Rutas de otoño por las sierras de Cazorla, Segura y las Villas

Es el Parque Natural más grande de España y el segundo de Europa. Una isla de vida salvaje, rodeada por océanos de olivos plateados. Entrado el otoño, lejano ya el guirigay de veraneantes, las sierras parecen despertar con el trajín de los olivareros y la obstinada fidelidad de los montañistas.

Cazorla.
Cazorla.

Podría parecer un ángulo muerto, fronterizo entre Levante, la Meseta y Andalucía. Es, en efecto, tierra de frontera. Así lo confirman incontables castillos apostados en cimas estratégicas. Pero no es un espacio muerto; al contrario, rebosa vida: ciervos, corzos, gamos, cabras hispánicas, muflones, linces o jabalíes bullen por escondites fragosos. Una asombrosa variedad de paisajes y microclimas acoge no sólo a una fauna y flora exuberantes, también la rutina campesina tiene su acomodo. Entre picos y crestas habituados a la nieve nacen ríos y se despeñan arroyos, que llegan a formar lagunas secretas y un lago de serenidad alpina. En las lomas menos bravas, ejércitos de olivos acorazan pueblos montaraces, blancos, ensimismados.

Se necesitan días para explorar un territorio cuya magia parece consistir en la continua metamorfosis. En primavera y verano, senderistas, mochileros y cam- pistas colapsan la única vía que vertebra el parque (A-319). Aquello, sin embargo, está cambiando. Sigue habiendo numerosos campings junto a la carretera, pero cada vez son más los hoteles rurales, las cortijadas reconvertidas, incluso algún atisbo de poblado o urbanización con restaurantes, tiendas y todo tipo de servicios, incluidos spas (los hay en La Iruela o en el núcleo naciente de Arroyo Frío).

Con el otoño parece recobrar su pulso más apasionado. Antes era aquello una reserva nacional cinegética, pero al convertirse en parque natural sólo se caza con cámaras o prismáticos. Por otro lado, es el tiempo fuerte de las labores del olivar, que galvaniza a los pueblos, consagrados casi por entero a este monocultivo. Aceituneros altivos tienen que apresar en sus mallas la aceituna, llevarla a las almazaras y molturarla en la misma peonada, sin dar tiempo a que se atroje o magulle. Tractores y peones salen casi de noche al tajo, y sólo de noche regresan. Eso, donde es posible entrar con las máquinas.

Porque hay predios donde hay que hacerlo todo a mano, y a pie, con la sola ayuda de capazos y mulos. En esos terrenos intrincados es donde crece la aristocracia del aceite. Dos denominaciones de origen protegen y vigilan la calidad del jugo serrano: D.O. Sierra de Cazorla y D.O. Sierra de Segura. En el ámbito de esta última, en Génave, se apostó hace una década por el cultivo ecológico, como experimento; hoy día son más de 250 las hectáreas dedicadas a un oro líquido ("Oro de Génave") que se exporta a Japón, Estados Unidos o Alemania.

La otra gran pata que sustenta a la zona es la afición deportiva y el amor a la naturaleza. Un segmento turístico pujante, que tiene en Cazorla su mejor mostrador de ventas. Numerosas empresas de ocio organizan excursiones y actividades. Repartidos por el parque hay varios centros de interpretación de la naturaleza y puntos de información; el más pertrechado es la Torre del Vinagre, recientemente renovado y ampliado, didáctico y pensado también para los peques. Cerca queda otro centro de interpretación fluvial del río Borosa (que. al igual que el Guadalquivir y el Segura. nace en el parque), y hay otros puntos o museos en Siles (oficios del bosque) y en la propia Cazorla.

Mosaicos y fortines romanos

Cazorla es, a pesar de su menguada población (8.500 vecinos), la villa más importante de la zona, con pedigrí histórico y literario, y desde luego la más pintoresca. Bajo un telón de fondo de picachos, a horcajadas sobre un aprendiz de río llamado Cerezuelo, las casas blancas se remansan como espuma a los pies del castillo de la Yedra, fortín de origen romano, luego atalaya islámica, luego trinchera cristiana; ahora alberga un museo sobre artes y costumbres del Alto Guadalquivir.

La plaza de Santa María, sin más alhajas que las ruinas de una iglesia y una fuente renacentistas, es una de las más hermosas del país, donde el ruido invisible del agua adopta la consistencia de una arquitectura. Y es que el Cerezuelo es chico, escandaloso y travieso: en abril de 1694, tras unas lluvias torrenciales, creció y arrasó el templo diseñado por Vandelvira, llevándose retablos e imágenes; en la Guerra de la Independencia remataron con fuego y pólvora la faena.

La Iruela, pegada a Cazorla, parece una réplica en miniatura de esa misma estampa romántica, burilada con peñas húmedas y verduscas coronadas por los raigones de otra fortaleza musulmana, que esconde en sus tripas evidencias de origen romano. Los romanos anduvieron por estos pagos, como se ve, y dejaron en la cercana Bruñel (entre Cazorla y Quesada) unos mosaicos del siglo II. Algo más al sur, a las afueras de Peal de Becerro, puede verse una cámara sepulcral de época prerromana e influencias orientales.

De Cazorla a Segura de la Sierra, al otro extremo del parque, hay que echarle sus buenas dos horas en coche, o más si ya han madurado los turistas de temporada. Tras pasar por la Torre del Vinagre y luego el Mirador Rodríguez de la Fuente, a remojo sobre el pantano de El Tranco, la épica del paisaje se atempera, y los montes se tachonan de olivares.

Allí aparece, como una visión, el pueblo de Hornos, aupado sobre un pedestal rocoso, en torno a uno de los muchos castillos que marcaban la frontera entre cristianos y musulmanes. Las callejas de Hornos conservan sabor morisco y desde el Mirador del Aguilón, junto a la pequeña iglesia gótica, se tiene la sensación de navegar sobre una proa de granito.

Territorio de frontera

También la localidad de Segura de la Sierra, vista de lejos, parece inexpugnable. Su castillo roquero, vigilando leguas a la redonda, fue avanzadilla de frontera; le ha sido devuelta su condición, en cierto modo, al convertirse en el centro de interpretación "Territorio de Frontera".

En él fue Comendador (o encargado de una Encomienda de la Orden de Santiago) don Rodrigo Manrique, padre del poeta Jorge Manrique -autor de las célebres Coplas por la muerte de su padre-. Pero don Rodrigo no murió aquí, sino en la villa de Ocaña, cerca del monasterio de Uclés, donde padre e hijo fueron enterrados. Eran gente rica, así que tenían casas por todas partes; en Segura y en Siles, pero también en Santa María del Campo Rus, donde murió el poeta, tras ser herido junto al castillo de Garcimuñoz; las andanzas por tierras castellanas han animado a los castellano-manchegos a establecer como propia una ruta literaria del andaluz Jorge Manrique (¿pero quién era entonces andaluz, los castellanos Manriques o los moros que allí vivían?).

El castillo, dinamitado en la guerra napoleónica, fue salvajemente restaurado en los 60; su conversión en centro de interpretación le ha devuelto en parte su dignidad. No es lo único que ver; abajo hay un Baño moro junto a una de las puertas de la villa, la casa natal de Jorge Manrique, el Ayuntamiento renacentista junto a la Puerta Nueva, una fuente de Carlos V y un par de iglesias geminadas.

Los ecos literarios no se agotan en Segura de la Sierra; la cercana villa de Beas vio de cerca las andanzas de dos grandes místicos y escritores, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Por ello se ha creado un Centro de Interpretación que entrelaza la crónica local, la etnografía y la mística. Una de las salas está dedicada a las Moradas de Santa Teresa, que la propia Doctora explica a modo de castillo interior; tiene uno que venir tan lejos, hasta este territorio de frontera que está plagado de castillos y atalayas, para advertir que los límites que importan no están fuera, por los cerros, sino dentro de uno mismo.

DIEZ LUGARES DE LAS SIERRAS QUE HAY QUE VISITAR

Cazorla: conjunto monumental (castillo de la Yedra y castillo de las Cinco Esquinas, Ayuntamiento -ex convento de la Merced-, ruinas de Santa María y fuente de Carlos V, iglesias de San Francisco y San José); Museo de Artes y Costumbres del Alto Guadalquivir (Camino del Ángel, s/n. 8 a 21 horas; domingos, 8 a 15 horas).

La Iruela: castillo y ruinas del anfiteatro romano e iglesia de Santo Domingo, todos los días de 9 a 14 y de 16 a 18 horas.

Bruñel: mosaicos romanos en el cortijo Plaza de Armas (carretera de Cazorla a Quesada), solicitar llave en Inspección de Policía. Plaza Constitución, 1.

Peal de Becerro: cámara sepulcral de Toya (ctra. de Peal de Becerro a Toya, km. 5,5), solicitar llave en Inspección de Policía. Plaza Ayuntamiento, 1.

Torre del Vinagre: centro de interpretación del Parque, entrada gratuita.

Pantano de El Tranco, desde el Mirador Rodríguez de la Fuente.

Hornos: castillo, iglesia siglo XV, puerta de la Villa, miradores del Aguilón y de la Puerta Nueva, barrio morisco del Parchel y Casa Tercia.

Segura de la Sierra: existe un Bono turístico para visitar conjuntamente el castillo y el centro temático, baños árabes y casco histórico; precio: 5 €; sólo castillo: 3 €. Martes a domingo, 11 a 14 y 15 a 20 horas. Información: 902 430 418 y 648 186 004.

Beas de Segura: Centro de interpretación. Información: 902 430 418. Entrada: 3 €.

Siles: Espacio temático "Oficios del Bosque". 902 430 418; entrada: 3 €.

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