San Juan de Puerto Rico, la ciudad más animada del Caribe

Un recorrido sabrosón por el lugar que es la cuna de la piña colada.

Noelia Ferreiro
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Foto: Sean Pavone / ISTOCK

Hay quien asegura que se trata de una de las vidas noctámbulas más animadas del Caribe. Es la que se vive en el Viejo San Juan, esa suerte de mini-ciudad donde se asienta la parte más antigua de la capital de Puerto Rico. Una joya irrepetible entre el Viejo y el Nuevo Mundo, donde la noche, efectivamente, resulta efervescente. 

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A muchos les parecerá exagerado, pero en este bonito reducto colonial se cuentan más establecimientos de ocio por metro cuadrado que en la mismísima Nueva York. Es más, hay cierta reputación que coloca a sus locales en la lista de los más trendy, algo así como una mezcla de las últimas tendencias de Manhattan con el toque jactancioso de Miami. Al fin y al cabo, no lo olvidemos, estamos en la capital de un Estado Libre Asociado a Estados Unidos, que no deja de ser un mero apéndice de la potencia norteamericana.

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El cóctel perfecto

Esta vena marchosa debe mucho a que el Viejo San Juan, algunos no lo saben, es la cuna de la piña colada, el trago claramente evocador del trópico por su carácter exótico, refrescante y dulzón, y que es uno de los más consumidos a lo largo y ancho del planeta. Aquí nació como un remedio para acabar con la resaca. Un tal Ramón Marrero, apodado Monchito, dio con la fórmula perfecta tras unos cuantos meses probando y descartando combinaciones, mezclando ingredientes imposibles. La solución: 40 gramos de crema de coco, 80 gramos de zumo de piña y 20 gramos de ron blanco, todo bien batido en una licuadora con abundante hielo picado. 

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El episodio tuvo lugar hace ahora unos 60 años. Y todavía hoy el restaurante Barranchina, en plena calle de la Fortaleza, presume de ser la cuna de este cóctel universal que, al caer la tarde, rueda de mano en mano. Eso y el ron, claro, otro de los orgullos del país, principal productor de esta bebida alcohólica en su sibarita versión Premium. Dan fe marcas como Bacardí, Don Q, Ron del Barrilito... 

Redacción Viajar

Vida en la calle

En San Juan la velada puede empezar con un acontecimiento cultural en la parte nueva. Por ejemplo, un concierto clásico en el Centro de Bellas Artes o una buena obra en el Teatro Tapia, uno de los más antiguos del continente. Pero también se puede asistir a un espectáculo por todo lo alto con estrellas locales e internacionales. Para ello, el lugar es el Coliseo José Miguel Agrelot. 

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Pero el bullicio, la animación de la que hace gala esa bella parte de la capital declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se respira sobre todo en la calle. En este impresionante conjunto monumental que se dio en llamar la ciudad inexpugnable por estar circundado de fortificaciones, un constante hormigueo de gente confirma que tomar una cerveza o picar algo o charlar con ese toque spanglish tan característico, son actividades que se desarrollan al aire libre, alentadas siempre por el buen tiempo.

Escenario fantástico

Nada hay como pasear entre esas fachadas coloniales de colores vivos, con sus balcones de hierro forjado plagados de flores y sus coquetas plazas bordeadas de palacetes y salpicadas de cafés con terracitas. A cualquier hora podrá comprobar que no se trata sólo de belleza estanca, sino de un museo vivo, inagotable. Así se aprecia al abordar las empedradas callejuelas que van del Morro al Fuerte de San Cristóbal o las que suben desde el muelle de la bahía hasta la larga muralla que bordea el océano.

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Pero el cogollo de la marcha vespertina está en la calle San Sebastián: boutiques de moda, galerías, bares y, sobre todo, restaurantes de todos los rincones del mundo. Buena y merecida fama tienen los establecimientos de ese ángulo que conforma junto a la calle del Cristo, donde se yergue también la Catedral con los restos de Ponce de León.

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Más tarde, cuando el cuerpo pida movimiento, habrá que decidirse por alguno de los clubes camuflados por el Viejo San Juan. Discos de salsa donde se funden boricuas y turistas al ritmo de música en vivo hasta altas horas de la madrugada.