Saint David's, la ciudad más pequeña (y misteriosa en Navidad) del Reino Unido
Emplazada en Gales, dentro del parque nacional de Pembrokeshire, esta sencilla población vive entre curiosas leyendas y paisajes dramáticos.

Es el único parque nacional costero del Reino Unido, que encierra paisajes de postal navideña aderezados con miles de leyendas. Un lugar dibujado con acantilados abruptos, alocadas formaciones rocosas y pequeñas calas de arena protegidas por estuarios.

Hablamos de Pembrokeshire, la joya marina de Gales, emplazado en el suroeste de este pequeño país con 1.400 kilómetros de litoral. Un rincón protegido donde, a lo largo de 60.000 hectáreas, se esconde todo un catálogo de maravillas geológicas en el que no sólo se pueden emprender eternas caminatas sino también entregarse a los deportes activos bajo un decorado de tierra, cielo y océano.
Diminuta, pero majestuosa
Hasta aquí, el escenario, compuesto enteramente por paisajes marítimos salvajes. Es donde se encuentra la ciudad que nos ocupa, en un pliegue del noroeste del parque, cerca de la hermosa bahía de Whitesand. Se llama Saint David’s y, con sus 1.600 habitantes, está considerada la ciudad más pequeña del territorio británico.

Saint David’s, que también es la única ciudad del país ubicada en el interior de un parque nacional, se asemeja, más que a una urbe, a un pequeño pueblo costero flanqueado de pubs, casas de té y casitas al más puro estilo inglés. Un lugar envuelto en niebla en el que el tiempo parece detenido en la amable vida rural.
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Pero en medio de semejante sencillez, y en pleno corazón de la ciudad, sorprende una majestuosa catedral anglicana de estilo gótico con más de 15 siglos de historia. Ahí donde se la ve, es el lugar más sagrado de Gales y uno de los centros de peregrinación más codiciados del Reino Unido. Tanto, que hasta el papa Calixto II afirmó que una peregrinación a St David’s valía como dos a Roma o incluso tres a Jerusalén.
La leyenda del diablo
Más allá de su apacible belleza, hay una leyenda que pesa sobre esta ciudad. Cuentan que el mismo diablo se atrevió una vez a visitarla, no se sabe con qué intención. El caso es que trató de invadir la catedral y se encontró con la resistencia del patrón del país, que emprendió una lucha encarnizada para proteger el templo.

Una lucha que tuvo lugar en los tejados, de donde, al fin, el diablo pudo caer empujado por su contrincante. Es entonces cuando dio a parar con una de las lápidas del cementerio, dejando sus huellas en la piedra. Hoy, todo el que visita este lugar, debe comprobar si sus pies encajan con tales pisadas, puesto que, de ser así, se tiene una herencia diabólica.
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Una isla todavía más pequeña
Aunque St David’s ostenta el honor de la pequeñez, hay que saber que sus habitantes son toda una multitud, no obstante, si se compara con la isla que emerge a unas pocas millas justo enfrente de su costa. Se llama Ramsey Island (en galés, Ynys Dewi) y apenas tiene un par de kilómetros de longitud, que exhiben un impactante paisaje virgen.
Con acantilados que se elevan hasta 120 metros, aquí la población permanente tan solo consta de dos personas: el guarda que la vigila junto con su esposa. Eso sí, ambos conviven con la mayor colonia de focas grises del sur de Gran Bretaña y con un pequeño rebaño de ovejas de montaña galesas con las que practican el pastoreo.
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