San Sebastián y el Monte Igueldo

Secretos, y no tan secretos, la ciudad de San Sebastián cuenta con rincones que bien merecen una visita y el Monte Igueldo es uno de ellos.

Sara Acosta Díaz
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Foto: Sara Acosta Díaz

En pleno golfo de Vizcaya y con una de las playas más bonitas de España, San Sebastián -Donostia en euskera- es una de esas ciudades que no te cansas de visitar y recorrer. Nacida como puerto de Navarra en 1180, la explosión como ciudad de descanso y reposo vendría a partir de 1987 cuando la regente María Cristina la convirtió en su lugar de veraneo y en sede real un año más tarde. Aunque los años dorados de San Sebastián serían los "gloriosos años 20", cuando hubo una verdadera explosión social y cuando se comenzó a edificar más allá de las fronteras que marcaban la antigua muralla.

Es de esta época de cuando datan algunos de estos rincones no tan secretos de San Sebastián, como Parque de Atracciones Monte Igueldo. Inaugurado por la propia María Cristina el 25 de agosto de 1912, aún hoy se puede disfrutar de las atracciones que un día hicieron las delicias de la alta sociedad española. Con un total de 25 atracciones, de esta época datan la Montaña Suiza -cuyos carros son los originales-, el Río Misterioso, las Barcas del Estanque y el Gran Laberinto, atracciones que siguen siendo las reinas gracias a su encanto y a las vistas que ofrecen de San Sebastián, el monte y el Cantábrico.

Gran Laberinto del Monte Igueldo | Sara Acosta Díaz

Dentro del recinto del parque también se ubica el Torreón, el antiguo faro de San Sebastián y el punto más alto de la ciudad. Levantado en el siglo XVIII, su aspecto actual se lo debe a Luís Elizalde quien a partir de 1912 le añade una planta con ventanales y la terraza superior ornamentada con cuatro torreones que le da ese aspecto de torre medieval.

Pero sin duda, el rey del monte Igueldo es el Hotel Mercure San Sebastián Monte Igueldo. Inaugurado el 19 de mayo de 1967, actualmente y desde hace 20 años forma parte de Mercure Hoteles aunque su historia comienza en 1924 con la apertura de un casino-restaurante, que cambió el concepto del parque de atracciones como lugar de entretenimiento. El hotel cuenta con una piscina ubicada sobre un antiguo fuerte carlista y ha sido completamente renovado sin perder un ápice de ese encanto antiguo y premiando las bellísimas vistas sobre la bahía de la concha y sobre San Sebastián con las que cuenta.

Torreón del Monte Igueldo, San Sebastián. | Sara Acosta Díaz

Sin perder ese ánimo de entretenimiento, el hotel ofrece a sus huéspedes lo que ha llamado "local stories" que no es más que una serie de actividades a través de las que conocer a fondo San Sebastián, su gente y esos rincones que sólo conocen quienes habitan en ella.

Un ejemplo de ello son las rutas que ofrecen junto a la empresa Go Local Tours. En bicicleta, a pie, gastronómicas, históricas, bélicas... hay una para cada visitante y en ellas, un guía experto en la historia de San Sebastián, muestra algunos de los datos más curiosos de Donostia como que en 1912 había un tren de madera con locomotora a vapor que unía la casa de baños del Balneario de a Perla, en la playa de la Concha, con el mar y que era utilizado por la Reina María Cristina para darse un chapuzón sin ser vista.

Hotel Mercure San Sebastián Monte Igueldo. | Sara Acosta Díaz

Todo el conjunto del Monte Igueldo fue declarado en 2014 Conjunto Monumental por el Gobierno Vasco. Gestionado por la misma familia desde hace cinco generaciones, también gestionan el Funicular de Igueldo, que recorre 312 metros y salva un desnivel de 162 metros desde hace más de 100 años y el que conserva los vagones de madera tal y como eran antaño.

Gastronomía donostiarra

En una visita a San Sebastián, la gastronomía merece una mención aparte. Aquí, los pintxos son los reyes y la cerveza y el vino en todas sus variedades los acompañantes ideales. Ir de "poteo" o de "txikiteo" es una costumbre arraigada y amplias las cuadrillas que se reúnen en torno a una -o varias- barra de bar repleta de pintxos para deleitarse con la comida y la bebida. Se dice que el pintxo nació en los años 30 y que fue el bar La Espiga, en pleno centro de San Sebastián y aún en funcionamiento, quien inventó esta porción de comida sobre un pan y atravesado por un palillo.  

Bodega de la sidrería Calonge. | Sara Acosta Díaz

Pero no sólo de pan vive el hombre ni de pintxos el donostiarra. Menos conocidas son las sidrerías aunque no por ello menos importantes. Una de ellas es la sidrería Calonge, que elabora su propia sidra que se puede comprar o probar en su restaurante. A diferencia de las asturianas, en las sidrerías vascas, también conocidas como sagardotegi, se puede probar la sidra antes de comprarla en lo que llaman época de txotx. De enero a abril, las sidrerías donostiarras abren sus puertas de par en par y ofrecen a sus comensales tragos de cada una de las barricas en las que está fermentando la sidra. Una vez probadas todas, se decide el número de botellas y la sidra que se va a querer comprar. O no, porque hoy en día, esta experiencia está abierta a todo el que quiera vivirla. Así, las sagardotegi ofrecen menús a base de txuletones, pimientos y tortillas de bacalao , entre otros manjares, acompañados por culines de sidra. Y es que, mientras se come, los comensales se levantan de la mesa y acuden a la bodega al grito de ¡txotx! . Sin duda, toda una experiencia gastronómica.