Ruta de museos por Zurich

Una ciudad pequeñita, limpia, ordenada en la que se pueden visitar sus calles medievales dando un agradable paseo.

Foto: Atlantide Phototravel/Corbis

Zurich es una de las ciudades que cuando la visitas te enamoras de ella. Comenzó siendo un poblado que se asentó en las orillas del río Limmat y por aquí han pasado culturas como la romana y la celta que han dejado sus pequeñas huellas, algunas incluso aún se conservan.

A lo largo de su historia ha ido recogiendo todo tipo de estilos arquitectónicos en sus edificios. A principios del siglo XX la capital suiza tuvo su importancia siendo la precursora de algunos movimientos vanguardistas como el dadaísmo.

Uno de los principales edificios de la ciudad es la Opernhausde Zurich. De estilo neobarroco se inauguró en 1891 como sustitución al Teatro Antiguo, que terminó quemado en un incendio. Los arquitectos Fellner y Helmer estuvieron a cargo de la construcción de Stadttheater, su nombre original. Como anécdota fue la primera opera en disponer de luz eléctrica.

Otro de los lugares más visitados de Zurich es Bahnofstrasse, su calle más industrial. Situada en el mismo lugar en el que se erigían las murallas de la ciudad, con el tiempo se ha convertido en una de las avenidas más importantes del mundo donde predominan las tiendas de lujo.

Pero si lo que deseas es ver obras pictóricas, la capital de Suiza es la cuna de los movimientos artísticos vanguardistas. Un ejemplo de ello es el Museo Haus Konstruktiv que ofrece entre sus paredes las tendencias internacionales del arte contemporáneo.

También destaca el Schweizerisches Landesmuseum, más conocido como Museo Nacional Suizo, que fue inaugurado en 1898 y construido por Gustav Gull. El edificio custodia la colección más importante de piezas históricas y culturales del país como las antiguas pinturas sobre vidrio del monasterio cisterciense de Lucerna.

Por último, como expresión arquitectónica vanguardista cabe destacar la Maisonde l''Homme, ahora el Museo Heidi Weber. La construcción de este proyecto es de Le Corbusier, aunque no lo pudo concluir ya que murió cinco años después del comienzo de la edificación. Fue entonces cuando Heidi Weber se encargó de la obra y la acabó dos años más tarde. Ahora el pabellón acoge exposiciones que sintetizan las artes plásticas y arquitectura en plena armonía.