Ruta por Zamora

Fernando Sánchez Alonso

En los antiguos romances, a Zamora la bautizaron con un epíteto que resumía su principal seña de identidad: La Fortaleza. Zamora, repetían épicamente los poetas en sus octosílabos medievales, era "la bien cercada". Corrían los tiempos en que Doña Urraca se apresuró a defenderla de la codicia de su hermano Sancho II. Los tiempos de la traición de Bellido Dolfos. Los tiempos del Cid y de los moros. Desde entonces, Zamora perpetúa aquel viejo atributo de reciedumbre que se manifiesta en sus murallas y en su castillo, en sus fríos invernales y en sus iglesias románicas, en sus ascéticos cielos de verano o en su aire purísimo y como recién hecho.