero se paseó junto a la tienda de Tino Soriano y luego se rascó la piel en mi barandilla. Hubiera podido ver sus ojos curiosos, sentir sus resoplidos, desde la cama. Impresionante, inolvidable. Se lo contamos al guía. ¿Fue peligroso? "No, es habitual. Son animales curiosos y están muy acostumbrados a las tiendas y a la presencia de los seres humanos".

Salimos, de madrugada, en un vehículo todoterreno descubierto. El primer encuentro es con un grupo de impalas.Los impalas, las cebras y otros antílopes de esta zona, como los tsessebe, son migratorios. Buscan las llanuras abiertas al sur y al este del parque, de diciembre a marzo, y viajan en sentido contrario cuando escasean los pastos. Les siguen leones, hienas, perros salvajes y, en menor medida, leopardos, que no suelen abandonar sus escondites boscosos. También emigran las aves. Savute, con su marisma, el río y las pozas de roca que almacenan la lluvia, es un paraíso para las aves. Se han censado450 especies de aves, entre ellas las espectaculares, preciosas, carracas de color azul y verde, que cuando despliegan sus alas parecen aves del paraíso, y las llamativas familias de cigüeñas exóticas, como el tántalo africano, de pico amarillo y cara roja, o el jabirú, de largo pico rojo con banda negra y plumas verdes, blancas, negras y azuladas. El ave que nos parece más común es el cálao de pico amarillo, que encuentra su alimento (insectos y gusanos) en los excrementos de los elefantes.

El coche se mueve por caminos a veces embarrados, pistas estrechas y cursos de agua. Delante, cuando avanzamos por los caminos secos, es habitual que llevemos compañía: una pareja de tórtolas que acompasa su vuelo con la velocidad del vehículo para atrapar los mosquitos atraídos por los faros. Por lo demás, estamos solos. Apenas nos hemos cruzado con vehículos de otros campamentos. Es un privilegio, un lujo absoluto, recorrer los caminos de este paraíso sin más presencia alrededor que la de las aves y la fauna salvaje. Por si fuera poco, los elefantes abundan. Algunos se acercan a escasos metros del coche. "Este parque y el de Amboseli, en Kenia, son los lugares donde más se acercan los elefantes a los humanos -explica Baker-, por el trabajo que han hecho los investigadores que les han acostumbrado a no tener miedo alguno de los hombres". De camino a la marisma, no dejamos de ver elefantes. "Uno no se cansa de verlos -dice Baker-. Son animales sensibles, inteligentes, sociales. Con los años, aprendes a distinguir algunas claves de su lenguaje: cómo suena cuando protestan o cuando se divierten; también lloran, rugen, amenazan o llaman a sus compañeros para indicar dónde hay comida. Además de los sonidos, muestran decenas de expresiones y señales diferentes para manifestar su estado o para comunicarse. Son fascinantes".

Savute ocupa la parte suroriental delParque Nacional de Chobe, que llegó a contar, oficialmente, con más de 30.000 kilómetros cuadrados de extensión. Ahora suma poco más de 10.000. Al sur de los límites del parque comienzan los territorios donde está permitida la caza. Son reservas privadas a las que llegan libremente los animales que cruzan la frontera, sin marcas ni defensas, de las áreas protegidas y se internan en los cotos. Los defensores de la caza opinan que resulta positiva para la economía local, ayuda a controlar la posible sobrepoblación de elefantes y contribuye a financiar y mejorar las reservas, incluso a darles sentido. Los cazadores se acercan a pie a unos cincuenta metros del elefante, que no huye, no ataca, no intuye el peligro. Le disparan con dos escopetas, la del visitante y la de un ranger profesional que evita con su certero disparo que un error del recién llegado deje al elefante malherido pero con fuerzas para huir. Las armas son automáticas, con mira telescópica y balas del más grueso calibre. Se hace difícil entender qué extraño placer, qué perversa diversión pueden encontrar cuando aprietan el gatillo quienes acaban de un disparo con la vida de un animal tan excepcional, tan confiado y, frente a las armas automáticas, tan indefenso.

Pero, por fortuna, estamos en Savute y no en un coto de caza. Aquí el espectáculo es la vida. Cada minuto, en cada estación. Cuando llega el verano los pastos menguan, la sabana se viste de amarillo y los animales se concentran bajo la sombra de las acacias durante el día, y junto al río y las charcas de agua al atardecer. Cuando llegan las lluvias, el agua llena las oquedades de las rocas y brilla con un color verde, tan intenso como el de la vegetación. Savute deslumbra todo el año, desde que amanece hasta que el cielo de África despliega sus estrellas. La última noche en Savute, Tino Soriano capta con su cámara un momento mágico: varios elefantes bañándose de noche en el río misterioso, a la luz de las estrellas. Quizá se habían escapado de su grupo para vivir una aventura nocturna de adolescentes. Quizá sea ese el secreto del parque: que a todos los elefantes les gusta jugar de noche, en el cauce del extraño río, bajo las estrellas. Quién sabe. Son muchos y bellos los misterios que aún quedan por resolver en el enigmático Savute.