Saba y Sarawak

Situada en la isla de Borneo, nombre que ha despertado y despierta sueños y fantasías en los viajeros de todos los tiempos.

Situada en la isla de Borneo, nombre que ha despertado y despierta sueños y fantasías en los viajeros de todos los tiempos, la parte oriental de Malasia está formada por los Estados de Saba y Sarawak, una cara de Asia fuera de los destinos estereotipados y una fresca alternativa o el complemento perfecto para conocer más a fondo este extraordinario país.
En medio de estas dos regiones se encuentra el sultanato de Brunei, mientras que el resto de la isla pertenece a Indonesia. Sarawak, palabra que en malayo significa "te lo regalo", y que efectivamente fue lo que hizo el sultán de Brunei al cedérsela al aventurero británico James Brooke como contrapartida por pacificar una de sus provincias, es el Estado más grande de Malasia y, sin duda, el más exótico. Lugar de historia, misterio y aventura, su selva húmeda -del tamaño de un país como Austria- encierra uno de los ecosistemas más ricos y diversos del mundo, un bosque en el que una sola hectárea puede contener más variedad de árboles que toda Norteamérica, hogar de la raflesia, la flor más grande del planeta, y de muchas otras curiosas criaturas: ardillas y serpientes voladoras, ciervos del tamaño de gatos, plantas carnívoras, mariposas grandes como pájaros y aves tan pequeñas como mariposas, cerdos barbudos que chapotean en los ríos y trepan a los árboles en busca de comida, arañas gigantes que habitan el dosel y se alimentan de pájaros... En fin, un increíble lugar en el que gran número de plantas e insectos aún no han sido catalogados.
En este territorio coexisten 27 grupos étnicos con diferentes lenguas y culturas, pero con un mismo y fuerte sentido de la identidad. Los bidayuh, que sorprendieron a los primeros occidentales por su amable hospitalidad; los melanan, pescadores de las tierras centrales; los penan, guardianes del bosque; los ibanes, antaño aguerridos cortadores de cabezas y hoy pacíficos campesinos, y una multitud de pequeñas tribus que colectivamente se denominan orang ulu. Sarawak es tierra de aventura. Su espectacular geografía ofrece retos de todo tipo, como expediciones por la selva, recorridos por oscuras y húmedas cuevas, paseos en bicicleta por intrincadas rutas, buceo en solitarias y limpias aguas, navegación por impetuosos ríos o perezosos meandros, escalada de acantilados y montañas... La oferta resulta amplia y en las principales ciudades existen agencias especializadas que diseñarán un plan a la carta a cualquiera que lo requiera. Una de estas ciudades que destaca por su refinamiento y belleza es Kuching, la capital del Estado. Ordenada y verde, posee unos cuidados parques, solemnes edificios históricos, numerosos museos y unos bulliciosos mercados. Constituye el punto de partida ideal para explorar el resto del Estado y visitar singulares rincones como la reserva de orangutanes de Semenggoh, a 20 kilómetros de Kuching, un centro de rehabilitación con una superficie de 740 hectáreas donde animales heridos o crías confiscadas a los lugareños, que las adoptan ilegalmente como mascotas, son adiestrados para que puedan volver a vivir en libertad con plenas garantías.
La urbe de Kuching también es el lugar indicado desde donde volar hacia la vecina región de Saba, conocida como la tierra bajo el viento, sorprendente por la diversidad de razas e incontables lenguas, dialectos y subdialectos que poseen sus casi dos millones y medio de habitantes y que hacen de este lugar uno de los más tolerantes y plurales del país.
Esta multiplicidad étnica y religiosa se hace visible por todas partes al contemplar el interminable número de edificios religiosos, mezquitas, iglesias, templos budistas, taoistas, sikh e hindúes que salpican su territorio. Kota Kinabalu -KK, como se la conoce habitualmente-, la vibrante capital de la región, dispone de una moderna infraestructura y es la puerta de entrada al resto del Estado.
Pero Saba, más que por sus ciudades o pueblos, es hoy célebre por sus extraordinarios atractivos naturales, idílicas playas donde relajarse, cercanos arrecifes de coral que explorar, una inmensa selva llena de vida en la que, entre otras maravillas, se encuentra el Monte Kinabalu (4.095 metros), el más alto de Malasia, de fácil ascensión y rodeado de exuberante vegetación tropical, las cuevas de Gomantong, famosas por ser lugar de anidación de innumerables vencejos, cuyos huevos son considerados una delicia culinaria, y el mundialmente conocido centro de rehabilitación de orangutanes de Sepilok.

El orangután, "un hombre que guardaba silencio por miedo a que le obligaran a trabajar"

Hace mucho tiempo llegaron noticias al mundo occidental de una misteriosa bestia gigante, mitad humana mitad simio, que vagaba por la selva de Borneo. Los nativos creían que tenía la facultad de hablar, pero que guardaba silencio por miedo a que le obligaran a trabajar. El orangután, que en malayo significa "hombre de la selva", es un ser inteligente, tímido y tierno, cuyo único enemigo, el hombre, le lleva hacia la extinción comerciando con sus crías y talando los bosques donde habitan. El orangután sólo se encuentra en las selvas de Borneo y Sumatra y hoy sobreviven menos de 25.000 en libertad.
En el Borneo malayo, el gobierno de Saba ha establecido un santuario para simios huérfanos en el límite de la Reserva Forestal de Sepilok. Fundado en 1964, su función es la reinserción de estos animales en la naturaleza. Anualmente reciben entre 20 y 35 jóvenes orangutanes, que permanecen en cuarentena durante seis meses y, tras recibir el certificado de salud, se les da el alta y son conducidos a un área especial donde practican sus habilidades en el ejercicio de trepar. Los jóvenes simios necesitan ser animados constantemente ya que en la naturaleza aprenden de sus madres, pero ahora es responsabilidad del centro enseñarles a sobrevivir. Cuando han adquirido confianza son trasladados a una zona llamada Estación A, un lugar a medio camino entre el mundo del hombre y la naturaleza donde se readaptan a la vida en la selva.
Concienciar al pueblo de Borneo sobre la situación de los orangutanes es una de las prioridades del centro, que permite visitas diarias a las horas en que son alimentados los simios. Su menú (leche y plátanos) es una comida monótona para animar a los orangutanes a procurársela por sí mismos. Cuando muestren su independencia serán llevados a la Estación B, la etapa final de su reinserción en la naturaleza.