¿Sabías que en Segovia hay pueblos amarillos, rojos y negros?
Descubre la Ruta del Color y déjate sorprender por su encanto

Villacorta, Segovia / Juan-Enrique
La provincia de Segovia no deja de enamorarnos. Diversa y sorprendente desde su capital de provincia hasta el último de sus pueblos, cuenta con un encanto especial que hace que se haya convertido en un destino habitual para las escapadas.
Nos fijamos en esta ocasión en el medio rural, donde una serie de pequeñas localidades, casi deshabitadas, forman la sugerente Ruta del Color, en la que el amarillo, el rojo y el negro invaden nuestras miradas.
A un paso de Madrid
En la confluencia de las regiones de Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León, la Sierra de Ayllón configura el extremo oriental del Sistema Central, una de las grandes cadenas montañosas de la península ibérica. Frente a ella, en sus estribaciones y formando parte de Castilla y León, nos encontramos con las Tierras de Riaza, una comarca prácticamente despoblada con la excepción de su cabecera, la propia localidad de Riaza, que supera ligeramente los dos mil habitantes.

Tierras de Riaza / Alberto Carrera / ISTOCK
Allí, en un relieve marcado por la transición entre la sierra y la meseta, se asientan una serie de pueblos en claro declive demográfico pero con un encanto especial que refleja fielmente la gran diversidad geológica de la zona. Se trata de pedanías del municipio de Riaza que, unidas bajo el eje vertebral de la carretera SG-V-1111, se suceden a uno y otro lado mostrándonos la belleza de estos entornos rurales que oscilan en altitud por encima de los mil metros.

Tierras de Riaza / ARUIZHU / ISTOCK
Un total de ocho poblaciones que se unifican bajo el lema de la «Ruta del color», marcada por las diferentes áreas de materiales que van desde las areniscas ferruginosas a las cuarcitas, pasando por las pizarras, creando un pequeño universo de color a través de la vistosa arquitectura tradicional de estos pueblos.
Una ruta de color y patrimonio rural
Partimos hacia el noreste de Riaza avanzando por la carretera vecinal SG-V-1111 en busca de pueblos que son auténticas reliquias del patrimonio rural. La acuciante despoblación de este sector – ninguna de las pedanías supera los 30 habitantes – representa un problema evidente tanto para mantener vivas estas aldeas como para la preservación de un patrimonio tradicional en riesgo de abandono. No obstante, los esfuerzos por la rehabilitación de muchas viviendas están haciendo posible la conservación de estos núcleos de población que son historia fundamental del estilo arquitectónico del norte de la Sierra de Ayllón.

Alquité / David Daguerro
La primera localidad con la que nos topamos es Alquité, que se enmarca dentro del área de los pueblos amarillos, caracterizados por la presencia mayoritaria de cuarcitas en sus construcciones – si bien están presentes otros materiales -. La antigua Alguité es un pequeño conjunto de casas dominadas en una elevación por la iglesia de San Pedro, un templo románico procedente de los primeros tiempos de los que se tiene constancia de esta población de toponimia árabe.

Alquité / Juan-Enrique / ISTOCK
Avanzando un poco más por la carretera llegamos hasta el desvío que nos conduce hasta la pedanía de Martín Muñoz de Ayllón, el otro núcleo representante de la arquitectura de los pueblos amarillos. Su proximidad a los relieves más prominentes de la sierra hace de ella un lugar de bellos paisajes montañosos como telón de fondo. Mientras, su caserío de tonos amarillentos entremezclados con el negro de las pizarras se muestra generoso ante nuestros ojos a pesar del reducido tamaño del enclave, del que pareciera escapar su iglesia parroquial, la de San Martín de Tours, situada en las proximidades. Recorrer el sendero de muretes que conduce al templo con la nave al fondo es un verdadero viaje al pasado.

Martín Muñoz de Ayllón / David Daguerro
Volvemos a la carretera principal y dejamos atrás las áreas arboladas para adentrarnos en un paisaje completamente diferente. En efecto, varios centenares de metros sobrepasando Alquité comienza la transición hacia los terrenos rojizos de sustrato arcilloso, donde se suceden los campos yermos y los campos de cultivo a ambos lados de la vía, especialmente en la parte izquierda de nuestro sentido.
Allí aparece, en primer lugar, Villacorta, otra pedanía de Riaza casi despoblada pero que enamora nada más llegar por la intensidad de los tonos rojizos que inundan todo a nuestro paso. Un colorido homogéneo particular de los materiales ferruginosos de los que se nutrían las antiguas ferrerías presentes en este lugar para la explotación del hierro. La iglesia de Santa Catalina, del siglo XVIII, es el edificio más destacado de la población junto con la ermita de San Roque – no hay que perderse, si se consigue acceder al templo, el magnífico artesonado mudéjar del interior de la iglesia -.

Villacorta / Juan-Enrique / ISTOCK
Casi cuatro kilómetros más adelante se encuentra Madriguera, un pueblo algo mayor que Villacorta donde el color rojo se intensifica aún más ante nuestra sorpresa. Sin duda una de las más bellas y mejor conservadas poblaciones de la zona, en la que son dignos de admirar algunos caserones con amplias balconadas de madera.

Madriguera / Sami Auvinen / ISTOCK
Desde Madriguera, y ya en terreno de los pueblos negros, dos vías asfaltadas parten hacia sendas poblaciones, las localidades de El Muyo y Serracín, pudiendo además alcanzar desde este último una tercera pedanía, la de Becerril. Localidades todas ellas dominadas por la pizarra en sus construcciones, que aún conservan en buen estado muchas estructuras tradicionales a pesar del abandono poblacional. Aquí, los montes colindantes nos recuerdan a través de su toponimia la riqueza minera de toda esta área, como el monte Pizarral y el monte Mingohierro.

El Muyo / Sami Auvinen / ISTOCK
Mención especial merece El Muyo, quizás el pueblo más representativo de esta arquitectura negra y un auténtico tesoro etnográfico en este sentido, en el que las losas negras de pizarra de algunas de sus calles nos evocan – aún con distinto color - el cinematográfico sendero de baldosas amarillas de El Mago de Oz.

Iglesia de la Virgen de Vallehermoso / Rowanwindwhistler
Volvemos a Madriguera para seguir avanzando hacia el último de los pueblos de la Ruta del Color segoviana: Negredo. Pese a su nombre, no debemos llevarnos a engaño, pues aquí la carretera nos ha devuelto con su desvío hacia la izquierda hasta los dominios de las tierras rojizas, si bien en esta área la intensidad de color disminuye considerablemente. Este hecho, unido a la mezcla con la pizarra en las construcciones de la población, y sumado al nombre de la pedanía, lleva a que en no pocas ocasiones lo confundamos e incluyamos en el grupo anterior.
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