Samba y adrenalina en la divertida costa brasileña de Pipa

Playas protegidas por arrecifes, infinitos campos de dunas, aldeas minúsculas y bellos parajes tapizados de selva tropical aguardan en este rincón del gigante de Sudamérica.

Noelia Ferreiro
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Foto: Daniel Timbó / ISTOCK

La esquina noreste de Brasil esconde uno de los tramos costeros más espectaculares del país, una franja perteneciente al estado de Río Grande do Norte donde no sólo descansan algunos de los más bellos arenales sino también impactantes desfiladeros, salinas y lagunas de agua dulce, colinas color café y campos de dunas empujadas por los vientos litorales.

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Un paisaje que mezcla su idílica belleza con una infraestructura turística que lo ha convertido en un destino de moda al que acuden jóvenes procedentes de todos los rincones del mundo. Y eso que, curiosamente esta zona, que había sido un territorio colonial muy codiciado (disputado por los franceses, los holandeses y los portugueses) permaneció en el olvido hasta los años 70, cuando fue descubierto por los surfistas. 

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Este paraíso brasileño bautizado con el nombre de Pipa apenas era entonces una pequeña aldea de pescadores con calles sin asfaltar. Pero al calor de unas olas perfectas y de unas aguas flanqueadas de cocoteros, el lugar se sembró de pousadas, bares y restaurantes. De una animación incombustible en la que se mezclan ritmos variados y se entrecruzan idiomas diversos.

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También es el lugar donde emprender una aventura offroad a bordo de un buggy, un mini-automóvil abierto por todos sus flancos y especialmente indicado para sortear las playas y las rocas. Un medio singular que se ha convertido en la imagen de este litoral al que muchos acuden para sentir la inyección de adrenalina que produce deslizarse en estos divertidos vehículos. Sentir el azote del viento (y a veces de la arena), asomarse al abismo desde acantilados escarpados, remojarse con las olas del mar y trepar por las dunas para caer después en descensos verticales.

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Con la samba (por supuesto) como banda sonora, pueden recorrerse grandes tramos en salidas organizadas por las agencias de viaje locales. Se trata de excursiones que pueden ir desde unas cinco horas hasta varios días (en este caso con alojamiento incluido). Y siempre acompañadas de un bugeiro al volante y con la alegría brasileña por bandera.

Siguiendo la costa, en dirección norte, la ruta llegaría hasta Natal, capital del estado, y a las cercanas dunas de Genipabu, que alcanzan los 50 metros de altura. Pero más atractivo resulta el itinerario que avanza hacia el sur desde la población de Pipa. 

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Una marcha que da comienzo en la espectacular Baía dos Golfinhos, custodiada por acantilados, a donde se puede nadar fácilmente con delfines en libertad. Llegan a diario hasta la misma orilla, mezclándose con los bañistas en un bello espectáculo. También en la Praia do Amor, un paraíso para los amantes del surf que cuentan con un cierto nivel, se puede iniciar el trayecto. Cualquiera de las dos pueden admirarse desde las alturas si se aparca por un momento el buggy y se toma alguno de los senderos boscosos del Santuario Ecológico de Pipa.

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A partir de aquí, y siempre al filo del mar, la ruta atravesará Sibaúma, en cuyas dunas se puede parcticar skibunda (que consiste en descender por la pendiente en una especie de trineo de playa) y, entre piscinas naturales, Barra de Cunháu, el estuario de un río que forma una lengua de arena y que habrá de ser cruzado con el buggy sobre una balsa. 

Después todo serán playas deslumbrantes, pequeñas aldeas de pescadores, haciendas de camarones (que servirán deliciosos en los restaurantes del camino) y la llamada Mata Estrela, la mayor reserva de mata atlántica de Brasil que alcanza unas dos mil hectáreas. 

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Esta aventura depara asimismo parajes estrambóticos como el de Araraquara, más comúnmente conocido como la laguna de coca-cola. Sus aguas templadas y oscuras (del mismo color que el refresco) tienen poderes medicinales debido a la concentración de yodo y hierro. Chapotear en ella, después del divertido viaje en buggy, resulta altamente gratificante.