Santo Domingo, la ciudad que está de moda en el Caribe

Grandes dosis de cultura, una reconocida gastronomía y gentes cálidas y acogedoras ¿Sabes ya por qué todo el mundo habla de la capital dominicana?

Noelia Ferreiro
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Es la joya urbana del trópico, el lugar donde tomarle el pulso a la buena vida. Una ciudad hermosa y viva, plena de de color, de ritmo y de sabrosura. Una capital de gentes alegres, cálidas y acogedoras con las que resulta imposible no sentirse como en casa.

Por todo ello y por mucho más, Santo Domingo está de moda. De un tiempo a esta parte, todo el mundo vuelve los ojos a sus encantos. A día de hoy, es la reina del Caribe. 

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Mucho le ha costado a la capital dominicana alcanzar este estatus de destino en sí mismo, al que merece la pena dedicar un buen puñado de días. Demasiado acostumbrada a competir con el resto de atractivos del país, demasiado relegada a ser el puente desde el que dar el salto a las idílicas playas, a menudo los viajeros apenas reparaban en ella. Pero esto ha cambiado ya. 

Cultura por un tubo

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Hoy Santo Domingo atrae a todo tipo de buscadores de experiencias. Especialmente a los amantes de la cultura, que encontrarán en ella un filón. Porque, para quien no lo sepa, se trata de la ciudad más antigua del Nuevo Mundo, el lugar en el que a cada paso pueden leerse miles de páginas de historia.

Epicentro de la colonización de América, su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, no sólo fue el primero al que la Corona española le otorgó carta real sino también el que más huellas contiene del almirante Cristóbal Colón.

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Pasear por su entramado urbano de carácter colonial es toda una delicia. Es aquí donde seguir la pista a los monumentos más bellos: las fachadas de colores, las casas de piedra, los palacios, las iglesias, las plazas recogidas a la sombra de las plantas tropicales.

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La Catedral, la primera que vio levantarse el continente americano, fue construida en piedra caliza de origen coralino y con una dualidad de estilos: románico por fuera y gótico por dentro. Y los museos (de las Casas Reales, de la Familia Dominicana, del Ámbar…) contienen una interesante lección de historia.

El Alcázar de Colón, que perteneció al hijo del descubridor, y el Convento de los Dominicos, donde fue pronunciado el primer alegato en defensa de los indios, son otras visitas inexcusables.

Piratas y chocolate

The Colonial Gate

Seductora y apacible, Santo Domingo ha sido siempre una tentación. Por eso fue codiciada por piratas y bucaneros. El más notable, el temido Francis Drake, que invadió la ciudad hacia el año 1586. Una aventura que hoy puede vivirse en primera persona en el llamado The Colonial Gate, una rompedora atracción emplazada en el casco antiguo. ¿De qué se trata? Pues de un viaje en 4D hacia aquella batalla para, literalmente, esquivar los cañonazos, volar sobre la ciudad amurallada y sentir el calor de las llamas.

Kah Kow Tours

Más dulce es el otro gran reclamo: el cacao, seña de identidad dominicana. Cuentan que fue Hernán Cortés el primer europeo en probarlo, aunque ya para las civilizaciones antiguas era el alimento de los dioses. En la capital hay un lugar para descubrir su origen y, ya de paso, darse un goloso atracón.

Se llama Kah Kow Experience y es un recorrido a través de un teatro holográfico, un bosque místico y un salón sensorial por el que está considerado uno de los mejores chocolates del mundo.  

Capital de la Gastronomía del Caribe

Pat’e Palo

Por si fueran pocos los atractivos, Santo Domingo suma ahora este nuevo y prestigioso título. Y lo hace por segundo año consecutivo. Su condición de Capital de la Cultura Gastronómica del Caribe 2019 la convierte en un destino culinario a nivel internacional.

Pat’e Palo

Con una cocina que es el resultado de la confluencia de tres culturas (la europea, la americana y la africana) la ciudad es el lugar que deben descubrir los incondicionales del buen comer. Desde las mesas populares a los restaurantes más selectos, sus fogones son un grato descubrimiento para los más gourmets

Jalao

Sólo hay que darse una vuelta por la Plaza de España y dejarse contagiar por el ambiente de sus terrazas. En la zona colonial se puede comer rico en el restaurante Buche Perico (El conde, 53), con auténtica comida local, o Pat’e Palo, que tiene el honor de ser la primera taberna de América. También merece la pena algo más alejado, a la orilla del malecón, donde la oferta se basa en los productos del mar.

Jalao

Y no hay que perderse Jalao para saber lo que es la alegría de este país, que quiere ser algo más que una postal de playa.