Ruta entre momias por la estepa aragonesa

Un recorrido impactante bajo la mirada de Francisco de Goya

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: aluxum / ISTOCK

Una extensa franja que va de este a oeste del territorio aragonés lo ocupa la estepa, con la salvedad de diversas manchas, de diferentes tamaños, de otro tipo de áreas naturales. Este ecosistema, caracterizado por un relieve marcado por la planicie, de fuertes variaciones térmicas a lo largo del año, vegetación raquítica y duras condiciones de viento y precipitaciones, constituye, sin embargo, uno de los ecosistemas más singulares y de mayor valor, no sólo de la región de Aragón, sino de toda Europa, siendo además uno de los más antiguos del continente.

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En este contexto, donde el cierzo y el bochorno – dos tipos de viento de estas latitudes – hacen su acto de presencia para determinar el paisaje del valle del Ebro, no es de extrañar que un ambiente semiárido haya favorecido la creación de una orografía única que comienza a ser conocida poco a poco.

Un hallazgo en plena estepa

Es cierto que la estepa aragonesa ocupa un vasto espacio del territorio y que son muchas las áreas de un alto interés que podemos visitar, pero precisamente esa amplitud de horizontes nos obliga a circunscribir nuestra ruta a una escala asequible. Ya desde la capital, Zaragoza, el Camino de la Estepa – el CR41 -, que no es sino el antiguo trazado del camino que unía la gran urbe con la localidad de Torrecilla de Valmadrid, comenzamos a vislumbrar todo lo que nos puede ofrecer este ecosistema tan peculiar.

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Más al sur de aquella localidad pero a no mucha distancia, encontramos ya el primer punto de nuestra ruta: Fuendetodos. Esta población – seguramente una de las más populares de la comarca zaragozana de Campo de Belchite - es famosa por contar entre sus casas con la que vio nacer a Francisco de Goya, además de alojar el Museo del Grabado, que alberga muchas obras originales de esta índole del célebre artista. El Campo de Belchite nos acerca también al área que da nombre a la comarca, a unos escasos veinte kilómetros de Fuendetodos, donde nos aguardan dos núcleos que son fieles testigos de la historia de España.

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Por un lado, el Pueblo Viejo de Belchite, triste escenario de la Guerra Civil que, tras acabar en ruinas durante la contienda, fue conservado como una tétrica fotografía de ese episodio de la historia. El conjunto, cerrado al público en la actualidad para impedir el libre acceso – dada la peligrosidad y el riesgo de derrumbe de algunos edificios - puede ser, sin embargo, visitado durante el verano.

Junto a él, el nuevo Belchite, un pueblo creado tras aquel momento para reemplazar al anterior que, además, nos recuerda que seguimos encontrándonos bajo la influencia del paisaje estepario gracias al Centro de Interpretación de las Estepas del Valle del Ebro Adolfo Aragües, donde podremos aprender los aspectos fundamentales de este tipo de ecosistemas, abarcando tanto los existentes en Aragón como los del resto del mundo.

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Nos desplazamos desde Belchite hacia el nordeste donde nos espera, a una media hora en coche, la población de Quinto. Justo entre medias de ambas, no podemos dejar de lado el echar una vista hacia la Reserva Ornitológica de la balsa de El Planerón, cobijo de una parte de la fauna esteparia que habita toda esta zona.

Al llegar a Quinto – situada ya en la comarca de la Ribera Baja del Ebro -, lo primero que llama la atención de nuestras miradas es la figura de la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, conocida habitualmente como «el Piquete»; un magnífico ejemplo del mudéjar aragonés del siglo XV que está incluido dentro de conjunto de bienes de este estilo de la región que han sido reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Quinto.es

Dentro de la iglesia nos sorprende un hallazgo espectacular y único, el Museo de las Momias de Quinto, fruto de excavaciones relativamente recientes en la nave central de la iglesia que sacaron a la luz una serie de enterramientos fechados en diferentes siglos. Pero lo realmente extraordinario de estos enterramientos fue el acoger los cuerpos momificados - en muy buen estado de conservación - de hasta una quincena de personas. Momias que guardan aún sus ropajes casi intactos, dando aún si cabe una mayor impresión a quien lo visite. El clima semiárido frío de la localidad seguramente ayudó a preservar los cuerpos a lo largo del tiempo y poder regalarnos, así, un museo único en la península.

Momias de Quinto

En los límites del desierto de Los Monegros

Dejamos Quinto cruzando el curso del río Ebro hacia el sur, con el contraste del paisaje estepario y las vegas del margen del curso fluvial, hasta llegar a Velilla de Ebro, donde se sitúa el importante yacimiento romano de Lépida Celsa y el museo dedicado a exhibir los restos hallados en el mismo. 

A partir de aquí, abandonando el frescor de las aguas del río Ebro, nos sumergimos de lleno en un paisaje marcado por la aridez en dirección a una extensa área a caballo entre las comarcas de la Ribera Baja del Ebro y Los Monegros, para llegar al más amplio de los sistemas endorreicos de España y uno de los mayores de Europa, las Saladas de Sástago-Bujaraloz, un complejo de lagunas que, al secarse durante parte del año, dan lugar a extensas superficies salinas repletas de yesos, produciendo paisajes inusuales e increíbles que no esperaríamos encontrar aquí.

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Unas saladas que, junto con las de Chipriana, a poca distancia hacia el sur, en la otra margen del río Ebro, constituyen una zona acuática de relevancia internacional en cuanto a la conservación de los hábitats de las aves.

Acabamos nuestra andadura por la estepa aragonesa en el monumental Real Monasterio de Nuestra Señora de Rueda, el más importante ejemplo de la orden cisterciense de todo Aragón, situado en el municipio de Sástago. Convertido en la actualidad en hospedería, es uno de los puntos de mayor relevancia turística de la región y una visita obligada que nos otorgará todo el sosiego de un monasterio enclavado en la estepa aragonesa.

Turismo de Aragón