Samarcanda, la fantástica ciudad de Las mil y una noches

Al sureste de la actual Uzbekistán pervive aún la mágica Samarcanda, punto clave de la Ruta de la Seda y una de las ciudades más antiguas del mundo aún habitadas 

Jose Miguel Barrantes
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Samarcanda tiene todos los ingredientes para ser un lugar de cuento. 2700 años de historia dan para mucho y es normal que esta ciudad se convirtiera en una de las más importantes de toda Asia central.

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Ubicada en el valle de Zarafshan, es actualmente la segunda ciudad más grande de Uzbekistán, por detrás de la capital Taskent, y conserva auténticos tesoros de sus épocas más gloriosas, al mismo tiempo que es testigo vivo de la histórica Ruta de la Seda, de la que era uno de los centros más importantes.

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Patrimonio de la Humanidad desde 2001, esta encrucijada de caminos entre oriente y occidente, que se convirtió en el crisol de las diferentes culturas que poblaron sus calles, ha sido tradicionalmente considerada una de las ciudades protagonistas de la famosa recopilación de cuentos de Las mil y una noches.

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Y no es de extrañar, pues esta maravillosa ciudad de cúpulas azules, desde la que se difundió el secreto de la fabricación del papel, es realmente un lugar que pareciera haber sido sacado de los más antiguos y fantásticos relatos. 

Los tesoros de Samarcanda

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Registán, que en persa significa «lugar de arena» debido al estado primigenio de este espacio, es el antiguo corazón de la ciudad medieval, un auténtico paraíso arquitectónico representado por una plaza flanqueada por las espectaculares madrasas de Ulugh Beg, Sherdar y Tilla-Kari, que forman un conjunto de enorme belleza. 

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Es el centro neurálgico de los tesoros que guarda Samarcanda, que fue capital de uno de los imperios más grandes de toda Asia bajo el mandato de Tamerlán, entre los siglos XIV y XV, quien ordenó construir precisamente uno de los edificios más emblemáticos y mejor conservados de la ciudad, el Mausoleo Gur-e-Amir.

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Gur-e-Amir, que significa «Tumba del Rey», nos indica que allí está enterrado el conquistador, cuyo epitafio «Si yo me levantase de mi tumba, el mundo entero temblaría» está cargado de leyenda; no obstante, el 22 de junio de 1941, el mismo día en que el arqueólogo Mijail Gerasimov exhumaba su cadáver, Hitler invadía Rusia.

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Al margen de la leyenda, este magnífico mausoleo es un edificio sublime cuya belleza sirvió de modelo para el Taj Mahal.

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Otro de los monumentos más destacados de Samarcanda es la Mezquita Bibi Khanum, que a pesar de haber sido parcialmente destruida por un terremoto en 1897, ha podido ser rehabilitada y aún deslumbra por su grandiosidad. También fruto de los deseos del emperador Tamerlán, sus cúpulas de azul turquesa y sus azulejos son realmente espléndidos, así como su gigantesca puerta.

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Una mezquita en cuya construcción participaron los mejores artesanos del imperio y que arrastra la leyenda de una de las supuestas esposas del emperador – Bibi Khanum significa «primera esposa» -, a quien el mito atribuye el precepto de levantar esta magnífica construcción.

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El último de los «imprescindibles» de Samarcanda es la Necrópolis Shah-i-Zinda, la mayor de Uzbekistán. Todo un complejo de edificios que proceden de una gran cantidad de siglos y que constituyen una serie de hermosos mausoleos; según la leyenda, en este lugar está enterrado uno de los primos del profeta Mahoma, quien en el siglo VII fue decapitado sin éxito, pues no sólo no pereció sino que sostuvo su cabeza en una mano tras la ejecución. 

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Todos ellos son el mejor legado de una ciudad histórica que produce verdadera fascinación, tanto por su belleza como por su rica historia de cuento; un legado en el que se reserva una pequeña parte a la ciudad de Madrid, ya que uno de los barrios de Samarcanda toma el nombre de la capital española, en honor al primer embajador europeo en Asia, Ruy González de Clavijo, madrileño de nacimiento, quien fue enviado por Enrique III a principios del siglo XV para crear alianzas con Tamerlán.